Mientras, en Arli Tech, se han aplazado las vacaciones de sus empleados hasta el lanzamiento del sistema. Se han prometido compensaciones económicas importantes y la realización íntegra de las vacaciones más adelante.

El desarrollo está prácticamente finalizado y se están realizando pruebas masivas para comprobar la fiabilidad del producto.

Por fin han llegado los primeros prototipos para la realización de pruebas más reales. Se ha creado un juego de pruebas a nivel internacional, aunque el lanzamiento se realizará en España y después de seis meses en Italia.

La telaraña de superordenadores y de satélites está instalada y activa. Se están fabricando los lectores que se distribuirán por los aeropuertos, comercios, hoteles y administraciones y que irán sustituyendo poco a poco a otros sistemas como los TPVs de las tarjetas de crédito o la revisión manual de pasaportes en aeropuertos y otras zonas fronterizas.

También están en fabricación los primeros gadgets. Existen cinco modelos distintos en cuanto a tamaño y diseño, con un precio que oscila desde los 400 a los 1500 euros el más exclusivo.

Andrés trabaja entre catorce y quince horas diarias a un ritmo infernal. No es el único. Marta y Oriol, trabajando en equipo, están realizando grandes avances respecto a la seguridad del gadget. A parte de sus propias pruebas, obtienen datos de un equipo de hackers, en paradero desconocido, que atacan constantemente el sistema de soporte y a quienes se les han entregado varios prototipos para que intenten piratearlos.

Se está realizando una integración de todo el software creado en todos los centros de desarrollo, tanto nacionales como internacionales. Cada uno aporta su pieza que, unida al resto, formará un todo para lograr el complicado software que funcionará como corazón del dispositivo.

Ingrid trabaja en el búnker, integrada en el equipo de técnicos de sistemas que mantienen en perfecto funcionamiento el superordenador. Le gusta su trabajo y está contenta de la decisión tomada.

Algunos fines de semana vuelve a Barcelona para estar con Andrés, pero cada vez más a menudo, hace turnos en el trabajo que le impiden ver a su marido. Con la presión del arranque del sistema, tienen que dar servicio 24/7[1].

Su vida en el pueblo es sencilla y el poco tiempo que tiene libre lo dedica a descansar y a pasear.

A Andrés no se le escapa que Oriol, el joven de reciente incorporación, también está desarrollando grandes habilidades que no parecía poseer. Le parece que Arli Tech tiene secretos ocultos, pero le gustan sus nuevas capacidades, le gusta su trabajo y está deseando que llegue el momento de poner en funcionamiento todo el sistema para comprobar que el esfuerzo realizado ha valido la pena.

Una tarde, decide entrar en el despacho de Marco para plantear sus dudas.

- Hola Marco.

- Hola Andrés, ¿cómo va todo?

- Bien, gracias. Quería aclarar unas dudas que me persiguen.

- Te ayudaré en todo lo que pueda.

- No acabo de entender cómo es posible que algunos empleados de esta empresa estemos desarrollando unas increíbles cualidades de aprendizaje y trabajo. Estoy encantado con estas cualidades, pero me inquietan. Sé sincero conmigo. ¿Qué nos estáis haciendo?

- Veo que ha llegado el momento de que pases a la Fase 1.

- ¿A qué te refieres con la Fase 1? ¿Qué fases son esas?

- Las fases de desarrollo neuronal a las que te estamos sometiendo. No te asustes, es totalmente inofensivo.

- Entonces es cierto.

- Sí. Ya no puedo ocultártelo por más tiempo. Un proyecto de esta envergadura hubiese llevado décadas para su desarrollo. Como no disponíamos de tanto tiempo, decidimos aplicar una técnica descubierta por investigadores de una de las empresas del holding Arli Tech.

- Desarrollo neuronal. ¿Cómo funciona?

- Mediante la emisión de ciertas ondas hacia el cerebro del individuo, provocando una estimulación de las neuronas que permite desarrollar la utilización del cerebro a un nivel desconocido hasta el momento.

