Capítulo 1: Rutina (3)
Abril 15, 2008
El domingo Andrés va a comer con su mujer y unos amigos de ésta que han venido de Londres. Ingrid los conoce porque estuvo trabajando durante un año en Londres al acabar la carrera y ha mantenido el contacto con algunas de las amistades que hizo. Van al restaurante ‘Asador de Aranda‘, en la Avenida del Tibidabo, que se encuentra en una preciosa casa colonial y donde el plato principal es un delicioso cordero asado.
La conversación discurre en inglés y Andrés se siente un poco desplazado al no entender mucha cosa y no poder participar. No se puede decir que los idiomas sean su fuerte. Entiende bastante bien el inglés técnico cuando lee manuales informáticos, cuando le hablan ya tiene problemas, pero el gran Apocalipsis llega cuando tiene que construir una frase. Si tiene a alguien delante esperando su respuesta, se le queda la mente en blanco y acaba balbuceando algo ininteligible.
Todavía se ríen con Ingrid al recordar como en un viaje a Chipre, en un bar-mirador frente a la ciudad fantasma de Famagusta, Andrés se encargó de pedir unas bebidas y, al pedir un zumo de piña para Ingrid, el camarero le respondió que los prismáticos estaban arriba, en el mirador. O cuando en el avión de regreso quería tomar algo sin gas porque se sentía hinchado y, después de hablar con la azafata en inglés, acabó con un agua mineral con gas en sus manos y una mirada estúpida en su rostro.
El lunes, Andrés se dirige a la oficina de su empresa en moto. Es un gran alivio no tener que luchar con el tráfico de salida de Barcelona. Las oficinas están en la Vía Augusta, hacia la parte alta de la ciudad. No están cerca de casa, pero con la moto en un cuarto de hora llega de sobras. Al llegar, recorre la oficina saludando a los pocos compañeros que conoce y que están en la oficina. Algunos trabajan en algún proyecto desde allí, algún otro está a la espera de proyecto como él.
Deja las cosas en la mesa de una compañera veterana como él, con cinco años en la empresa, y se va en busca de su gerente.
Gustavo, el gerente, le dice que no se preocupe, que pronto estará colocado y que tienen varios proyectos en perspectiva de lo que le interesa a Andrés. A él le gustaría centrarse en un único entorno, el Framework .Net de Microsoft. Aunque está muy de moda la programación mediante Java por estar basada en código libre, sin necesidad del pago de licencias, a Andrés le parece que hay demasiados productos que trabajan sobre Java y que la información está muy disgregada, haciendo complicado su entendimiento. En cambio, Microsoft ofrece todo un entorno bien documentado y con ejemplos fácilmente localizables que permiten un rápido aprendizaje. Claro que existe el inconveniente del pago de licencias, pero las grandes empresas prefieren pagarlas y tener un soporte oficial que con Java no es posible. Sabe que su opinión es controvertida y ha tenido varias discusiones con acalorados defensores del Java y el código libre. Respeta sus opiniones y las comparte para proyectos comunitarios, pero mantiene su opinión respecto al entorno laboral.
El encargado de sistemas de la oficina le asigna un puesto provisional, ya que no tiene mesa propia, y se dispone a pasar el tiempo como buenamente pueda. Pretenden que haga autoformación, pero ¿para qué va a pasarse el tiempo estudiando algo que seguramente no le van a permitir hacer? Ya le ha pasado varias veces, estar formándose en algún lenguaje de programación y que después lo manden a hacer otra cosa distinta durante más de un año. Ya ha aprendido esa lección.
A media mañana decide que no pierde nada llamando al número que le dio Ricard, el jefe de informática del anterior cliente.
Sale del edificio para llamar tranquilamente y, después de un par de timbres, responde una voz que parece firme y educada, con acento italiano.
- Marco Andrali al habla, ¿dígame?
