El sábado por la mañana se despiertan en una habitación del Meliá Colón de Sevilla. A las nueve y media salen del hotel y se van a desayunar unos bocadillos en el bar Tobal, cerca del hotel. El especial de la casa es un bocadillo de delicioso jamón con pan con tomate.

Después del desayuno, se dirigen paseando hacia la catedral. Alrededor hay gran número de coches de caballos que se dedican a pasear a los turistas, pero a ellos no les atrae demasiado esa opción, creen que se sentirían un poco ridículos. Visitan la catedral, que es inmensa y después se dirigen a la Giralda, que es lo que realmente les apetecía visitar.

La Giralda, hoy una torre de la catedral, era en realidad el minarete de la antigua mezquita. Tiene 90 metros de altura y puede subirse hasta un mirador donde están instaladas las campanas. Existen unas rampas que permiten ir subiendo sin demasiado esfuerzo. Estas rampas fueron concebidas para que los guardias pudiesen subir a caballo hasta lo alto para dar la alarma a la ciudad en caso necesario. En total hay 34 rampas, todas numeradas en la parte superior. En las paredes hay ventanas desde las que se puede ir observando la vista. Primero son pequeñas oberturas y después pasan a ser ventanas más anchas. Poco a poco se va ampliando la vista, hasta llegar arriba del todo y tener toda Sevilla a los pies.

Abrazados, Ingrid y Andrés disfrutan de la vista, descansando después de la subida. Tienen a su alcance el Guadalquivir, la plaza de toros, el parque de atracciones Isla Mágica, los Reales Alcázares y todos los tejados de la ciudad. De repente suena una campana justo sobre sus cabezas, sobresaltándolos. Son las once de la mañana. Riendo después del susto, miran las campanas intentando descubrir la siguiente que sonará.

Por fin bajan de la Giralda y se dirigen al patio de los Naranjos, antiguo patio de la mezquita, que toma su nombre de los 68 naranjos que lo pueblan. Sentados en un banco en el que da el sol, contemplan el Giraldillo en lo alto de la Giralda. Se trata de una enorme veleta en forma de mujer de la que están especialmente orgullosos los sevillanos.

- ¿Vamos a ver los souvenirs de la tienda? - Pregunta Ingrid.

- Ve tú, yo te espero tomando el sol.

- Menudo perezoso. Ahora vengo. - Se despide con un beso y se dirige a la cercana tienda.

Andrés cierra los ojos dejando que le acaricie el calor del sol. No nota la presencia del hombre que se ha sentado a su lado hasta que oye su voz.

- Se está bien aquí, ¿verdad Andrés?

- ¿Nos conocemos? - Pregunta intrigado abriendo los ojos y mirando al extraño.

- Yo a ti sí. Tú me puedes llamar Gabriel si quieres.

- ¿Quiere eso decir que no es tu verdadero nombre?

- Chico listo.

- ¿Y de qué me conoces?

- Digamos que sé dónde trabajas y qué es lo que haces. Tengo una oferta que hacerte.

- ¿Me estás vigilando?

- Eso no tiene importancia. No tenemos mucho tiempo. Quiero toda la documentación referente a ese artefacto en el que trabajas. Te recompensaré muy generosamente por tu colaboración.

- ¿Se trata de espionaje industrial?

- Es uno de sus nombres. Piénsalo, podrías permitirte muchos viajes como éste.

- Gracias pero no estoy interesado. No sé nada que pueda interesarte, mi trabajo es muy básico y no tengo acceso a nada de lo que me pides.

- No seas modesto, Andrés. Sé que estás haciendo un gran trabajo y que te han dado nuevas responsabilidades.

- Me voy de aquí ahora mismo. No quiero volver a verte.

- Puede que cambies de opinión más adelante. - La frase se pierde en el aire, pues Andrés ya se ha alejado andando hacia la tienda.

Cuando está a punto de llegar a la tienda, oye la voz de Ingrid que dice:

- ¡Sonríe! - Andrés levanta la cabeza con semblante preocupado y se encuentra con Ingrid apuntándole con la cámara digital y haciéndole una foto.

- Hola, iba a buscarte.

- ¿Te pasa algo? Pareces preocupado.

- Nada, nada. ¿Vamos hacia la Plaza de España? Podemos dejar para mañana la visita a los Reales Alcázares.