- ¿Por eso me desmayé hace un tiempo?

- Un bombardeo de ondas demasiado prolongado y a alta potencia puede llegar a ser peligroso, pero permite una mejora sustancial de las capacidades que puede ser necesaria en ciertos momentos. Te puedo asegurar que en ningún momento, ninguno de los individuos tratados ha estado en peligro. Sois demasiado valiosos para nosotros.

- ¿Y no tiene efectos secundarios? ¿Cómo una inevitable locura al cabo de cierto tiempo de tratamiento?

- Llevamos años investigando. Es totalmente seguro.

- ¿Qué es la Fase 1?

- Es la última fase del tratamiento. Cuando el individuo es consciente de su mejora y la acepta libremente, se le puede someter a un tratamiento más intenso al estar más receptivo. Aunque hay un límite que no puede sobrepasarse.

- ¿O?

- Es peligroso. No se sabe qué podría pasar. Mejor no comprobarlo.

- ¿Y porqué no me consultó nadie antes de convertirme en un ratón de laboratorio? Nadie me ha dado la opción a negarme. No es ético.

- Lo sé. Te pido perdón, pero no todo el mundo puede ser tratado con este método. Cuando encontramos un buen candidato, necesitamos que se quede con nosotros. No podemos arriesgarnos a perderlo por un debate ético.

- Pues puede pasarte ahora, cuando ya habéis invertido mucho en mi, como dices.

- Eso no va a pasar.

Antes de que Andrés pueda preguntar a qué se refiere, un hombre que ha aparecido de una puerta camuflada del despacho de Marco, le inyecta en el cuello un líquido mediante una inyección neumática.

Al instante, Andrés se duerme y el hombre que le ha suministrado la droga lo aguanta por debajo de los brazos para que no caiga al suelo. Tras cambiar una mirada con Marco, que asiente lentamente con la cabeza, el hombre levanta a Andrés de la silla y lo arrastra hacia la puerta camuflada en la pared.

A la mañana siguiente, a la hora del desayuno, Marta se da cuenta de la ausencia de Andrés y pregunta a Marco.

- Hola Marco, ¿sabes dónde está Andrés? No lo he visto en todo el día.

- Lo he enviado unos días al CPD Catllarás para participar en las pruebas integrales con el resto de países.

- Vaya, no me comentó nada.

- Ha sido todo un poco precipitado. Se lo dije ayer por la tarde. ¿Qué tal va con Oriol?

- Muy bien, se le ocurren unas cosas para intentar quebrantar la seguridad del gadget que a mí ni se me pasarían por la cabeza. Es de gran ayuda.

- Me alegro. Recuerda que se acerca la fecha del arranque.

- Desde luego.

Marta se aleja hacia su despacho extrañándole que Andrés no le haya comentado nada de su marcha. Suelen desayunar cada día juntos y se cuentan cosas que van más allá de la relación laboral. Conoce las dudas que se planteaba Andrés, porque las comparte, y tiene sus reparos sobre la transparencia de la empresa.

Por la noche, al llegar a casa, conecta su ordenador personal y a través de su correo electrónico personal de Gmail, envía un mensaje a la dirección personal de Andrés, evitando utilizar el correo electrónico de la empresa.

‘Hola Andrés. Espero que estés bien. Marco me ha dicho que te ha enviado al CPD Catllarás para unas pruebas, pero me extraña que te hayas ido sin decirme nada. Por favor, dime algo para no preocuparme. ¿No habrás hecho ninguna pregunta indiscreta, verdad?’

Antes de irse a dormir, Marta comprueba su correo y ve con satisfacción que tiene una respuesta de Andrés.

‘Hola Marta, no te preocupes, todo va bien. Estoy en el CPD como te dijo Marco. Hoy tengo turno de noche para seguir con las pruebas de integración. Nos veremos pronto. Saludos, Andrés’.