- Buenos días, mi nombre es Andrés Puig y llamo de parte de Ricard Masó. Me dio su número por una posible oferta de trabajo.
- Buenos días, Andrés. Ricard me habló de ti y le dije que estaba interesado en conocerte. ¿Te iría bien que nos encontrásemos?
- Claro, ¿cuándo?
- Pues sería perfecto esta misma tarde a las seis. ¿Puedes?
- Creo que sí. ¿Dónde sería la entrevista?
- La oficina está en la calle Balmes con Provenza. La empresa se llama Arli Tech. Pregunta por mí.
- Perfecto, allí estaré. Hasta luego. Gracias.
- Gracias a ti.
Andrés llama enseguida a Ingrid para darle la noticia y para que sepa que llegará un poco tarde a casa. Ella le desea suerte y le recomienda que mantenga la mirada alta y deje las cosas claras.
A las seis menos diez, Andrés está sobre su moto bajando por la calle Balmes y, al cruzar la calle Provenza, se sube a la acera. Le cuesta encontrar un hueco entre las innumerables motos que ocupan la acera. Por fin encuentra donde aparcar y pone el candado en el freno de disco delantero.
Entra en un edificio acristalado y mira el panel informativo con todas las empresas que tienen oficinas allí. Por fin encuentra la que busca: ‘Arli Tech’, en las plantas once y doce.
Se dirige a los ascensores y, tras pulsar el botón de llamada, se abren las puertas del ascensor de la derecha. Al llegar a la planta once, se encuentra directamente con una recepcionista parapetada detrás de una mesa y un ordenador.
- Buenas tardes, ¿qué desea?
- Buenas tardes, vengo a ver al señor Marco Andrali. Me espera a las seis.
- Andrés Puig, ¿verdad? Siéntese un momento mientras le aviso.
- Gracias.
Andrés se dirige hacia las butacas de cuero a la izquierda de la mesa de la recepcionista y toma una de las revistas para hojearla mientras espera. Está un poco nervioso por la entrevista. Siempre le pasa, no puede evitarlo. Se siente como si fuesen a hacerle un examen para el que no está preparado.
- Ahí está nuestro hombre. - comenta Marco mirando una pantalla donde se puede ver a Andrés hojeando una revista.
- Ya sabes lo que tienes que hacer. Tienes que darme por lo menos media hora mientras lo analizo.
El segundo hombre es de tez morena y tiene una mirada penetrante de ojos negros. Parece como si estuviese estudiando cada movimiento del individuo que puede ver en el monitor. Como si más que a una persona, viese a un ratón de laboratorio.
- Buenas tardes, Andrés. ¿Has encontrado bien la oficina? - Marco se acerca con paso firme hacia Andrés.
- Buenas tardes. Sin problemas, gracias. - Andrés se levanta y estrecha la mano que le ofrece Marco.
- Me alegro de conocerte. Soy Marco. Ven, vamos a una sala de reuniones para que podamos hablar tranquilamente.
- Perfecto.
Marco le franquea el paso a una sala de reuniones con una mesa redonda y cuatro sillas. Delante de uno de los puestos hay un ordenador portátil encendido. Marco se sienta tras éste e invita a Andrés a tomar asiento a su derecha.
La oficina es moderna y con mobiliario nuevo. Las pareces son azules y el suelo está cubierto de moqueta gris.
- Si no te importa, iré tomando algunas notas durante la entrevista.
Andrés hace un gesto de asentimiento y Marco inicia su discurso.
- Primero te informaré un poco de qué hacemos en Arli Tech y qué pretendemos de ti. Luego me explicas un poco tu experiencia, ¿de acuerdo? ¿Me has traído una copia de tu currículo?
- Sí. Aquí lo tienes - Andrés le tiende un sobre del que Marco extrae tres hojas pulcramente dobladas.
