Tras un año desde el lanzamiento del nuevo gadget, catorce millones de personas ya lo han adquirido y lo utilizan a diario en España. En Italia, el ritmo de ventas y de adaptación de sistemas está muy avanzado después de seis meses de funcionamiento.

En ese momento, con el producto muy probado y mejorado en algunos aspectos, se realiza el lanzamiento en el resto de países europeos con grandes expectativas.

Desde Estados Unidos se observa detenidamente la expansión del nuevo producto y ya empiezan a negociarse las condiciones de explotación con el gran holding en el que se ha convertido Arli Tech.

En este país, tan dado a los debates y análisis televisivos, se preguntan cómo puede haberse desarrollado un sistema tan futurista como este en la vieja Europa, sin que hayan sido ellos o los japoneses los pioneros.

Como ya se esperaba, surgen detractores por parte de grupos antisistema, pero sus protestas y discursos no pueden parar la gran maquinaria que se ha puesto en marcha.

El Presidente español y su Gobierno, aliado de Arli Tech desde el principio, se ha erigido como gran defensor y estandarte del sistema ante su país y ante la Unión Europea.

En su afán de divulgación, en el aniversario del lanzamiento, presenta un plan en el Parlamento para que la utilización del gadget pase a ser obligatoria al cabo de un año. De esta manera pretende la eliminación de los documentos oficiales de identidad, ahorrando así la ardua tarea administrativa que supone su expedición y control.

Para que todo ciudadano mayor de edad disponga del obligado gadget, promete una subvención para facilitar la compra y un acuerdo con Arli Tech para el desarrollo de un modelo más sencillo y económico que cubra las necesidades de los estratos más humildes de la población.

El mencionado plan acarrea un gran revuelo político por parte de los partidos de la oposición y es noticia durante mucho tiempo.

La opinión pública está enfrentada. Hay quien opina que es un gran avance tecnológico que le facilita la vida y hay quien opina que es una imposición antidemocrática y que tiene como único objetivo el control de los ciudadanos por parte del poder ejecutivo.

En las ciudades más pobladas, la reacción es mayoritariamente a favor de la utilización del nuevo dispositivo, pero en el interior, en zonas más rurales, las reticencias se multiplican, alzando voces en contra.

Otros países alaban la decisión del Gobierno español y no descartan aplicar la iniciativa en su propio territorio más adelante. El presidente francés va más allá y anuncia que su país promoverá la obligatoriedad del uso del dispositivo en un corto periodo de tiempo y que presionará a la Unión Europea para que todos sus miembros tomen esa misma decisión para unificar así el control de las fronteras europeas.

El debate queda abierto y todos los países afectados hacen declaraciones a favor o en contra sobre esta posible obligatoriedad, colapsando las noticias con este tema.

Ante la anunciada ley de obligatoriedad de utilización del gadget, un elevado porcentaje de gente que no lo tiene todavía, se decide a adquirirlo para no tener problemas de agotamiento y aglomeraciones más adelante.

Paralelamente al despliegue efectuado por Arli Tech, nuevas empresas se crean para aprovechar las oportunidades de negocio generadas, como por ejemplo para la adaptación de controles de acceso y apertura automática de puertas a través del gadget.

Los grandes almacenes son de los primeros en aprovechar sus ventajas y encargan la adaptación de sus sistemas para sustituir sus tarjetas de fidelización por una lectura de los datos del usuario a través del gadget.

Importantes empresas con agentes comerciales que utilizaban PDAs o portátiles para la comunicación con sus empresas, aprovechan el lanzamiento del gadget empresarial Plutón para adaptar sus sistemas e integrar funcionalidades.

Empresas de consultoría informática crean departamentos especializados en la integración de sistemas con el gadget. Para ello, Arli Tech proporciona una serie de APIs[1] que ofrecen funciones o rutinas que pueden ser llamadas desde un programa para interactuar con el dispositivo.

Algunas de estas nuevas empresas, nacidas del espíritu emprendedor de sus creadores, son adquiridas por el holding Arli Tech para mantener su control sobre todas las operaciones realizadas sobre el gadget.

El gran holding también se enfrenta a problemas, como los expedientes en estudio por parte de los tribunales de competencia español y europeo, pero los dirigentes del holding saben dónde y cómo encontrar respaldos poderosos.


[1] API es el acrónimo correspondiente a ‘Application Program Interface’, o ‘Interfaz de Aplicación del Programa’. Una API representa un interfaz de comunicación entre componentes software.

 

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