Marta relee el mensaje varias veces. Algo no le cuadra en la redacción del mensaje, no parece Andrés el que escribe. Piensa un momento y se da cuenta de algo. No hay conexión libre a Internet en los terminales del búnker. No puede haber respondido desde allí y, en cambio, dice que lo está haciendo.

Parece que alguien ha respondido haciéndose pasar por Andrés. Pero, ¿dónde puede estar? ¿Le habrán hecho daño? ¿Por qué iban a hacérselo?


[1] 24/7: veinticuatro horas durante los siete días de la semana. Se utiliza para definir el servicio de atención permanente.

 

Marcial es un joven estudiante de publicidad de 20 años. Cada día va en metro al complejo universitario situado en la Avenida Diagonal de Barcelona. Vive con sus padres en Hospitalet de Llobregat, una urbe de 250.000 habitantes pegada a Barcelona y conocida como ciudad dormitorio.

Junto a sus compañeros de segundo curso, Marcial se siente a gusto en la Universidad. El salto de COU a los estudios universitarios le ha parecido enorme, y se siente más adulto y libre. La carrera que ha escogido le parece muy interesante y está deseando poder poner en práctica la creatividad que le desborda. Con la seguridad y petulancia de la juventud, junto a sus compañeros, analiza los spots televisivos desgranando sus fallos e imaginando mejores formas de llevarlos a cabo.

Están época de exámenes. Ya han hecho cuatro y a la mañana siguiente tienen otro programado a las nueve de la mañana. Tanto Marcial como sus compañeros son buenos estudiantes y no temen demasiado a los exámenes. Están repasando tumbados en el césped de la Universidad. Son un grupo de tres chicos y dos chicas que desde el primer día se sintieron a gusto juntos y que se han vuelto inseparables.

Sandra es una de las chicas del grupo y para Marcial es la mujer más bella del mundo. Se ha enamorado de ella y procura estar cerca de ella el mayor tiempo posible. Todavía no se ha atrevido a lanzarse e intentar ser algo más que amigos. A veces le parece que ella se siente atraída por él, pero otras veces parece que no le hace ni caso. Marcial se siente confuso y ha llegado a la conclusión que no hay quien entienda a las mujeres.

Los anuncios de telefonía móvil son siempre objeto de debate entre los amigos. Están respaldados por importantes empresas con grandes presupuestos y siempre buscan el impacto con imágenes y música impresionantes.

Todos están de acuerdo en que unos de los anuncios más acertados de un operador de telefonía móvil eran los que mostraban gran cantidad de gente de todo tipo bailando completamente vestidos de verde. En su momento fueron todo un ejemplo de anuncio bien hecho.

Sergi llega un poco tarde, como siempre, y se une a sus cuatro compañeros en el césped de la universidad.

- ¡Hola tíos!

- Machista – Replica Sandra.

- ¡Hola tías!

- Eso está mejor…

- ¿Alguien vio ayer por la noche un nuevo anuncio que parece que va de móviles pero que no dicen qué anuncian? Es una pasada.

- No lo he visto. ¿De qué empresa es? – Pregunta Marcial.

- Ni idea. Es muy enigmático. ¿Queréis verlo? – Mientras dice esto, Sergi saca del bolsillo del pantalón su iPod Nano de nueva generación que permite reproducción de videos. – Me lo he bajado esta mañana de Internet.

- Venga, dale. – Dice Marcial impaciente.

El iPod reproduce el anuncio mientras los amigos lo miran atentos. En un fondo blanco infinito, se hace un zoom que localiza y muestra una papelera en el gran vacío. Resuenan unos pasos que se acercan hasta que aparece un hombre de unos treinta años vestido con un traje de corte moderno. El hombre sostiene un teléfono móvil del que no se puede apreciar la marca y, después de mirarlo por unos instantes, lo lanza con ganas a la papelera. Acto seguido, se oye un sonido como de fricción y aparece una chica sobre un skate que se dirige hacia la papelera. Al llegar, salta con el skate y lanza otro móvil a la papelera. Entonces empieza a invadir la pantalla gente de todo tipo que se acercan a la papelera y tiran sus teléfonos móviles.