- Muy bien, empecemos. Arli Tech es una empresa de alta tecnología de origen italiano pero que se ha ido expandiendo y que ahora opera por toda Europa. Se han ido haciendo adquisiciones, abriendo delegaciones y firmando colaboraciones con otras empresas del sector, de modo que se puede decir que estamos en la cima del desarrollo tecnológico.
Andrés asiente ante las explicaciones, interesado pero a la expectativa de comprobar si es el típico discurso de ‘somos líderes del sector’ o si realmente es la empresa que dicen.
- Ahora mismo - continúa Marco - estamos trabajando en un nuevo gadget [1] que sustituirá a los móviles tal y como los conocemos hoy en día. Se trata de un proyecto muy ambicioso a escala europea y necesitamos gente con ganas de implicarse en un proyecto de gran envergadura basado en la última tecnología disponible. Trabajamos conjuntamente con gente de varios países dividiendo las tareas y compartiendo los resultados.
- Parece muy interesante.
- Lo es, te lo aseguro. Ahora hablemos un poco de ti.
Mientras Marco pronuncia estas palabras, en una habitación contigua el hombre de tez morena observa un monitor que muestra las ondas cerebrales de Andrés. Parece que le satisface lo que está viendo y media sonrisa se dibuja en su rostro.
- Como puedes ver en el currículo, llevo diez años en el mundo de la consultoría informática en dos empresas diferentes. En la primera estuve cuatro años y en la segunda llevo seis. He desarrollado con Developer Forms y PL/SQL sobre Oracle, con ASPs, C++, Visual Basic 6, Java, C# .Net y Visual Basic .Net tanto sobre Oracle como SQLServer. Los clientes para los que he trabajado son importantes empresas farmacéuticas, de telecomunicaciones, de industria y seguros.
- Es todo un abanico de entornos y lenguajes. ¿Cuál te parece más interesante?
- Ahora mismo lo que más me atrae es la plataforma .Net de Microsoft, sobre todo el lenguaje C#. Pero como puedes ver, me adapto fácilmente a todos los entornos.
Continúan la entrevista revisando uno por uno los clientes y proyectos en los que ha trabajado Andrés y al cabo de un rato Marco pone fin a la conversación.
- Estupendo - dice Marco mirando el elegante reloj de pulsera colgado de su muñeca izquierda. - Creo que con esto tenemos suficiente para una primera entrevista. Si te parece bien, hablo con mis compañeros de Recursos Humanos y me pongo en contacto contigo para decirte qué hemos decidido. ¿Tienes alguna pregunta?
- Bueno, dejaré para la siguiente entrevista temas como la formación que ofrece la empresa. Solo una pregunta más, ¿cuánta gente está implicada en este proyecto?
- No te puedes ni imaginar la cantidad de gente que hay por un motivo u otro. En lo referente al software, ahora mismo hay unas 44 personas trabajando en siete países distintos. Por cierto, ¿qué tal tu nivel de inglés?
- Reconozco que ese es uno de mis puntos débiles. Entiendo bastante pero a la hora de hablar estoy bastante verde.
- En principio trabajarías con el equipo local, pero para temas de integración con otras partes puede ser necesario que utilices el inglés. No te preocupes porque tenemos formación interna de inglés. Nos hemos dado cuenta que el nivel medio de los españoles no es muy elevado y hemos decidido ofrecer formación. Vamos, te acompaño hasta la puerta.
Los dos hombres se despiden cordialmente y Marco se dirige hacia la habitación contigua a la sala de reuniones para hablar con el hombre de tez morena.
- ¿Cómo ha ido? En cuanto a currículo está más que preparado.
- En contra de la opinión que me mereció al verle, las lecturas reflejan que tiene un gran potencial. Creo que es nuestro hombre.
- Perfecto. Le haremos esperar una semana y me pondré en contacto con él para hacerle una propuesta.
[1] Un gadget es el nombre genérico inglés de un dispositivo electrónico de pequeño tamaño y de uso personal, tal como un móvil, una PDA o un reproductor de música MP3.
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