Capítulo 2: Ilusión (4)
Abril 20, 2008
La semana sigue y Andrés continúa con el desarrollo del software de conexión a SARA. Sigue en contacto con Augusto, resolviendo algún punto que no queda claro en la documentación.
El jueves por la tarde, empieza a realizar las primeras pruebas de conexión. SARA le devuelve un error de identificación sistemáticamente. Comprueba el usuario y contraseña que le envió Augusto. Parece todo correcto. No acaba de entender porqué no funciona y se le ocurre que algunos sistemas discriminan entre mayúsculas y minúsculas.
- Buenas tardes Augusto, ¿tienes un momento para un consulta? - Andrés espera la respuesta mientras sostiene el teléfono.
- Hola Andrés, pregunta lo que quieras.
- Estoy probando la conexión con SARA y me devuelve un mensaje de acceso denegado. ¿Sabes si el usuario o contraseña tienen que estar en mayúsculas o minúsculas? ¿O no importa?
- Sí que importa, tiene que tener exactamente el mismo formato que en el servidor. La primera letra del nombre de usuario debe estar en mayúsculas y el resto en minúsculas. La contraseña debe estar en minúsculas.
- Yo estaba probando con todo en minúsculas. Voy a hacer otro intento. Ya te informaré si he podido acceder. Gracias por todo.
- No hace falta que me avises, he programado una alerta que me avisará si accedes con este usuario. Suerte. Adiós.
- Hasta luego.
Tras modificar el nombre de usuario, Andrés realiza una nueva prueba y accede sin problemas a SARA. La sensación de triunfo que siente le obliga a sonreír.
Al momento le llega un correo electrónico de Augusto que dice ‘Felicidades! Veo que has accedido. Buen trabajo. Te agradecería si pudieses hacer algunas pruebas de recuperación de datos de un individuo. Saludos, Augusto’.
Durante lo que queda del jueves y durante el viernes, Augusto y Andrés ejecutan un juego de pruebas de acceso, recuperación y modificación de datos.
Al final del viernes dan por cerradas las pruebas de manera satisfactoria e informan a sus respectivos superiores mediante correo electrónico.
Cuando Andrés llega a casa son casi las nueve. Ingrid no está pero le he dejado una nota sobre la mesa del salón que dice ‘Me he ido con Montse y Marta. Vamos a cenar fuera y luego a bailar. Estoy cansada de esperarte. Espero que te lo hayas pasado bien en el trabajo. No te molestes en llamarme.’
‘Ya estamos otra vez’ piensa Andrés. Después de sacar del envase y de meter en el horno una pizza comprada, coge una cerveza y se sienta ante el televisor para hacer un poco de zapping.
A las cuatro menos cuarto de la madrugada, Andrés se despierta sobresaltado al oír la puerta de casa abriéndose. Se incorpora sobre la cama y ve cómo Ingrid entra en casa, sin importarle mucho el ruido que hace.
- Vaya, ¿te he despertado? - Pregunta mientras enciende la luz de la habitación. Su tono indica que se ha tomado unas copas.
- Hola, ¿cómo ha ido?
- Muy bien, nos hemos divertido mucho. ¿Tú te lo has pasado bien en el trabajo?
- Estaba haciendo unas pruebas importantes que han salido bien. Con ellas se cierra una parte importante del proyecto.
- Pues que bien.
- Ya veo que estás emocionada. Anda, vamos a dormir.
- Qué rápido te has olvidado de lo hablamos en Sevilla. Dijiste que no trabajarías tanto.
- Era algo importante. Como si tú no te quedases cuando tienes trabajo.
- No tienes remedio. Buenas noches.
El fin de semana lo pasan incómodos el uno con el otro, sin muchas ganas de hablar de nada. Se está creando un vacío entre los dos.
El lunes por la mañana, Andrés llega a la portería de la oficina con su bici. Baja y la pliega con un fácil movimiento. Se trata de una Brompton, la marca más emblemática de las bicicletas plegables, con su característico marco curvado.