Cuando la papelera está rebosando teléfonos, todo el mundo se pone de cara a la cámara con los pies ligeramente separados, bien erguidos y alzan el brazo izquierdo. De todas las muñecas de los brazos alzados, surge un resplandor que va creciendo hasta iluminar toda la pantalla y ocultar a las personas. En ese momento una frase aparece en pantalla ‘Tira tu móvil, ya no te va a hacer falta’.

- ¿Qué os parece? ¡Es la bomba!

- Una pasada. – Dice Raúl.

- Impresionante. – Comenta Sandra.

- Yo quiero hacer cosas como esas. – Replica Marcial, pensativo.

- ¿Qué debe ser lo que anuncian? – Pregunta Nuria.

- Algún nuevo móvil, supongo. – Aventura Sergi.

- Entonces no dirían que ya no necesitamos el móvil. Tiene que ser algo diferente. – Responde Marcial.

- Será un móvil al que han añadido algo nuevo y le quieren cambiar el nombre, ¿no? – Sandra busca el apoyo de sus compañeros.

- Puede. A ver cuánto tardan en sacar un nuevo anuncio. Estoy deseando verlo. – Comenta Raúl.

La cuenta atrás ha empezado, la maquinaria del marketing empieza a rodar. Anuncios intrigantes como este, sobre un nuevo dispositivo que desbancará al teléfono móvil, empiezan a aparecer en televisión, en la prensa y, sobretodo, en Internet.

Pequeñas filtraciones intencionadas inician largos debates en blogs tecnológicos. Aparecen visionarios que presagian la desaparición del móvil, de los ordenadores, del trabajo tal como lo conocemos.

Poco a poco se va haciendo más grande la bola de la suposición y la imaginación. Nadie conoce la empresa que ha impulsado esta enigmática campaña de publicidad. Se difunde la noticia de que el secreto se desvelará en el siguiente Mobile World Congress que se celebrará en Barcelona. Se trata de la más importante feria del móvil de todo el mundo y ha puesto a Barcelona en la cumbre mundial del sector.

Pero para este congreso faltan meses, puesto que se celebra en febrero y estamos a principios de julio. Nadie está seguro de si es cierto el rumor. Aparecen analistas en las televisiones asegurando que una empresa seria se esperaría a este evento para dar a conocer las novedades. Otros creen que es una locura esperar, teniendo el mercado navideño por delante. Si se trata de un dispositivo tan atractivo como se rumorea, la gente aprovechará para regalarlo en la época navideña, ávida de nuevas ideas para obsequiar. También existen escépticos que no dan crédito a las especulaciones que les rodean y que no creen posible la aparición de un dispositivo de tales características.

Unas horas más tarde, Ingrid sale del trabajo para comer con una amiga. Al salir a la calle, un hombre elegante y con sonrisa de político se le acerca.

- Buon giorno signora Ingrid. Mi nombre es Marco Andrali. Soy el jefe de su marido. ¿Me permite invitarla a comer para mantener una charla?

- He quedado con una amiga, lo siento. – Responde Ingrid.

- Yo de usted la llamaría para anular la cita. He de hacerle una propuesta que estoy seguro que le interesará.

Ingrid mira fijamente a los ojos a Marco, valorando la situación. Finalmente responde.

- Está bien. A ver si me aclara qué es lo que le está pasando a mi marido y porqué se comporta de esa manera tan rara últimamente.

- Sólo quiero lo mejor para mis empleados. Téngalo por seguro. Tengo el coche aquí cerca. Puede llamar a su amiga de camino.

Sentados a la mesa en la terraza del restaurante Can Travi Nou, después de haber elegido, Marco reanuda su conversación.

- Como le decía, Andrés es uno de nuestros mejores hombres. Lo aprecio mucho como empleado y como persona. Ha logrado grandes cosas en poco tiempo y tiene un gran futuro dentro de la empresa.

- ¿A qué precio?

