Capítulo 1: Rutina (2)
Abril 14, 2008
Al cabo de dos meses, sigue haciendo el mismo camino hacia esa fábrica lejana, en compañía de otras sombras al volante de sus coches, formando una nueva caravana cada día. Incluso reconoce algunos coches que ve cada día a la misma hora. Como la mujer que viaja en su BMW Z3 rojo, o la furgoneta de la empresa de construcción ‘Katorce’. Se pregunta si ellos también se habrán fijado en el Citröen C4 gris Iceland con una pegatina con la famosa lengua de los Rolling Stones en la parte posterior, que él conduce cada día camino a su triste destino.
Todo sigue igual, excepto que lleva un mes y medio con trabajo. Por fin han ordenado un poco el caos provocado por la desaparición de una jefa que no sabía delegar y que dejó un gran vacío al irse después de 13 años en la empresa.
Andrés ha cogido con ganas el trabajo que le han encomendado y rápidamente se ha metido en el proyecto tomando las riendas de su parte. Se trata de un programa de control de la entrada de materiales a la fábrica mediante camiones y la salida de productos acabados, camino a su distribución comercial o almacenaje.
Con sus compañeros externos se lleva bien, hacen bromas y charlan durante las pausas. Incluso hay un par de analistas internos que se sienten más cercanos a ellos que a sus propios compañeros y que les acompañan en las comidas y desayunos.
Su plan de empresa ha quedado tristemente abandonado, pero siempre tiene en mente la búsqueda de una nueva idea que le dé esperanzas. No es la primera vez que sufre un desengaño. Dos años atrás, creó con gran esfuerzo una web donde poder compartir con todo el mundo las experiencias adquiridas en los viajes. A su pareja y a él les gusta viajar y pensó que en vez de tener una web personal con sus viajes, podía crear una para que todo el mundo pudiese escribir sus experiencias y mostrar sus mejores fotos. La llamó http://www.explicatuviaje.com/ y le añadió publicidad mediante TradeDoubler con la esperanza que se hiciese conocida y pudiese ganar dinero con ella. Dos años después, únicamente hay 33 viajes escritos, de los cuales, 15 son suyos. No es capaz ni de convencer a sus familiares y amigos de que colaboren, excepto alguna excepción. Por el momento mantiene la web activa, pero ya empieza a plantearse darla de baja. A los usuarios de Internet les gusta obtener información de todo tipo, pero son más reticentes a la hora de compartirla.
En el departamento de informática de la fábrica, han planificado unas pruebas importantes del proyecto en el que ha colaborado Andrés. Su jefe directo, un analista interno, cuenta con él para realizar el seguimiento y control de las pruebas. Deben integrar el nuevo programa con otros ya existentes y puede surgir algún problema que obligue a modificar el programa para su correcto funcionamiento.
A media mañana de un miércoles aparece Gustavo, el gerente de Andrés, que no se había molestado en visitarlo en tres meses ni para llevarle las nóminas. Después de pasar diez minutos reunido con el jefe del departamento de informática, sale y le pide a Andrés que hablen un momento en el pasillo. No le ofrece ni tomar algo en la cafetería de la fábrica.
Brevemente le comenta que el cliente está contento con su trabajo pero que se ha acabado el presupuesto disponible y que tienen que prescindir de él. El viernes siguiente será el último día y el lunes tendrá que ir a la oficina en espera de un nuevo destino.
Una mezcla entre alegría y pena embarga su ánimo. Estaba deseando dejar ese cliente para volver a Barcelona, y una temporada en la oficina sin cliente asignado es una buena perspectiva, pero estaba a punto de rematar el trabajo y le gustaría dejarlo perfecto. Le da la sensación que no ha servido de nada su esfuerzo.
No tarda en convencerse que es lo mejor y su ánimo mejora, aunque siempre queda la incertidumbre de dónde le querrán enviar en el próximo proyecto. Siempre puede ser peor…
A la hora de la comida, se dirigen al self-service de la fábrica y, una vez sentados en una de las largas mesas del comedor, con la bandeja repleta de comida ante ellos, Andrés les da la noticia a sus compañeros.
- Bueno, he hablado con mi jefe y el lunes ya no vengo.
- ¿Cómo es eso? – Pregunta Miquel
- Dicen que se ha acabado el presupuesto.
- Pero si empiezan las pruebas integrales la semana que viene. – Añade Guillermo.
- Pues parece que no les hace falta que esté aquí para hacerlas.
- Claro, y seremos nosotros los que tendremos que mirar durante horas algo que tu podrías resolver en un momento.
- Así van las cosas en esta empresa, dos meses parado sin hacer nada y cuando haces más falta, te echan. – Comenta uno de los analistas internos que los acompaña en la comida.
- Bueno, traerás unas pastitas para despedirte, ¿no? – Bromea Miquel.
- Sí hombre, si me fuese yo a otra empresa seguro que lo haría, pero si me han echado de aquí, ¿porqué voy a traer nada?
- Por fin podrás estar en Barcelona, ¿no? – Fermín conoce y comparte sus deseos de volver a trabajar en Barcelona.
- A ver si hay suerte y me paso al menos un par de semanas en la oficina sin proyecto. Así podría salir pronto y aprovechar para hacer cosas por Barcelona que desde que estoy aquí voy retrasando.
- Ya sé de qué hablas. Hace siglos que tengo que ir al banco y al dentista pero lo voy retrasando porque aquí estamos aislados y para hacer cualquier cosa en Barcelona pierdes toda la mañana.
Llega el viernes y Andrés sigue haciendo cambios para dejar lo mejor posible su legado. Se siente un poco estúpido al preocuparse de cómo deja el proyecto cuando han prescindido de él sin importarles como queda. Pero algo le impide dejar las cosas a medias, algo llamado profesionalidad, carente en otras personas.
A las cuatro de la tarde da por cerrados los cambios y las explicaciones a Guillermo, que se hará cargo de su parte del proyecto (o del marrón como ellos dicen). Ya está dispuesto para irse una hora después.
Se toma un último café con los compañeros externos y, al volver a su puesto, lo para un momento el jefe de informática que no había vuelto a hablar con él desde su incorporación.
- Hola Andrés, es tu último día, ¿verdad? Quiero decirte que todo el mundo está contento con tu trabajo y que incluso se había barajado la posibilidad de ofrecerte un puesto fijo. Pero ya sabes cómo va esta empresa, todo necesita aprobación de la cúpula directiva y cambian de idea constantemente. – Le comenta Ricard.
- Gracias por decírmelo.
- ¿Tienes asignado algún nuevo proyecto?
- De momento iré a la oficina a ver qué me cuentan, pero no suelo estar mucho tiempo parado.
- Tengo un amigo que trabaja en una empresa de alta tecnología y me comentó que necesita alguien de tu perfil. Te doy su tarjeta por si te interesa cambiar. Dile que llamas de mi parte. Pero por favor, no lo hables por aquí, no quiero generar malestar porque te lo digo a ti y no a otros.
- Muchas gracias por pensar en mi. Seguro que volveremos a vernos.
- Claro, el mundo de la informática no es tan grande. Que vaya bien.
Se despiden con un apretón de manos y Andrés vuelve a su puesto a recoger sus cosas. Con promesas de mantener el contacto por email, se despide de sus compañeros sabiendo que probablemente no volverá a verlos nunca más.
Cuando vuelve a casa, está contento por haber finalizado una etapa y a la expectativa de lo que le deparará el futuro.