Andrés sube su bicicleta plegada a la oficina, consciente del peligro de dejarla en la calle. Al entrar en su despacho, se encuentra a Marco esperándole.
- Buon giorno, Andrés.
- Buenos días, Marco.
- Te estaba esperando. Vamos, deja ese armatoste y ven conmigo. - Dice Marco señalando la Brompton.
Marco se dirige directamente hacia el ascensor.
- ¿Dónde vamos?
- Te mereces un descanso. Felicidades por tu trabajo con SARA, lo has hecho muy bien. A partir de ahora podremos realizar pruebas reales contra los superordenadores del Gobierno. Es un gran avance.
Van directamente hasta el parking del edificio. Cerca del acceso a los ascensores, Marco abre su Mercedes SLK200 plateado y se sienta tras el volante. Andrés, admirando el coche de su jefe, se sienta a su lado.
- Un coche muy bonito.
- Gracias, es una maravilla, a mi me encanta. Vamos a abrir la capota. - Apretando un botón, la capota rígida se pliega y esconde rápidamente, dejando sus cabezas descubiertas.
Marco se mueve ágilmente entre el tráfico de Barcelona. Enseguida dejan Balmes y toman Aragón, una de las pocas calles de la ciudad en la que los semáforos se van poniendo verdes uno tras otro, permitiendo avanzar rápidamente.
Al llegar al final de Aragón, gira a la calle Tarragona hasta llegar a la Plaza España y de allí a la Gran vía, hacia la salida de Barcelona.
El aire fresco les revuelve el cabello. Del reproductor de CDs surge una música de un cantante italiano que Andrés no reconoce. Es una música melodiosa con un deje melancólico.
- ¿Quién canta?
- Se trata de Fabrizio De André. ¿No lo conoces? Es todo un icono en Italia. Murió hace casi diez años, pero sigue vivo en nuestros corazones.
A la altura de Sitges, Marco sale de la autopista y llegan a un campo de golf Pitch&Putt.
- ¿Qué hacemos aquí?
- Ya te dije que te mereces un descanso y un premio por tu trabajo.
- Pero yo no sé jugar al golf. Siempre he querido aprender, pero no he tenido oportunidad.
- Pues hoy es tu día de suerte. He contratado un profesor para ti durante toda la mañana. Vamos hacia el club y preguntamos por él.
- Fantástico. ¿Tú juegas?
- Desde luego. El golf es un gran deporte, desarrolla la concentración, la precisión y las relaciones sociales. Si quieres llegar a ser alguien importante, tienes que practicarlo.
A los cinco minutos de preguntar en recepción, aparece el profesor de golf. Está moreno y se le ve muy tranquilo. Al acercarse sonríe y saluda a Marco.
- Buenos días Marco. Hacía tiempo que no te veía.
- Buenos días Pol. Te presento a Andrés. El pobre no ha jugado nunca al golf y está deseando aprender. Lo dejo en tus manos.
- Hola Andrés. Vamos al vestuario, te dejaré una ropa más apropiada. Luego iremos al campo de prácticas donde te enseñaré los conceptos básicos.
- Perfecto.
- Tráemelo de vuelta a la una. Comeremos en el club. ¡Suerte!
Empiezan con lo más básico, la postura, los palos, los diferentes golpes. Después pasan a hacer unos golpes en el campo de prácticas. Poco a poco Andrés va practicando la postura con ayuda de Pol. No es un deporte fácil.
Al cabo de un rato empiezan a salir mejor los golpes y Pol decide pasar al primer hoyo del campo. Allí los problemas se multiplican. En el primer golpe, Andrés envía la pelota entre los árboles.
- No te preocupes, es normal al principio. El problema es la postura. Tienes demasiado peso sobre el pié izquierdo y el movimiento se desvía hacia este lado. Inténtalo de nuevo.
Andrés practica el movimiento varias veces antes de lanzar el golpe. Sigue desviado, pero la pelota se ha mantenido en el carril.
- ¡Mucho mejor!