- Al que él diga. Nadie le impone nada. Le animamos a que haga su trabajo lo mejor posible, pero no le obligamos a hacer horas. Ni directa ni indirectamente con amenazas veladas, ni con costumbres implantadas.

- ¿Y esa nueva capacidad de aprenderlo todo tan deprisa?

- Supongo que siempre la ha tenido, pero nadie le ha animado a utilizarla.

- Bueno, ¿y cuál es la proposición que quería hacerme?

- Esperaba a los postres para hacerla, pero veo que quiere ir al grano.

- No me gustan los rodeos.

- Está bien. Andrés me ha hablado de su trabajo como analista de sistemas de grandes máquinas en un banco. ¿Le gusta su trabajo?

- Sí. Me gusta trabajar directamente con la máquina, me permite conocer su funcionamiento a bajo nivel.

- ¿Qué le parecería trabajar como técnico de sistemas de un superordenador?

- ¿Me está ofreciendo trabajo?

- Pues sí.

Al cabo de dos días, Andrés está en su despacho trabajando arduamente cuando llaman a su puerta.

- Hola Andrés. Ven a mi despacho. Quiero presentarte a dos nuevas incorporaciones. Una nos ayudará con el desarrollo de software y la otra se incorporará al equipo de sistemas del superordenador. – Le dice Marco sin entrar en el despacho.

- Muy bien. No sabía que también te encargabas de la gente de sistemas. Creía que iban directamente al CPD Catllarás.

- Normalmente no lo hago, pero es un caso un tanto especial.

Se dirigen al despacho de Marco. Por la puerta abierta, Andrés puede ver a un joven de unos veinte años que habla con una persona sentada en la silla de al lado, la cual queda oculta por el marco de la puerta.

Al franquear la entrada del despacho, Andrés puede ver al ocupante de la otra silla. Se para en seco y mira atónito hacia su mujer, Ingrid, que le sonríe y le guiña un ojo.

- Aquí los tienes. A Ingrid ya la conoces. Se incorpora como técnico de sistemas en el CPD Catllarás. Y este es Oriol, que se incorporará al equipo de desarrollo.

- Pero, ¿qué haces tú aquí? – Andrés solo tiene ojos para su mujer, mirándola consternado. Oriol se siente desplazado y observa incómodo la situación.

- Marco me ha hecho una oferta que no puedo rechazar. Me ha contado todo lo que estáis haciendo aquí. Ahora entiendo perfectamente que no pudieses explicarme ciertas cosas. Siento haberte presionado.

- ¿Qué quiere decir que trabajarás en el CPD Catllarás? Está muy lejos.

- La empresa me alquila un apartamento en Borredá, un pueblecito cercano. Me irá bien un poco de tranquilidad. Nos veremos el fin de semana. Puedo venir yo a Barcelona o ir tú a Borredá y paseamos por la montaña o descansamos.

- Mejor que estas cosas las habléis luego en privado. – Comenta Marco para evitar una discusión de pareja en su despacho.

- Sí, claro. – Andrés sigue mirando a su mujer como si no entendiese qué está haciendo allí.

- Oriol trabajará con Marta en la seguridad del gadget. Aquí donde lo ves, a sus diecinueve años, ha conseguido penetrar en algunos sistemas importantes.

- ¿Es un hacker?

- Experto en seguridad es más apropiado.

- Ya. Bienvenido.

- Gracias.

Por la noche, en casa, Andrés intenta aclarar la situación.

- ¿Pero cómo han llegado hasta ti?

- Tú le hablaste de mi a Marco y le dijiste a lo que me dedicaba. ¿Qué problema ves en que me hayan contratado? ¿Que ya no podrás jugar a James Bond conmigo?

- Hace unos días querías llamar a la policía para denunciar a la empresa y ahora trabajas para ellos.

- Ahora veo las cosas más claras. Tanto secretismo me hacía ver fantasmas.

- No logro entenderlo.

- Un superordenador, Andrés. ¿No entiendes que es la oportunidad de mi vida? Trabajar directamente con un superordenador, manejando sus entrañas.

