Capítulo 1: Rutina (1)

Abril 14, 2008

Caravana en la Ronda Litoral de Barcelona camino a la autopista C-58. Llueve. Cientos, miles de coches y camiones se mueven lentamente bajo la lluvia. Los conductores se resignan a una nueva caravana para llegar a sus lugares de trabajo. Entre todos los coches hay uno donde un hombre de 32 años bosteza mientras espera que la larga fila de coches avance lentamente. Su nombre es Andrés.
El desánimo se refleja en su rostro. No le apetece en absoluto estar ahí. Son las 7:15 de la mañana. En la radio hacen las mismas bromas estúpidas que todos los días repiten. Los coches avanzan unos metros. Acelera sin ganas y el coche se cala. Vuelve a encenderlo y un coche ha ocupado su plaza desde el carril de la derecha. El conductor de atrás le envía un bocinazo de desaprobación.
¡Cómo desearía no tener que hacer ese camino! Únicamente anhela poder trabajar en el centro de Barcelona y no tener que desplazarse 36 kilómetros hasta la fábrica donde tiene que ir.
Por fin llega a la autopista, después de un sinfín de cruces de carreteras que salen de la ciudad por el llamado ‘Nudo de la Trinidad’. Ahora avanza más rápidamente pero al llegar a la primera salida y entrada de la autopista, correspondiente a Barberá del Vallés, vuelve a detenerse.Veinte kilómetros después, transcurrida media hora arrancando y frenando continuamente, a la altura de Sabadell, la autopista se despeja y puede avanzar más rápidamente. Ha sobrepasado el límite habitual de desplazamiento de los trabajadores de extrarradio.

Por fin llega a la salida que le corresponde, después de Terrassa y, al descender por el carril de salida de la autopista, vuelve a detenerse rodeado de camiones. Unos kilómetros más de lento avance y entra en el aparcamiento de la fábrica. Sortea el control de seguridad con la tarjeta magnética que le han asignado y se dirige a través de la línea de producción hasta la sala de administración e informática.

En la línea de producción, cientos de personas trabajan en silencio en el montaje de electrodomésticos. Están en una nave enorme por la que se mueven vehículos elevadores a una velocidad peligrosa por los pasillos designados, moviendo materiales en lo que parece una danza caótica.

Cada trabajador tiene una función específica, realizando movimientos idénticos una y otra vez, a la espera de la hora de salida.

Es un edificio gris en un día gris. Ningún tipo de luz natural entra por las ventanas cubiertas de persianas de la oficina. Andrés es de los primeros en llegar. Nadie corresponde a su saludo. Enciende el ordenador y mira el reloj. Las ocho de la mañana, nueve horas por delante y nada que hacer.

Al cabo de una hora de navegar sin rumbo por Internet llegan más compañeros. La mayoría no se molesta en saludarle. Dos llegan a la vez y le invitan a unirse a ellos para tomar un café. Son externos como él.

El sueño se refleja en sus rostros. Han llegado en tren sin gran conversación y cabeceando a ratos.

- Ya estamos aquí de nuevo. Hoy tengo mucho trabajo - comenta Miquel frente a un café y un Donut cubierto de una deliciosa capa de azúcar glasé -, tengo que configurar 20 pistolas lectoras de códigos de barras con el nuevo programa.

- Pues yo estoy acabando la modificación del programa que me pidieron, pero no parece importarle a nadie. - añade Guillermo.

- Ya sabéis como estoy yo. - comenta Andrés - Hace un mes y medio que estoy aquí y no tengo nada que hacer. Me enviaron aquí desde mi empresa con prisas y calendarios apretados, pero justo al llegar se fue Maite, la responsable de desarrollo, y con el lío que tienen los analistas para resolver los problemas urgentes, no son capaces de darme nada para que les ayude…

- Así funcionan las cosas aquí. Unos no paran y otros no tienen nada que hacer.

- Ahí llega Fermín, con cara de acabar de salir de la cama.

- Hola compis, necesito un café bien cargado. Hace veinte minutos estaba durmiendo todavía. He venido con la moto a tope por la autopista.

- Un día te van a poner una buena multa. A saber a cuánto ibas por el arcén. - Miquel reprende a su amigo sabiendo que le gusta la velocidad sobre su moto de 750cc.

- Ayer fui a la entrevista y fue bien, pero me ofrecen poco dinero. Todas las consultoras son iguales. Se creen que son las mejores y que estás deseando ir a trabajar con ellas por cuatro euros. - Fermín continúa, ignorando las advertencias de Miquel.