- Claro. Luego podemos comer en un restaurante que me han recomendado en el trabajo.

- Perfecto.

Caminan disfrutando del sol. Es el mes de junio y se agradece el inicio del calor después del frío del invierno.

Llegan a la Plaza de España, un enorme espacio abierto con una fuente central y una edificación en forma de media luna donde hay una composición realizada mediante azulejos representando cada una de las provincias españolas. Pasean admirando los azulejos y se paran en el correspondiente a Barcelona para hacerse una foto. Por toda la plaza se puede ver a visitantes buscando su provincia igual que han hecho ellos.

- ¿Qué debe ser este símbolo NO8DO que se ve por todas partes grabado? - Pregunta Ingrid.

- Pues no lo sé. Yo también me he fijado. Podemos preguntar en la oficina de turismo.

Un rato después, paseando por los jardines de Maria Luisa, se dirigen al bar Manolo León para comer. Al entrar, les encanta la calidez del lugar y la cordialidad de los camareros. Se dejan recomendar unas tapas y piden el revuelto de la casa, que resulta ser un revuelto con verduras y virutas de chorizo. También les traen un plato de jamón ibérico, un pisto manchego y unos pescaditos fritos, todo regado con vino Beronia de Rioja.

Cuando tienen toda su comanda frente a ellos, se dan cuenta que es demasiado para ellos dos solos, pero todo les encanta.

- No sabía que aquí eran tan típicos los revueltos. Éste está delicioso.

- Javier me dijo que eran típicos y que aquí eran muy buenos.

- Dale las gracias de mi parte por la recomendación. Está todo muy bueno. Aunque hemos pedido demasiado, estoy llenísimo.

- Me gusta porque está lleno de gente de aquí. No es el típico sitio para turistas.

- Me lo estoy pasando muy bien aquí contigo.

- Yo también. Ojalá estuviésemos siempre así de bien. Tienes que prometerme que no trabajarás tanto.

- Por primera vez en mi vida me gusta de verdad mi trabajo. Es estimulante y aprendo muchas cosas. Pero también me gusta disfrutar de mi vida privada. De verdad que intentaré salir antes.

Deciden volver al hotel para descansar un poco y lo hacen caminando junto al Guadalquivir con el objetivo de digerir la comida. Llegan hasta la Torre del Oro donde se hacen las obligadas fotos y continúan su paseo cogidos de la mano, sintiéndose más cerca el uno del otro de lo que estaban dos días antes en Barcelona.

Al llegar al hotel, Andrés se dirige a un ordenador con acceso libre a Internet que hay la recepción, decidido a descubrir el significado del enigmático símbolo ‘NO8DO’.

- Mira, ya lo he encontrado. Según la Wikipedia: NO8DO es el lema y logotipo del Ayuntamiento de Sevilla (España), presente en numerosos edificios. Este lema consta de dos sílabas y entre ellas una madeja de hilo (NO8DO). Su lectura es “NO-MADEJA-DO”, que es la expresión fonética sevillana de la frase “No me ha dejado”. Según la leyenda, este lema hace referencia a la lealtad que mantuvo la ciudad al rey Alfonso X el Sabio en la guerra contra su hijo Don Sancho en el siglo XIII. En el alzamiento que destituyó del trono al Rey Alfonso X en favor de su hijo Sancho IV, sólo la ciudad de Sevilla le dio refugio. Sancho dejó que la ciudad siguiera fiel al Rey Alfonso, y como muestra de su gratitud a Sevilla, permitió al Ayuntamiento que en su escudo pusiera el lema con las sílabas NO y DO, y entre ellas una madeja, representando la fidelidad de la ciudad al Rey Alfonso X: “No me ha dejado”.

- ¡Qué curioso!

 

El lunes, de vuelta en el trabajo, Andrés busca a Marco en su despacho.

- Buenos días Andrés. ¿Qué tal por Sevilla?

- Muy bien gracias. Excepto por un encuentro que no me gustó nada y quería comentarte.

- ¿Qué ha pasado?

- En el patio de los naranjos de la catedral, al quedarme solo un momento, me abordó un hombre que decía saber en qué trabajo. Quería toda la información posible de nuestro producto y estaba dispuesto a pagarla a buen precio.

- Maldita sea. - Marco coge el teléfono y marca un número con cara preocupada. - Aquí Marco, tenemos un problema. Han vuelto las cucarachas. Han contactado con Andrés en Sevilla.