- Está bien, es una gran oportunidad, pero nunca te habías planteado trabajar fuera de Barcelona. No estaremos juntos.

- Vamos, nos veremos el fin de semana y hablaremos todos los días. Será una temporada. Además, con lo que tú trabajas, apenas nos vemos de todas maneras.

- Está bien. No me hace gracia que te vayas, pero si eso te hace feliz, tu misma.

Ingrid besa a su marido con ternura y empieza a preparar sus cosas para irse ese mismo fin de semana.

- Ha sido una buena jugada – Le dice el hombre de tez morena a Marco mientras ve a la pareja besarse en el monitor que tiene enfrente. – Pensé que ibas a tomar otro tipo de medidas.

- En esta ocasión no tenía sentido. La he investigado y es buena en su trabajo. Necesitamos gente como ella para el mantenimiento del sistema.

- Respecto a los individuos seleccionados, ya tenemos a los quince que necesitamos.

- ¿En qué Fase se encuentran?

- Tenemos nueve que ya están en Fase 1, cinco en Fase 2, Marta que está a punto de pasar a Fase 2 y el nuevo chico, Oriol, que está en Fase 3. Con él tendremos que acelerar su evolución para poder estar a punto en el lanzamiento del sistema en septiembre.

Son menos de dos meses. Espero que aguante.

Al día siguiente, después de tomar un café con Marta y comentar lo impresionante de las instalaciones del CPD Catllarás, Andrés vuelve a su puesto y continúa con su tarea con gran dedicación.

Al cabo de una hora, empieza a notar un leve pitido en los oídos que va incrementándose rápidamente hasta que se le hace insoportable. Intenta incorporarse pero siente cómo se marea y se le nubla la vista. Finalmente se desmaya sobre el teclado, rebota y cae al suelo con gran estrépito.

Varios compañeros acuden en su ayuda, entre ellos Marta que le mira con preocupación.

- Andrés, Andrés, responde. ¿Me oyes? Vamos a sacarlo de aquí a un sitio más abierto donde pueda respirar. ¿Alguien ha avisado al médico?

- ¿Qué ha pasado? – Pregunta Andrés abriendo los ojos.

- Te has desmayado, ¿no te acuerdas?

- Noté un pitido muy fuerte. Ya no recuerdo más.

- Vamos, te llevaré a urgencias.

- No hace falta, ya estoy bien.

- De eso nada, tiene que verte un médico.

Desde un monitor, dos hombres contemplan lo sucedido a través de las cámaras ocultas por toda la oficina.

- Esta vez nos hemos pasado. Podríamos haberle matado – Comenta Marco al hombre de tez morena.

- Necesitamos que aumente su capacidad de trabajo para lograr los objetivos. Lo sabes muy bien. Él puede soportarlo, ya viste los resultados de las pruebas que hicimos antes de contratarlo.

- Está empezando a sospechar. Ayer me preguntó cómo puede ser que tanta gente mejore su capacidad de trabajo.

- Todos pasan por esa fase, ya lo sabes.

- Está bien, pero intenta ir con más cuidado.¿Cómo va Marta?

- Está soportando muy bien la Fase 3, pronto podremos pasarla también a la Fase 2. Necesitamos que todos los individuos estén en Fase 1 antes de poner en marcha el sistema.

- Bien, sigamos así. Pronto incorporaremos al último de los individuos que necesitamos. ¿Qué tal la vigilancia privada?

- Marta no tiene pareja estable, únicamente relaciones esporádicas con hombres distintos. Andrés está teniendo serios problemas de pareja. La situación se está poniendo muy tensa. Cada noche discuten y no mantienen relaciones desde hace semanas. ¿Qué quieres que hagamos con su mujer?

- De momento nada, lo pensaré detenidamente.

- No tardes, tanta discusión puede afectar su capacidad de concentración en el trabajo. Mejor cortar por lo sano.

