Capítulo 3: Revelación (3)
Abril 22, 2008
Andrés recupera el conocimiento en una habitación fría, con paredes y suelo de cemento, y un banco, junto a la pared, del mismo material. Una puerta de hierro cierra la única salida. Parece una celda.
No sabe qué está haciendo allí. Le duele la cabeza horriblemente y no logra recordar sus últimos momentos de conciencia.
Se sienta en el banco e intenta despejar su mente. No puede permitir que el miedo le paralice. Tiene que estar listo para reaccionar ante cualquier situación que pueda producirse.
Se esfuerza por recordar sus últimas experiencias antes de llegar a la oscuridad de la que ha salido. Recuerda que estaba en el trabajo. No recuerda haber salido de allí. ¿Qué estaba haciendo? Marco, recuerda a Marco en su despacho. Estaba hablando con él. Pero, ¿de qué hablaban? Visualiza trozos de la conversación. Fase 1. Recuerda esa frase. Estimulación neuronal. Falta de ética. Ya recuerda la conversación. Pero, ¿cómo acabó? ¿Cómo llegó hasta ese lugar?
Sigue esforzándose y recuerda un pinchazo en el cuello. Instintivamente se lo palpa buscando alguna respuesta. Está claro que ha hecho demasiadas preguntas a la persona equivocada.
Le han utilizado desde el principio. A él, a Marta, a Oriol y seguro que a muchos más que no conoce. Incluso a Ingrid. Él la ha metido en todo esto. Ella lo vio claro desde el principio y él la ignoró.
¿Qué pasará ahora? Su único pensamiento es conseguir salir de ahí y hacer pública toda esta locura.
Unas horas más tarde, se abre una pequeña compuerta en la pared frente al banco de cemento y se enciende un potente foco de luz cegadora. Andrés intenta protegerse de la luz con las manos. No quiere cerrar los ojos por si se produce algún movimiento más.
Enseguida se abre la puerta de hierro y entran dos hombres corpulentos y uniformados. Se acercan rápidamente a Andrés que apenas los ve venir y lo tienden en una camilla donde lo atan de pies y manos. Andrés intenta zafarse de sus captores, pero está inmovilizado por sus fuertes manos y brazos. Una vez atado, se da cuenta que ha perdido su oportunidad y deja de resistirse para ahorrar energías.
- ¿Dónde me lleváis? ¿Dónde estoy? Respondedme, ¡maldita sea! - Sus gritos no obtienen ningún tipo de respuesta de los hombres que empujan la camilla por un pasillo repleto de puertas de hierro como la que cerraba su celda.
Al final del pasillo, se abre automáticamente una puerta y llegan a una sala blanca muy iluminada con una camilla en el centro como único mobiliario.
Paran su camilla junto a la del centro de la sala. Andrés se prepara para lanzar una patada o puñetazo en cuanto le suelten para pasarle a la otra camilla, de aspecto más mullido y que se encuentra fijada al suelo por un único soporte central.
Pero antes de soltarle, uno de los camilleros le inyecta una droga de nuevo en el cuello.
Esta vez no queda inconsciente. Se relaja inmediatamente, sintiendo todo su cuerpo muy pesado. Tanto, que no puede ni levantar un brazo. Su mente también está relajada, a la expectativa.
Los camilleros lo desatan sin peligro de resistencia y lo colocan en la otra camilla donde también lo atan. Lo hacen sin mediar palabra, conociendo bien su trabajo. Sin duda, es algo que han hecho muchas veces.
Dejan solo a Andrés y cierran la puerta tras de sí. No puede hacer nada. Está atrapado, sin posibilidad de resistencia. Pueden hacer con él lo que quieran.
‘No se atreverán a hacerme daño, soy demasiado valioso para ellos’, piensa Andrés, intentando convencerse a sí mismo y superar así el miedo que le invade.
- No se preocupe, relájese y todo irá bien. - Dice una voz metálica proveniente de algún altavoz oculto.
- ¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy? - Replica Andrés con un hilo de voz, ávido de alguna respuesta.
- Vamos a ofrecerle la posibilidad de una existencia mejor.
- ¿Cómo? - La relajación de su cuerpo a causa de la droga le está adormeciendo sin que pueda hacer nada por evitarlo.
Sus ojos se cierran justo después de ver cómo una especie de antena parabólica desciende desde el techo emitiendo un intenso pitido.
Una semana después de la desaparición de Andrés, Marta sigue con el intenso trabajo. La fecha de arranque del sistema está cada vez más cercana y, un mes antes, se debe dar por cerrado todo el desarrollo y todas las pruebas de la versión inicial. Después se continuará trabajando en los posibles bugs[1] que vayan apareciendo, de manera que se realicen actualizaciones transparentes al usuario.
Su preocupación por Andrés es creciente, pero no se atreve a comentarlo con nadie. Marco insiste en que se encuentra en el CPD Catllarás con las últimas pruebas antes del arranque.
Su capacidad de trabajo ha aumentado considerablemente, así como la de Oriol. Algunos días se siente mareada y con dolor de cabeza al salir de la oficina, pero lo atribuye al exceso de trabajo.
[1] Bug: término inglés que se utiliza para definir errores detectados en algún software.
Escribe un comentario