- Lo que sea con tal de salir de aquí. Yo llevo casi un año y estoy harto. ¡Tú que llevas dos años y medio tienes que estar desesperado! - comenta Miquel.

- Tampoco estoy tan mal aquí, me pagan dietas y el trabajo es tranquilo. Pero no aprendo nada desde hace dos años. Siempre es lo mismo y hago cosas con prisas que después no utiliza nadie. Demasiada burocracia como en todas las empresas grandes. - Responde Fermín.

- Bueno, vamos a trabajar.

De nuevo en su puesto, Andrés no tiene nada que hacer. Se conecta a Internet y abre su plan de empresa virtual que está preparando desde la web de Barcelona Activa [1]. Revisa lo que ha escrito hasta ahora y consulta sus notas, que guarda en la memoria USB de 2Gb que siempre lleva consigo.

El plan de empresa se titula ‘Parkings de bicicletas en Barcelona’. Le encantaría trabajar en Barcelona y poder ir al trabajo en bici. Odia tener que desplazarse fuera de la ciudad cuando mucha gente entra en ella para trabajar. No entiende cómo puede ser que le envíen fuera sistemáticamente cuando en la ciudad hay innumerables empresas que necesitan consultores informáticos.

Últimamente la bicicleta está en auge en Barcelona, con 40.000 usuarios habituales y un parque de 300.000 unidades. Le encantaría contribuir a aumentar el número de ciclistas habituales. Ha descubierto que el Ayuntamiento tiene planeado aumentar el número de carriles bici, pero que existe una gran inseguridad al dejar las bicis aparcadas en la calle. Hay muchos robos de bicicletas o partes de ellas y nadie hace nada por evitarlo.

Se le ha ocurrido crear varios parkings de bicicletas estratégicamente colocados cerca de estaciones importantes de metro y tren, así como en zonas de oficinas. Esto animaría a muchas personas a ir en bici hasta el trabajo dejándola en un lugar seguro.

Es otro de sus locos planes de empresa. Está deseando crear su propia empresa y poder dejar el mundo de la consultoría informática, pero todas las ideas que se le han ocurrido son un tanto excéntricas o ya se han llevado a cabo por empresas consolidadas.

Esta vez cree que ha encontrado una buena oportunidad, pero ha llegado a un punto en el plan de empresa en el que necesita saber la inversión necesaria para llevar a cabo su idea.

Ha contactado con fabricantes de soportes de bicicletas, dándose cuenta que no existen apenas en España y ha tenido que llegar hasta un fabricante alemán de Münster, ciudad volcada por completo a la bicicleta, para encontrar lo que necesita. Busca unos soportes de dos niveles, que le permitan aprovechar al máximo el espacio. La bicicleta de la parte superior se sube y baja fácilmente mediante una guía provista de una maneta para desplazarla.

En la ciudad de Münster, junto a la estación de tren, se encuentra el mayor parking de bicicletas del mundo, con 3.500 plazas. La gran utilización de este medio de transporte por parte de los ciudadanos y el soporte gubernamental para facilitar y promover su uso, ha permitido el desarrollo de empresas especializadas que, poco a poco, van exportando sus productos fuera de Alemania.

Los soportes le saldrían más caros de lo que pensaba, al tener que importarlos. En total, unos 250€ por plaza de bicicleta. No cree que pueda pedir demasiado por un alquiler mensual de plaza de parking de bicicleta, así que no queda claro cómo amortizar los soportes.

Entra en Google y consulta alquileres de locales en Barcelona. Hace unas llamadas y resulta que los precios son intocables. Esperaba poder alquilar algo decente por 800€ al mes y resulta que le piden 1.500, 3.000 y hasta 6.000 en zonas céntricas. Además, se ha topado con lo que considera ‘el timo del traspaso’. Para poder alquilar algo, hay que pagar una suma que se pierde al momento. 30.000€ los piden fácilmente. Se supone que un traspaso existe porque se van a aprovechar las instalaciones y los clientes del negocio anterior, pero Andrés no entiende cómo pueden cobrarlo cuando quieres hacer algo totalmente distinto. ¿Cómo va nadie a empezar un negocio con una pérdida de 30.000€ y un alquiler enorme? ¿Cuánto hay que vender de lo que sea para poder llegar al punto de equilibrio [2] y no perder dinero?

Por otro lado, no hace mucho que el Ayuntamiento de Barcelona ha inaugurado el llamado ‘Bicing‘. Se trata de un alquiler de bicicletas para traslados cortos por la ciudad con 100 estaciones de recogida/estacionamiento repartidas por toda la urbe. Al irrisorio precio de 24€ al año. Es una gran iniciativa y le alegra de que se ponga en marcha, pero ¿quién va a pagar 20€ al mes por guardar su bici en un único punto cuando por el mismo precio al año puede coger y dejar una bici en cualquier lugar de la ciudad?