Después de escuchar atentamente por el auricular del teléfono, Marco cuelga y se dirige a Andrés.

- Vamos a tu casa. Comprobaremos si te están vigilando.

Un coche les espera frente a la portería del edificio. Suben a él y poco después circulan por la calle Balmes en dirección a la Plaza Cataluña.

- ¿Qué has querido decir con eso de que han vuelto las cucarachas? ¿Ya ha pasado antes?

- Desde luego. No eres ni el primero ni el último al que intentan sobornar para conseguir información. Aunque todo se mantiene muy en secreto, alguien que sepa observar puede darse cuenta de la existencia de acuerdos de colaboración entre compañías, asignaciones de presupuestos para nuevos proyectos, etc.

- ¿Alguna vez han conseguido su objetivo?

- Una vez estuvieron a punto, pero seguridad logró detener al empleado antes de sacar la documentación de la oficina.

- ¿Y qué haremos ahora? ¿Llamar a la policía?

- Tenemos gente que sabe ocuparse de estas cosas. La policía no puede hacer nada sin pruebas concluyentes.

Pasan Plaza Cataluña, siempre atestada de gente, atraviesan la calle Fontanella y toman Trafalgar después de pasar por Plaza Urquinaona. El chofer conduce de forma un tanto agresiva, cambiando continuamente de carril, aprovechando los huecos entre los coches. Al final de la calle Trafalgar aparece el Arco de Triunfo, construido a finales del siglo XIX para la Exposición Universal de Barcelona de 1888. Es curioso comprobar que está construido de ladrillos a la vista, en vez de piedra pulida como otros más famosos como el de París.

Suben por Roger de Flor, dejando a la derecha la Avenida Vilanova, una de las pocas calles que deben quedar en Barcelona sin asfaltar, manteniendo los arcaicos adoquines que recubrían antaño todas las calles de la ciudad. Una vez en la calle Roger de Flor, avanzan unos metros y el chofer les deja frente a la casa de Andrés. Delante de la portería hay dos hombres esperando.

- Hola Marco. Vamos a desinfectar la casa.

- Perfecto. Os presento a Andrés. Ellos son del equipo de seguridad, nos ayudarán a comprobar si estás bajo vigilancia.

Andrés no puede creer lo que está pasando. Parece que esté metido en una película de espías. Suben a su piso y los dos hombres sacan de un maletín lo que parecen unos pequeños detectores.

- Ahora comprueban si te han puesto algún micrófono. Vamos a la terraza y así les dejamos trabajar tranquilos. - Dice Marco en un susurro.

Después de diez minutos, uno de los hombres de seguridad encuentra algo en el salón, en la rejilla de ventilación del aire acondicionado. El piso dispone de una bomba de calor que distribuye aire por todas las habitaciones a través de unas rejillas en la parte superior de las paredes. En la parte inferior, cada habitación tiene una rejilla de ventilación.

El hombre se acerca a Marco y Andrés, y les muestra su hallazgo. Se trata de un pequeño micrófono.

Siguen la revisión y encuentran un total de tres micrófonos que guardan en el maletín.

- ¿Y ahora qué? - Pregunta Andrés.

- Ahora revisaremos la oficina y aumentaremos los controles de seguridad.

- Sí, porque el tal Gabriel sabía que me han dado tareas nuevas en el trabajo y yo no he comentado nada en casa.

- No te preocupes, del resto ya nos ocupamos nosotros. Por favor, no comentes nada con el resto de compañeros, no quiero preocupar a nadie. Volvamos a la oficina.

Hay algo de lo que Andrés no se ha percatado. Realmente no había ningún micrófono oculto en su casa. Los que le han mostrado los han sacado poco antes del maletín y, mientras él permanecía en la terraza con Marco, le han instalado micrófonos y cámaras por toda la casa, de manera que permanecerá vigilada por la propia empresa. El hombre que se identificó como Gabriel en Sevilla, es en realidad uno de los componentes del equipo de seguridad de la empresa, encargado de tareas especiales.

Esta acción ha permitido conocer la fidelidad de Andrés hacia la empresa y reafirmar su interés e implicación en el proyecto. Por otro lado, a partir de ahora podrán vigilar todos sus movimientos gracias a los dispositivos instalados en su casa.

 

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