Capítulo 2: Ilusión (2)
Abril 18, 2008
Ingrid puede comprobar que su marido está mucho más animado desde que empezó en la nueva empresa y se alegra por él, esperando que no se deba únicamente por la novedad.
El único problema es que Andrés no quiere explicarle lo que está haciendo exactamente y eso le molesta, tomándoselo como una falta de confianza.
- ¿Por qué no me explicas qué es lo que haces exactamente?
- Ya te lo he explicado, he firmado un contrato de confidencialidad y me he comprometido a no desvelar nada de lo que hago. Dentro de poco tiempo se lanzará a la venta el nuevo producto y lo podré explicar todo.
- Seguro que tus compañeros se lo explican a sus parejas. ¿Crees que no sé guardar un secreto?
- ¿Por qué te lo tienes que tomar así? Si fueses tu la que no pudiese contarme algo del trabajo, lo entendería y no te haría chantaje emocional.
- Ahora no escondas tu falta de confianza con ningún tipo de chantaje.
- Pues no te lo puedo contar y listos. Piensa lo que quieras, pero te aseguro que si pudiese, te lo contaría.
- Sí, seguro.
Al cabo de un mes de trabajo, dan por cerrada la tarea de integración de aplicaciones tipo PDA y asignan a Enric y Andrés la tarea de recepción y tratamiento de datos de identificación personal. Deberán tratar los datos provenientes de las fronteras, aeropuertos, hoteles y todos los lugares donde es necesaria la identificación del usuario.
Es una parte delicada del proyecto ya que sirve de control policial y de inmigración. La información recuperada será utilizada por los gobiernos y no quieren ningún tipo de pérdida de datos o posibilidad de fraude. Se pretende eliminar los pasaportes en formato papel y evitar así la falsificación que sigue dándose en todo el mundo.
Los dos compañeros se unen a un grupo de cuatro personas más que ya han empezado a trabajar en esta tarea.
Cada día, de once a doce de la mañana, Andrés tiene una clase particular de inglés con Jennifer, una chica de 24 años procedente de Boston. Lleva un mes de clases, desde que empezó el trabajo, y sus progresos son notables. Al principio se sentía muy incómodo al tener que hablar con la profesora todo el tiempo en inglés, pero poco a poco fue lanzándose y ya mantiene pequeñas conversaciones de forma bastante correcta.
Él mismo está impresionado de sus progresos y lo fácilmente que se le quedan las cosas que le explica Jennifer o que lee en el libro de texto.
En el trabajo también se siente muy receptivo a toda la información nueva que le llega y le parece que su capacidad de trabajo ha aumentado, resolviendo problemas con bastante rapidez.
Dos semanas después de ser asignado a sus nuevas tareas, Martí, el jefe de proyecto, se acerca a Andrés para hablarle.
- Tengo que felicitarte Andrés, todo el equipo está muy contento contigo. Me comentan que resuelves tus tareas rápidamente y con soluciones ingeniosas.
- Bueno, me gusta el trabajo.
- Para aprovechar estas capacidades te voy a asignar una parte delicada del tratamiento de datos de identificación personal. Se trata de la comunicación con el superordenador del Gobierno que almacena toda la información personal de los ciudadanos. Trabajarás en estrecha colaboración con un miembro del Departamento Informático de la Dirección General de Policía para establecer el protocolo de transferencia de datos.
En la población madrileña de El Escorial, en un búnker bajo tierra y protegido mediante los más modernos sistemas de seguridad, se encuentra el superordenador CLARA. Es el sustituto de BERTA, antiguo ordenador que almacenaba todos los datos de los ciudadanos españoles.
La antigua BERTA era un ordenador Siemens H-90 y H-100 de tercera generación que necesitaba para guardarlo el espacio de 13 armarios.
CLARA, sin embargo, es un nuevo Sun Microsystems que sólo ocupa dos muebles de 1,80 metros de altura, cada uno con una capacidad de memoria de tres terabytes[1].
El lugar elegido por la Dirección General de la Policía para esconder esta gran fuente de información fue un antiguo seminario, reformado a comienzos de la década de los ochenta.
La antigua escuela religiosa está cercada por vallas electrificadas y las zonas contiguas están protegidas por policías de élite capaces de interceptar a cualquiera que pretenda acercarse.
Además, este centro cuenta con tres sistemas de seguridad independientes y, ante la más pequeña señal de ataque externo, la sala de ordenadores se cierra herméticamente.
Para acceder a la sala de ordenadores hay que entrar en un montacargas especial que se activa con una tarjeta de banda magnética y una clave secreta que cambia constantemente. Una vez en el sótano, hay que atravesar un pasillo con dos puertas, la segunda de las cuales no se abre hasta que se ha cerrado la primera. Todo el recorrido está protegido por un sistema de vídeo vigilancia que graba cualquier movimiento.
Tras volver a introducir la tarjeta de seguridad, se llega a otra nave de grandes dimensiones, construida de hormigón armado, que está iluminada por potentes focos y que incluye un sistema que impide el paso de cualquier onda electromagnética, incluidas las que emiten los teléfonos móviles.
Media docena de técnicos de máxima confianza desarrolla su labor en tres relevos permanentes. Ellos son los responsables de que no se registren incidentes mientras los ordenadores trabajan sin cesar.
Parte de los datos almacenados en CLARA pueden ser consultados on line desde las comisarías de policía que hay por todo el Estado, de cualquiera de los cuerpos existentes, tanto nacionales como autonómicos. Otros organismos públicos como el Ministerio de Trabajo o el de Administraciones Públicas, cuentan también con una clave que les permite consultar parte de la base de datos.