De nuevo el desánimo recorre su cuerpo. Su esperanza, su ímpetu emprendedor se viene abajo. Habrá que buscar otra idea.

La jornada laboral llega a su fin. Sale el primero al no tener motivo para retrasar su partida. Poca gente se da cuenta de su marcha.

Ha llegado a la conclusión que es mejor entrar a las 8 para poder salir a las 17:00 y así evitar el tráfico de vuelta. Esto no quiere decir que tarde poco en hacer el camino de regreso. Le queda casi una hora de viaje.

Al llegar a casa no hay nadie, Ingrid no ha llegado todavía del trabajo. Se dedica a recoger un poco y empieza a preparar la cena. Le gusta cocinar, pero con tiempo. Cuando hay que preparar algo rápido no disfruta, simplemente lo hace mecánicamente.

Cuando llega Ingrid la cena está casi preparada. El aroma de los filetes de dorada al horno con tomates cherry y aceitunas negras, le acaricia al entrar por la puerta.

- ¡Qué bien huele! ¿Qué tal el día?

- Sigo igual de aburrido. ¿Tú que tal?

- Todo lo contrario. No he parado en todo el día. Hemos tenido problemas con las transacciones bancarias y han estado a punto de rodar cabezas.

- Vaya, ¿al final se ha aclarado todo?

- Sí, después de mucho trabajo.

- Creo que tendré que abandonar la idea de los parkings de bicicletas.

- ¿A sí?

- Los costes se disparan y el ‘Bicing’ es una gran competencia.

- Qué pena. ¿Hay algo por la tele esta noche?

Andrés sabe que nunca le ha hecho mucha gracia a su mujer su loca idea de los parkings de bicicletas. Dice que le apoya, pero en verdad le parece una locura.

Al día siguiente vuelve a sonar el despertador a las 6:20 y vuelve a empezar el ciclo. Todo el mundo le dice que podría ducharse por la noche y dormir un poco más, pero Andrés necesita casi una hora para poder despertarse y la mejor manera es empezar el día con una buena ducha, por muy pronto que sea.

Aprovechando las horas perdidas en el trabajo, Andrés va consultando la web de Infojobs tratando de buscar una empresa final, que no se dedique a la consultoría, donde poder trabajar sin ir cambiando de lugar de trabajo cada pocos meses. Está cansado de ser un recurso. Se siente como una impresora a la que van moviendo de sitio según las necesidades de los clientes. El trato que recibe en todas partes es frío y distante. Suelen buscarle un rincón donde trabajar sin preocuparse mucho por sus necesidades o comodidad. Recuerda como en un importante laboratorio farmacéutico de Barcelona lo instalaron en una minúscula sala a la que se llegaba por un intrincado laberinto de pasillos y donde no había ningún tipo de ventilación ni luz natural. Además, había alguna máquina en una sala cercana que cada cierto tiempo provocaba una fuerte sacudida que hacía temblar la sala entera.

Le gustaría trabajar directamente para un cliente, sentirse parte del equipo. El problema es el maldito outsorcing. La moda de eliminar o reducir al mínimo los departamentos de informática y contratar a consultoras que cubran los puestos con carne de informático. Ha caído en la red del llamado bodyshopping. El nombre todo lo dice: venta de personas para cubrir las carencias de la empresa. En realidad, más que venta, es alquiler. Quizás debería llamarse bodyrent. En cuanto el cliente cree que ya no necesita al consultor, o se acaba el presupuesto, prescinde de él de un día para otro.

Las consultoras informáticas no son más que las intermediarias entre las empresas y los informáticos. Buscan clientes donde colocar a su personal y se llevan la mayor parte de la recaudación, pagando lo menos posible al empleado para tener un gran margen. Por un consultor informático se pueden cobrar fácilmente 6.000€ mensuales. Obviamente, el sueldo del consultor es muy inferior a esta cifra. Todo el resto son beneficios para la consultora tras descontar los gastos de la organización y de los gerentes o comerciales que buscan clientes.

Es importante no tener a nadie parado, para que no se convierta en un gasto en vez de ser fuente de ingresos. Por lo tanto, suele ocurrir que, en cuanto un informático sale de un proyecto, lo envían rápidamente al primer puesto vacante que surge, sin tener en cuenta sus preferencias.

Andrés no encuentra ofertas de empresas finales en su rama de informática. Aunque los ajenos a este mundo creen que un informático sabe hacer de todo con cualquier cosa que tenga una pantalla o un enchufe, existe una gran especialización en entornos y lenguajes de programación.