En urgencias de la clínica privada que cubre la póliza médica de la empresa, no han encontrado nada que pueda haber provocado los pitidos y el desmayo. Lo han atribuido al estrés y han aconsejado dos días de descanso.

Marta lleva a Andrés directamente a su casa. Detiene su pequeño utilitario delante de la portería y, sentados en el coche, se despiden.

- ¿Quieres que te acompañe hasta arriba?

- No gracias, estoy bien. De verdad, no ha sido nada. Mañana estaré en la oficina a primera hora.

- De eso nada. Descansa un par de días como te han dicho. Yo hablaré con Marco.

- Gracias por todo.

- Adiós. – Antes de que Andrés se aparte para abrir la puerta, Marta se acerca y le besa en los labios. Se aparta de él y le acaricia la mejilla mientras él abre la puerta y baja del coche.

Son las cuatro de la tarde cuando Andrés entra en casa y se estira en el sofá delante de la tele. Coge el mando y empieza a hacer zapping en busca de algo que ver. Pasa rápidamente los culebrones que hay en la mayoría de canales y deja un documental de viajes donde hablan de Dubrovnik, en Croacia.

Se relaja, liberando la mente, dejando que el locutor le relate los encantos de esta ciudad amurallada que mira al Adriático.

Sin darse cuenta, sus ojos se cierran y entra en un profundo sueño.

Se ve a sí mismo en su despacho, trabajando a una velocidad imposible, como si le hubiesen grabado y puesto en avance rápido. También aparece Marta, moviéndose tan rápido como él, hasta un instante en el que se acercan a velocidad lenta y ella le da un beso en la boca como hizo antes. Después vuelve la velocidad rápida, Marta sale del despacho y él empieza a oír el mismo pitido que por la mañana, cada vez más intenso. Se pone las manos sobre la cabeza. La tiene hirviendo, parece que le vaya estallar. Se nota palpitaciones en las sienes, los ojos parece que se vayan a escapar de las órbitas. Empieza a gritar. De repente, entra Ingrid en el despacho y empieza a gritar también: ¡Andrés, Andrés, qué te pasa!

En ese momento se despierta sobresaltado y ve a Ingrid delante de él que le mira asustada y le repite:

- Andrés, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?

- Tenía una pesadilla. ¿Qué hora es?

- Son las siete y media. ¿Qué haces aquí a esta hora? Ya no llegas nunca tan pronto.

- Me desmayé en el trabajo y me dijeron que descansase.

- ¿Que te desmayaste?¿ Cuándo ha sido eso? ¿Porqué no me has dicho nada? Te hubiese ido a buscar.

- Me trajo una compañera de trabajo.

- ¿Has ido al médico?

- Sí, fui a urgencias. No tengo nada. Me dijeron que es estrés. Qué sabrán ellos. ¿Me das un poco de agua?

Ingrid va hacia la cocina y le trae un vaso de agua fría.

- Toma. ¿Cómo puede ser que te desmayes y no me llames en cuanto has ido al médico? Ya no confías en mi para nada.

- Todo fue muy rápido y no quise molestarte. Tienes mucho trabajo.

- Aunque no creo que tú lo entiendas, el trabajo no es lo más importante en la vida y si tú me necesitas lo dejo sin pensarlo para ir en tu ayuda. Antes tú también pensabas igual.

- Ahora no, por favor. Necesito descansar.

- Siempre dices lo mismo. Ahora no por esto, ahora no por lo otro y, al final, nunca resolvemos nuestros problemas. Ya no cuentas conmigo para nada.

- Yo te quiero, de verdad. Pero últimamente no podemos hablar sin discutir. No sé que nos pasa.

- Pues que tú has cambiado. Antes sólo deseabas trabajar en Barcelona para no perder tanto tiempo en el trayecto y poder hacer más cosas juntos. Pero ahora sólo piensas en trabajar. Incluso vas al trabajo en coche, cuando siempre has criticado a los que se mueven por la ciudad en coche y asegurabas que si pudieses irías en bicicleta.