A parte de CLARA, también existe un superordenador propio de la Guardia Civil que lleva por nombre el título nobiliario de su fundador, ‘Duque de Ahumada’.
La Dirección General de la Guardia Civil dispone, dentro del mencionado ordenador central ‘Duque de Ahumada’, de un fichero automatizado de nombre BASETER cuya finalidad es la gestión de información relativa a personas relacionadas con el terrorismo para la investigación policial propia de la Guardia Civil.
Todavía existe otro superordenador con datos importantes. Es el llamado RITA y es el ordenador central de Hacienda. Lleva años y años memorizando todo movimiento económico de particulares, de empresas y de instituciones.
Un nuevo proyecto surgió hace un par de años de mano del Ministerio de Administraciones Públicas. Su nombre es SARA y se traduce como Sistema de Aplicaciones y Redes para las Administraciones. Se trata de un cerebro electrónico especializado en cruzar datos de muchos superordenadores. El objetivo es el de interconectar todas las administraciones para facilitar trámites a los ciudadanos y ahorrar miles de horas de trabajo duplicado.
Andrés se comunica, vía correo electrónico, con su contacto en el Departamento Informático de la Dirección General de Policía. Su nombre es Augusto Monzón y comparte con Andrés documentos que definen el protocolo de conexión a SARA, que a su vez conectará con CLARA.
Augusto le remarca la confidencialidad de los documentos que le entrega. El usuario que le permitirá acceder a CLARA, tiene restringido el acceso a datos de demostración, para que mientras se desarrolla el software de comunicación y se hacen pruebas, no se pueda acceder a información privada de ningún ciudadano. Más adelante, al arrancar el sistema, se cambiará el usuario para poder acceder a datos reales.
Al día siguiente, Andrés está en su despacho estudiando la información facilitada. Debe tratar con sistemas de encriptación de datos con los que no había trabajado nunca. No acaba de comprender exactamente cómo debe realizar la encriptación antes de enviar la información y se pregunta si realmente está preparado para asumir tal responsabilidad.
Mientras dibuja un esquema en un papel para aclarar las ideas, siente un zumbido en los oídos y se le eriza el vello de la nuca. Una extraña sensación le envuelve. Se levanta acariciándose la nuca y de repente todo pasa. Ya no siente el zumbido y se encuentra perfectamente.
Sale del despacho en busca de un vaso de agua pensando que lleva demasiado rato mirando la pantalla del ordenador y que necesita despejar un poco la mente.
- Esta vez se ha dado cuenta de algo. - Marco está mirando en un monitor cómo Andrés sale de su oficina.
- He intensificado la potencia de la onda. Necesitamos que evolucione más rápidamente. - comenta el hombre de tez morena.
- Lo sé, lo sé. Pero hazlo con cuidado, no vaya a pensar que le pasa algo.
Andrés vuelve a su despacho después de charlar un poco con Enric. No le da ninguna importancia a lo ocurrido.
Sigue con el estudio de la documentación y se sorprende dibujando un esquema donde parece encajar todo, cuando antes no sabía cómo hacerlo. ‘Descansar un poco me ha ido bien’, piensa.
Revisa su esquema y la información de los documentos y confirma que tiene perfectamente claro el funcionamiento del protocolo de conexión y que puede empezar a programarlo enseguida.
Día tras día, sin darse cuenta, va alargando la jornada de trabajo. Al principio salía a las seis en punto, luego a las seis y media, incrementando las horas hasta hoy, que sale de la oficina a las ocho y cuarto.
Llega a casa media hora más tarde, montado en su bici. Hace unas semanas que cambió la moto por la bici, cumpliendo así su viejo sueño de ir pedaleando al trabajo. Se siente más en forma y el viaje le permite despejar la mente.
- ¡Hola guapa!
- ¿De dónde vienes tan tarde?
- Del trabajo. Estoy bastante liado.
- Cada día vienes más tarde. Pensaba que te habías cambiado de empresa para mejor, pero ahora te veo menos que cuando trabajabas fuera de Barcelona.
- Lo siento, tienes razón. Estaba haciendo una cosa interesante y no me di cuenta de la hora que era.
- Parece que ya no quieres estar conmigo. Prefieres estar en el trabajo más que en casa.
- Que no mujer, de verdad que no. ¿Qué tal si nos vamos fuera el fin de semana? Ya me encargo yo, no te preocupes. Te lo compensaré.
- A ver si es verdad.
Después de cenar, se sientan en el sofá a ver un rato la tele. Grissom analiza una habitación de hotel en Las Vegas en un nuevo capítulo de CSI. Es de las pocas series que les gustan a los dos, aunque a veces resulta demasiado realista en las escenificaciones de los crímenes. Cuando acaba el episodio, Ingrid está dormida sobre el regazo de Andrés.
Después de ayudar a su mujer a llegar a la cama sin abrir mucho los ojos, Andrés va hacia el ordenador y busca algún vuelo barato a alguna ciudad cercana. Después de visitar varias webs, encuentra un vuelo a buen precio a Sevilla. Compra dos billetes de la compañía ClickAir y sigue navegando en busca de hotel.
Finalmente hace una reserva en el hotel Meliá Colón de cinco estrellas, en pleno centro de Sevilla. Ya tiene su viaje organizado. Saldrán el viernes por la tarde y volverán el domingo por la noche. Ha hecho un buen trabajo para tener solo dos días por delante.
[1] Un terabyte es un billón de bytes. Un byte es la unidad básica de información de un ordenador.
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