Esa es otra cosa que no le gusta del mundo de la consultoría. No le permiten especializarse. En cada proyecto lo venden como experto en un lenguaje que apenas ha tocado. Esto no le permite ir mejorando en algo concreto, sino que le obliga a ir saltando obstáculos para poder pasar el día a día.

Finalmente, debido al desánimo tras cinco años sin subidas salariales, ni tan solo del IPC, y al no encontrar nada en empresas finales, decide hacer alguna entrevista en otras consultoras. Si tiene que ser un mercenario, que sea al mejor precio.

Todas las entrevistas son parecidas. Le explican la filosofía de la empresa - dedicada al cliente, trabajo en equipo, gran formación, etcétera - y él informa de su experiencia en innumerables clientes y lenguajes de programación. Los entrevistadores suelen estar satisfechos con toda esta experiencia y creen que puede encajar en el equipo, pero al preguntar por las expectativas salariales, les parecen excesivas y hacen hincapié en el buen ambiente de trabajo y la gran formación que obtendrá. Andrés sabe cuando le están ‘vendiendo la moto’ como se suele decir. Quieren desviar su atención a promesas que se desvanecen en cuanto se firma el contrato para evitar la concesión del salario deseado.

Algunos no vuelven a llamarlo, otros le hacen una oferta mucho inferior y las rechaza. Para cambiar con poco beneficio prefiere quedarse donde está, con la antigüedad que ha conseguido.

También existen las entrevistas falsas. Su único propósito es obtener datos sobre empresas que han contratado algún servicio de una consultora y, a ser posible, el nombre del contacto. De esta manera, los comerciales van a esas empresas para presentar a la propia consultora y robarle el cliente a la otra.

La conclusión a la que llega Andrés es que todas las consultoras son iguales y sigue su trabajo con la vaga esperanza de encontrar ese cliente final que le permita realizarse profesionalmente, pero con la estabilidad que busca.

 


[1] Barcelona Activa es la oficina de promoción empresarial de Barcelona, para gente que quiere crear su propia empresa.

[2] El punto de equilibrio se alcanza al ganar lo suficiente para no tener pérdidas, sin llegar a tener beneficios.

 

 

3 comentarios a “Capítulo 1: Rutina (1)”

  1. anachevere dijo:

    Bueno, empecemos a marearte un poco. Otra lectora te ha dicho que tus frases son demasiado cortas y el texto queda algo brusco. Pues bien, yo no estoy de acuerdo. Cuando te pase esto, y te pasará, sólo puedes hacer dos cosas: preguntarte a ti mismo qué le cuadra más a tu historia y decidir, o hacer la prueba, reescribir el capítulo con frases más largas, comparar y decidir.

    Por lo demás te diré que un error muy frecuente en escritores primerizos es, precisamente, alargar las frases más de lo necesario. Está muy bien que un escritor domine las oraciones subordinadas, pero no es preciso que lo demuestre a cada momento. Tú no has caído en ese tic y eso me parece un punto a favor.

    A veces es estupendo escribir frases largas. Hay una novela titulada “Larva” que no tiene un solo punto en todo el primer capítulo, pero ésa es una opción arriesgada. Por norma general el lector te seguirá mejor si no abusas de ellas. Eso no significa que no puedas pedirle a tu lector un esfuerzo mental, pero si se lo exiges es bueno que haya una razón. Puede que te convenga que se asfixie en un laberinto de subordinadas porque el mundo es un caos y ese pasaje de tu novela habla de ello. Tal vez quieras que se demore en cada detalle de un paseo, o que se sumerja en la atmósfera de un bar: en ese momento no te interesará un lector apresurado. Otras veces desearás un lector nervioso, inquieto, intrigado, que salte de un suceso a otro porque tu texto le pica y no puede parar de rascarse. En ese momento las frases cortas, más cortas incluso que las que has escogidos, pueden ser tus aliadas.

    Yo no cambiaría tu estilo en este primer capítulo. Es claro, es limpio, se entiende. En ocasiones hasta lo simplificaría un poco más. “Los conductores se resignan a una nueva caravana para llegar a sus lugares de trabajo” bien podría ser “los conductores se resignan a una nueva caravana para llegar al trabajo”. Lo del lugar se sobreentiende. “Las mismas bromas estúpidas que todos los días repiten” pueden ser “las mismas bromas estúpidas de todos los días”. Tienes una imagen muy bella (las buenas imágenes son la sal de la literatura) que quedaría aún mejor con menos palabras. Me refiero a ésta: “Están en una nave enorme por la que se mueven vehículos elevadores a una velocidad peligrosa por los pasillos designados, moviendo materiales en lo que parece una danza caótica.” Los elevadores, el peligro y la danza caótica son tres ingredientes de primer orden. Con muy pocas palabras has descrito el almacén de un modo certero e inolvidable. No el almacén en sí, sino su atmósfera, que es lo que de verdad nos importa. Por aquí es por donde debes ir. Y, para mi gusto, “los pasillos designados” sobra. No creo que necesitemos saber que los elevadores se mueven por donde les toca, eso ya lo suponemos. Lo que nos importa es que sus movimientos son un caos controlado, y eso ya lo has dicho muy bien en dos palabras: “danza caótica”.