- Entiendo la teoría, pero no es fácil llevarla a la práctica.
- Sigamos. Ahora necesitas otro tipo de palo.
Siguen avanzando y practicando durante dos hoyos más. Para entonces ya son las doce y media. Vuelven tranquilamente hacia el club para reunirse con Marco.
- ¿Te ha gustado?
- Mucho, de verdad. Creo que ahora que he empezado tengo que seguir para ir mejorando.
- Lo has hecho muy bien. Hay gente que no sale del campo de prácticas hasta el tercer día. Entiendes muy rápidamente la teoría, aunque te falta forma física.
- Es cierto. Antes iba al gimnasio, pero hace un año y medio que lo dejé al trabajar fuera de Barcelona.
- Estaría bien si pusieses encontrar tiempo para hacer un poco más de deporte.
Llegan al club y encuentran a Marco en la terraza tomando un Campari con soda y hablando por el teléfono móvil.
- ¿Cómo ha ido? - Pregunta al verlos llegar y colgar.
- Muy bien. Tiene aptitudes y muchas ganas. Si sigue viniendo haremos de él un buen jugador.
- Pues reservate un lunes de cada dos semanas y te lo traeré para que le sigas enseñando. A ver cuándo podemos jugar el uno contra el otro.
- Entonces nos vemos dentro de dos semanas. Ahora os dejo para que comáis tranquilos. Adiós y gracias por venir.
Pasan al comedor y hacen la comanda al maître. Marco se encarga de escoger un buen cava para acompañar la comida. Se decide por un Freixenet Brut Barroco, que el camarero se encarga de escanciar en las copas.
Andrés no quiere ni imaginarse lo que costará esa comida.
- Brindo por nuestro proyecto. Que nos depare muchos éxitos.
- Salud. - Después de brindar, Andrés lleva la copa a sus labios y bebe un sorbo del fresco cava. Una sensación reconfortante recorre su cuerpo y un leve cosquilleo acaricia su nariz procedente de las finas burbujas.
- Lo estás haciendo muy bien Andrés. Estamos muy contentos con tus progresos. En cuanto instalemos el software que has desarrollado para acceder a SARA en el nuevo superordenador, estaremos mucho más cerca de la conclusión del proyecto.
- ¿Dónde está el superordenador?
- Se está acabando la construcción de un búnker en la Sierra del Catllarás, cerca de Berga. El superordenador ya está instalado y operativo. Te llevaré un día de estos para que conozcas las instalaciones.
- Un búnker. Parece increíble.
- Es importante proteger el sistema de soporte de los gadgets porque se pretende que sean parte imprescindible de la vida de los ciudadanos. Se está construyendo un búnker igual en cada país europeo, aunque el proyecto se iniciará en España como prototipo.
- Si se trata de un sistema global, ¿únicamente se podrá acceder a los datos de los ciudadanos españoles o de todos los países implicados?
- Es un tema delicado. Cada superordenador de los países que conforman el sistema Spiderweb, se conecta con los superordenadores de sus gobiernos que contienen la información de sus ciudadanos. Todos los superordenadores del sistema están conectados entre sí y pueden acceder a cierta información genérica de todos los ciudadanos, pero cada país se guarda una parte de la información que no quiere compartir. El sistema se encuentra con trabas políticas que esperamos que se vayan disolviendo cuando esté operativo.
- ¿Y cómo se conseguirá que los ciudadanos utilicen este sistema? ¿Será una obligación por ley?
- En absoluto. Se espera que sea una integración paulatina. Teniendo en cuenta la experiencia de la telefonía móvil, que se ha extendido rápidamente por encima de todas las expectativas, al ofrecer un gadget que aglutina gran cantidad de funciones, se espera una gran acogida por parte del público. Por lo tanto, serán los propios ciudadanos los que requieran de este sistema. Ten en cuenta que en todo el mundo se venden 1.000 millones de móviles al año y que esta cifra aumenta considerablemente cada año que pasa. Se está preparando una campaña de marketing muy importante con las principales agencias de publicidad. Se lanzarán varios modelos, desde uno de lujo, hasta otro mucho más asequible. El objetivo es que todo el mundo tenga uno. Lo mejor de todo es que será un gran negocio que originará grandes beneficios.
