Capítulo 4: Lanzamiento (1)
Abril 24, 2008
A principios de septiembre empiezan las ventas del nuevo dispositivo. Hay una campaña de marketing invasiva. Los ciudadanos se encuentran con publicidad en todos los medios de comunicación. Las revistas y periódicos dedican extensos artículos al funcionamiento del nuevo sistema. Las televisiones realizan reportajes y recogen opiniones de usuarios.
Los anuncios ya no son enigmáticos, sino descriptivos de todas las funcionalidades y modelos disponibles. Aún así, siguen teniendo el encanto y el atractivo de una buena campaña de marketing.
Marcial y sus compañeros siguen con atención toda la campaña. Incluso en muchas de sus clases los profesores toman como ejemplo estos anuncios y basan sus explicaciones en ellos, para mantener la atención de los alumnos con ejemplos actuales e interesantes para ellos.
Es imposible mantenerse al margen. Poco a poco, se va creando sobre los ciudadanos una necesidad artificial. La necesidad de tener algo que realmente no necesitan. Cada vez más gente aparece por el trabajo con su nuevo dispositivo en la muñeca y lo muestran con orgullo a sus compañeros. Se crean camaraderías con los que lo tienen, comparten información sobre su funcionamiento y hacen broma con los que todavía utilizan el anticuado móvil.
Los directivos y comerciales son los primeros en sucumbir a la nueva necesidad impuesta. Es cuestión de imagen. Las PDAs y BlackBerries quedan obsoletas. En las reuniones se muestran con orgullo los mejores modelos.
Los políticos, sobretodo los del partido gobernante que ha promocionado el nuevo dispositivo, dan ejemplo utilizándolo y alabando sus funcionalidades. En las webs oficiales se explica cómo utilizarlo para facilitar trámites administrativos. Ya no hace falta rellenar interminables cuestionarios con información que ya se había proporcionado, ni incluir copias de documentos oficiales obtenidos en otras instituciones de la Administración. Con una lectura del nuevo dispositivo, se recupera toda la información que se centraliza a través de SARA, aunque de manera totalmente transparente al usuario.
Los establecimientos más exclusivos son los primeros en admitir el pago mediante el nuevo dispositivo.
También los trabajadores más humildes y los estudiantes, quedan rápidamente ensimismados por las maravillas del nuevo dispositivo. Los más reticentes son los ciudadanos más mayores, que suficiente han tenido con aprender a utilizar el móvil, como para ahora complicarse con otro aparato más intrincado.
Las ventas son astronómicas, las tiendas agotan rápidamente las existencias a pesar del elevado precio del producto.
Nuevas remesas llegan a las tiendas con todas las unidades reservadas de antemano. La cercana campaña navideña se prevé impresionante y se teme no poder dar servicio a tanta demanda. Las fábricas funcionan a todo ritmo y se subcontratan partes del proceso de producción para poder fabricar más rápidamente.
Aparecen algunos errores en el funcionamiento de los dispositivos, pero cada error detectado es enviado directamente a la central de incidencias y resuelto rápidamente por el equipo de mantenimiento. Una vez solventadas las incidencias, se realiza una actualización automática de todas las unidades, evitando que se reproduzcan los errores ya solventados. Esta actualización es totalmente transparente al usuario, que no llega a saber que su preciado gadget ha sido actualizado.
En el búnker hay una gran actividad de control de los datos recibidos y existe una estrecha colaboración con las autoridades para detectar actividades sospechosas.
Se controlan todos los accesos fronterizos donde se utiliza el dispositivo como pasaporte y donde para los que no lo tienen, se envía una imagen escaneada del pasaporte que es analizada por un detector tipográfico y almacenados los datos. Combinando esta información con la de personas buscadas, se logra un control mucho más efectivo de las fronteras.
El nuevo sistema, registra todas las llamadas realizadas desde los dispositivos y las analiza en busca de palabras concretas que puedan utilizar delincuentes, del mismo modo que viene haciendo la CIA desde hace tiempo en zonas determinadas del planeta. El superordenador posee un interpretador de voz humana capaz de reconocer ciertas palabras clave como nombres de armas o de organizaciones terroristas. Al detectar una de estas palabras, se envía la grabación de la conversación a las autoridades pertinentes para su investigación.
Por otro lado, se controlan todos los pagos realizados mediante el dispositivo como si de la tarjeta de crédito se tratase. Se almacenan por cada usuario y se realizan estadísticas de hábitos de consumo, de eficacia de la publicidad, de frecuencia de compra, etc.
Se comprueban los gastos realizados con los ingresos declarados para detectar discordancias que indiquen la utilización de dinero negro.
Se controlan los movimientos de los ciudadanos mediante el GPS incorporado al dispositivo. Existen unas zonas delimitadas como restringidas que provocan una investigación en caso de ser visitadas.
Ciertas personas son vigiladas de cerca mediante el dispositivo, tales como presuntos colaboradores de bandas terroristas, delincuentes conocidos o liberados tras su condena, políticos radicales, hombres de negocios poderosos, periodistas de investigación y todo aquel que pueda incurrir en actividades delictivas o molestas para el Gobierno.
Todo este cruce de información es analizado mediante el superordenador que marca las actividades sospechosas. Éstas deben ser investigadas más detenidamente para ser enviadas a la policía o descartarlas.
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