    Lo que te recomendaría en este primer capítulo, y eso sí me parece importante, es que decidas qué es necesario contar y qué no. Si Maite, la de desarrollo, va a aparecer más adelante, su nombre nos interesa, aunque no necesariamente debemos conocerlo aquí; si no es un personaje de tu novela, nos da igual cómo se llame. La monotonía del tráfico es un tema interesante, pero estoy segura de que eres capaz de hacernos comprender cuánto se aburre el protagonista en su coche sin que nosotros también nos aburramos leyéndolo. Que el coche arranque y se pare, arranque y se pare puede ayudar como recurso, pero no sé si precisamos conocer el nombre de cada salida de la autopista. Me gusta cómo cuentas lo de las entrevistas: “Todas las entrevistas son parecidas… Algunos no vuelven a llamarlo… También existen entrevistas falsas…”. Ahí das información relevante sobre la situación laboral del prota y cómo se siente. Pero sospecho, aunque no he seguido leyendo, que no todos y cada uno de los detalles que nos das de su proyecto son relevantes para nosotros. Es imprescindible que tú los conozcas, pero no que nos lo cuentes todo. Opino que deberías elegir.

    Te voy a dar dos ejemplos de lo que te cuento, y con esto termino el rollo macabeo con el que te estoy martirizando.

    Ernest Hemingway y la teoría del iceberg: Hemingway sabía sobre sus personajes muchísimo más de lo que nos cuenta a sus lectores. Por eso sus protagonistas son tan creíbles: percibimos que todo lo que hacen y dicen les cuadra a la perfección, aunque apenas los conozcamos. Hemingway elegía con cuidado qué parte de la información era relevante para la historia. Cualquiera de sus cuentos sirve como ejemplo, uno de los más conocidos es éste: http://www.google.es/search?hl=es&q=hemingway+los+asesinos&meta=

    “Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy”, de Laurence Sterne: Este tipo, que era un cachondo mental, se propuso escribir una biografía en la que estuviera todo, absolutamente todo, lo que sabía sobre su protagonista. Tan literal y exacto quiere ser en su relato, que el protagonista no nace hasta el capítulo 4, porque los tres anteriores se han dedicado a su concepción, a la relación de sus padres entre sí e incluso a la vida privada de su comadrona. Sterne no llegó a terminar la novela, pero no importa, porque lo que pretendía era demostrarnos, en clave de humor, que es imposible contarlo todo en una novela. Hay que escoger la información. No he encontrado una traducción online pero merece la pena leerlo, sobre todo cuando a uno le gusta escribir :-)

    ¡Ánimo! Seguiré leyendo…

  2. anachevere dijo:

    Posdata: he empleado varios millones de veces el verbo contar. No me lo tengas en cuenta, es la clase de cosas que una detecta cuando relee ;-) Es algo que también te recomiendo: releer y reescribir los textos una y otra vez. Como no tienes prisa, un truco que te puede ser útil es dejar pasar semanas entre una revisión y otra. Tendrás más perspectiva.

  3. Ayuda con mi Libro dijo:

    No puedo ni imaginarme la sensación que debe sentir un escritor que ha publicado una novela de éxito, cuando mi ego se infla y la satisfacción llama a mi puerta, al indicarme que una de mis frases te parece interesante.
    No he podido evitar sonreír al leer tu comentario sobre el aburrimiento del protagonista y el del lector mientras lo describo. También me he visto obligado a releer esta parte para confirmar tus palabras. Mi pretensión al indicar los lugares por los que pasa el protagonista es la de situar geográficamente el recorrido que realiza y buscar la complicidad de quien conoce el camino. Aunque, como bien indicas, para un lector que no conozca esta carretera puede ser una información irrelevante.
    Muchas gracias por tus comentarios. Me han parecido muy constructivos y bien explicados. Me encantaría que siguieras leyendo y opinando sobre el resto de la novela si te apetece y si tus obligaciones te lo permiten.
    Gracias de nuevo.

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