- ¿Y por qué se ha escogido a España como país piloto? ¿Por qué no otros países más poderosos en Europa como Alemania, Francia o Reino Unido?
- No tienes más que mirar las estadísticas. España es el país donde más rápidamente han proliferado los teléfonos móviles. De hecho, hay más teléfonos móviles activos que habitantes. Mucha gente tiene dos e incluso tres teléfonos móviles, del trabajo y particulares. Este gadget permitirá gestionar tantas líneas como se deseen desde un único terminal. Colaboramos estrechamente con las principales compañías de telefonía para poder dar este servicio. Algunas de estas compañías son muy poderosas y se mostraban reticentes a esta colaboración, pero les hemos hecho saber que no somos la competencia. No queremos quedarnos con todo el pastel, sino compartirlo con ellos. Si les enseñas cifras con muchos ceros, acaban colaborando alegremente. A los españoles les gustan mucho los gadgets de alta tecnología e incluso mucha gente compra móviles o smartphones que están muy por encima de sus posibilidades.
- Pero, ¿quién ha ideado un plan de tal envergadura? Tiene que ser todo un visionario.
- Eso está por encima de nosotros. Somos simples ejecutores del plan.
Después de comer, vuelven al parking. Al lado del mercedes del jefe hay un Smart fortwo descapotable.
- ¿Te gusta? - Pregunta Marco señalando el Smart.
- Me encanta. Siempre me han gustado estos pequeñines.
Marco abre la puerta de su Mercedes y Andrés va hacia el asiento del copiloto.
- No hace falta que entres, tu ya tienes transporte. - Andrés le mira sin comprender. En ese momento, Marco le lanza unas llaves que caza al vuelo. Mientras mira las llaves, Marco ya ha subido a su coche y sale del parking derrapando.
Andrés observa las llaves y comprueba que tienen un llavero de Smart. Mira hacia el coche que hay aparcado junto a él y nuevamente las llaves. Pulsa el botón de apertura del control remoto y el Smart se abre. Sube al coche mientras una sonrisa se dibuja en su rostro.
Pone en marcha el coche y acelera en busca del Mercedes de Marco. Al cabo de poco tiempo lo alcanza, pues conduce tranquilamente por el carril de la derecha de la autopista.
Andrés se sitúa en el carril de la izquierda, paralelo a Marco y grita:
- ¿Qué es esto?
- Un premio por el trabajo bien hecho. En la oficina están todos los papeles. Que no te vea otra vez ir en tu ridícula bici al trabajo. ¡Sígueme si puedes! - El Mercedes acelera, se pone frente al Smart y se va alejando poco a poco. Andrés sonríe de nuevo y acelera para reducir la distancia.
Por la tarde, al llegar a casa, Andrés llama a su mujer por el telefonillo de la portería y le pide que baje para enseñarle una cosa.
Cinco minutos después sale Ingrid por la portería.
- Hola Ingrid. ¿Te gusta mi nuevo coche?
- ¿Cómo que tu nuevo coche? ¿Lo has comprado?
- No, mejor. Me lo han regalado en el trabajo.
- Ninguna empresa va regalando coches a programadores. - Ingrid no está convencida y busca razones ocultas.
- Ya te dije que había solucionado una parte clave del proyecto y me lo han recompensado. Esta empresa no es como las demás. No entiendes la envergadura del proyecto.
- ¿Cómo voy a entenderlo si no me explicas lo que estás haciendo?
- Ya sabes que firmé una cláusula de confidencialidad.
- No, si al final resultará que me he casado con James Bond…
- No entiendo por qué estamos discutiendo en vez de estar celebrándolo.
Ingrid da media vuelta y sube a casa. Andrés la ve alejarse con tristeza, se sube en su nuevo coche y acelera alejándose de ella.
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