Capítulo 2: Ilusión (7)
Abril 21, 2008
Unas horas más tarde, Ingrid sale del trabajo para comer con una amiga. Al salir a la calle, un hombre elegante y con sonrisa de político se le acerca.
- Buon giorno signora Ingrid. Mi nombre es Marco Andrali. Soy el jefe de su marido. ¿Me permite invitarla a comer para mantener una charla?
- He quedado con una amiga, lo siento. - Responde Ingrid.
- Yo de usted la llamaría para anular la cita. He de hacerle una propuesta que estoy seguro que le interesará.
Ingrid mira fijamente a los ojos a Marco, valorando la situación. Finalmente responde.
- Está bien. A ver si me aclara qué es lo que le está pasando a mi marido y porqué se comporta de esa manera tan rara últimamente.
- Sólo quiero lo mejor para mis empleados. Téngalo por seguro. Tengo el coche aquí cerca. Puede llamar a su amiga de camino.
Sentados a la mesa en la terraza del restaurante Can Travi Nou, después de haber elegido, Marco reanuda su conversación.
- Como le decía, Andrés es uno de nuestros mejores hombres. Lo aprecio mucho como empleado y como persona. Ha logrado grandes cosas en poco tiempo y tiene un gran futuro dentro de la empresa.
- ¿A qué precio?
- Al que él diga. Nadie le impone nada. Le animamos a que haga su trabajo lo mejor posible, pero no le obligamos a hacer horas. Ni directa ni indirectamente con amenazas veladas, ni con costumbres implantadas.
- ¿Y esa nueva capacidad de aprenderlo todo tan deprisa?
- Supongo que siempre la ha tenido, pero nadie le ha animado a utilizarla.
- Bueno, ¿y cuál es la proposición que quería hacerme?
- Esperaba a los postres para hacerla, pero veo que quiere ir al grano.
- No me gustan los rodeos.
- Está bien. Andrés me ha hablado de su trabajo como analista de sistemas de grandes máquinas en un banco. ¿Le gusta su trabajo?
- Sí. Me gusta trabajar directamente con la máquina, me permite conocer su funcionamiento a bajo nivel.
- ¿Qué le parecería trabajar como técnico de sistemas de un superordenador?
- ¿Me está ofreciendo trabajo?
- Pues sí.
Al cabo de dos días, Andrés está en su despacho trabajando arduamente cuando llaman a su puerta.
- Hola Andrés. Ven a mi despacho. Quiero presentarte a dos nuevas incorporaciones. Una nos ayudará con el desarrollo de software y la otra se incorporará al equipo de sistemas del superordenador. - Le dice Marco sin entrar en el despacho.
- Muy bien. No sabía que también te encargabas de la gente de sistemas. Creía que iban directamente al CPD Catllarás.
- Normalmente no lo hago, pero es un caso un tanto especial.
Se dirigen al despacho de Marco. Por la puerta abierta, Andrés puede ver a un joven de unos veinte años que habla con una persona sentada en la silla de al lado, la cual queda oculta por el marco de la puerta.
Al franquear la entrada del despacho, Andrés puede ver al ocupante de la otra silla. Se para en seco y mira atónito hacia su mujer, Ingrid, que le sonríe y le guiña un ojo.
- Aquí los tienes. A Ingrid ya la conoces. Se incorpora como técnico de sistemas en el CPD Catllarás. Y este es Oriol, que se incorporará al equipo de desarrollo.
- Pero, ¿qué haces tú aquí? - Andrés solo tiene ojos para su mujer, mirándola consternado. Oriol se siente desplazado y observa incómodo la situación.
- Marco me ha hecho una oferta que no puedo rechazar. Me ha contado todo lo que estáis haciendo aquí. Ahora entiendo perfectamente que no pudieses explicarme ciertas cosas. Siento haberte presionado.
- ¿Qué quiere decir que trabajarás en el CPD Catllarás? Está muy lejos.
- La empresa me alquila un apartamento en Borredá, un pueblecito cercano. Me irá bien un poco de tranquilidad. Nos veremos el fin de semana. Puedo venir yo a Barcelona o ir tú a Borredá y paseamos por la montaña o descansamos.
- Mejor que estas cosas las habléis luego en privado. - Comenta Marco para evitar una discusión de pareja en su despacho.
- Sí, claro. - Andrés sigue mirando a su mujer como si no entendiese qué está haciendo allí.
- Oriol trabajará con Marta en la seguridad del gadget. Aquí donde lo ves, a sus diecinueve años, ha conseguido penetrar en algunos sistemas importantes.
- ¿Es un hacker?
- Experto en seguridad es más apropiado.
- Ya. Bienvenido.
- Gracias.
Por la noche, en casa, Andrés intenta aclarar la situación.
- ¿Pero cómo han llegado hasta ti?
- Tú le hablaste de mi a Marco y le dijiste a lo que me dedicaba. ¿Qué problema ves en que me hayan contratado? ¿Que ya no podrás jugar a James Bond conmigo?
- Hace unos días querías llamar a la policía para denunciar a la empresa y ahora trabajas para ellos.
- Ahora veo las cosas más claras. Tanto secretismo me hacía ver fantasmas.
- No logro entenderlo.
- Un superordenador, Andrés. ¿No entiendes que es la oportunidad de mi vida? Trabajar directamente con un superordenador, manejando sus entrañas.
- Está bien, es una gran oportunidad, pero nunca te habías planteado trabajar fuera de Barcelona. No estaremos juntos.
- Vamos, nos veremos el fin de semana y hablaremos todos los días. Será una temporada. Además, con lo que tú trabajas, apenas nos vemos de todas maneras.
- Está bien. No me hace gracia que te vayas, pero si eso te hace feliz, tu misma.
Ingrid besa a su marido con ternura y empieza a preparar sus cosas para irse ese mismo fin de semana.
- Ha sido una buena jugada - Le dice el hombre de tez morena a Marco mientras ve a la pareja besarse en el monitor que tiene enfrente. - Pensé que ibas a tomar otro tipo de medidas.
- En esta ocasión no tenía sentido. La he investigado y es buena en su trabajo. Necesitamos gente como ella para el mantenimiento del sistema.
- Respecto a los individuos seleccionados, ya tenemos a los quince que necesitamos.
- ¿En qué Fase se encuentran?
- Tenemos nueve que ya están en Fase 1, cinco en Fase 2, Marta que está a punto de pasar a Fase 2 y el nuevo chico, Oriol, que está en Fase 3. Con él tendremos que acelerar su evolución para poder estar a punto en el lanzamiento del sistema en septiembre.
Son menos de dos meses. Espero que aguante.
Escribe un comentario