- Tienes razón. Estoy cambiando. Me están pasando muchas cosas que no entiendo. Por ejemplo, podría seguir esta conversación en inglés sin ningún problema, cuando los dos sabemos que siempre he sido un desastre para los idiomas. En el trabajo logro proezas que nunca antes podría haber hecho.

- ¿De qué estás hablando? ¿Ahora hablas inglés?

Ingrid toma el mando del televisor y pulsa rápidamente el botón de avance de canales hasta llegar a la CNN.

- ¿Qué está diciendo?

- Nuevo ataque de grupos armados chiíes contra una oficina de reclutamiento de la policía iraquí. Dieciocho muertos en una nueva jornada sangrienta. Al Jazeera emite imágenes de los rehenes italianos retenidos desde hace dos semanas.

- Madre mía. ¿Cómo es posible? ¿Con unas cuantas clases en el trabajo?

- Te lo estoy intentando explicar. Ha aumentado mi capacidad de aprendizaje y de trabajo de una manera increíble desde que me cambié de empresa.

- ¿Eres el único al que le pasa?

- Tengo constancia de dos personas más.

- Entonces es que os están haciendo algo.

- Pero si solo nos dedicamos a trabajar.

- Ya me olía a mi mal esta empresa.

- Ya estamos otra vez.

- Tenemos que hacer algo. Llamaremos a la policía.

- ¿Porque me he desmayado y he aprendido inglés?

- No me digas que quieres seguir trabajando como si nada.

- Pues claro. No hay pruebas de que pase nada raro.

- Tampoco había armas de destrucción masiva en Irak y eso no impidió su invasión.

- Intentaré averiguar qué está pasando y si veo algo raro lo dejaré.

- ¿En serio?

- En serio.

Se abrazan y se besan como hace tiempo que no lo hacían. Agradecen la calidez que ofrece el cuerpo del otro abrazado al suyo. Se dirigen al dormitorio mientras se van desnudando ardientes de deseo.

- Llama a Marco – Dice el hombre de tez morena al operador que le ha avisado cuando la conversación de Ingrid y Andrés ha derivado hacia la empresa.

El operador le tiende el teléfono cuando tiene a Marco al aparato.

- Marco, tienes que decidir qué hacer con la mujer de Andrés. Se está enterando de demasiadas cosas.

- De acuerdo. Mañana actuamos.

Al día siguiente, Andrés aparece por la empresa a las once de la mañana.

- ¿Qué estás haciendo aquí? – Le pregunta Marta en cuanto le ve.

- Lo mismo pregunto yo – Dice Marco saliendo de su despacho. – ¿Porqué no estás descansando en casa?

- Ya estoy bien. No os preocupéis. En casa no sabía qué hacer y he decidido venir.

- No tienes remedio. Eres un adicto al trabajo. – Replica Marta.

- Bueno, quédate, pero al más leve indicio de cansancio te echo yo mismo de la oficina. – Dice Marco.

- Vale, vale.

De nuevo en su despacho, Andrés continúa su trabajo con renovada eficiencia, sorprendiéndose él mismo de sus progresos. ‘No sé qué me está pasando, pero es una sensación de poder que me encanta’. Piensa mientras trabaja.

El martes por la mañana, Andrés se dirige a la oficina con su nuevo Smart. Está muy orgulloso de él y se siente especial por el regalo de la empresa. Aparca en el parking de la empresa y sube en el ascensor hasta la oficina.

Al haber acabado el software de comunicación con SARA, le asignan una nueva tarea. Se trata del software configurable de control de acceso para la entrada en oficinas, áreas restringidas o incluso en el propio hogar para sustituir las llaves, tarjetas y códigos secretos.

Ese mismo día, le presentan a Marta, una nueva incorporación. Se trata de una chica de 28 años, de pelo moreno corto, ojos color miel, un pequeño piercing brillante en la nariz y una imagen desenfadada.

Al ser presentados, Andrés no sabe si darle la mano o dos besos, puesto que en el ámbito laboral muchas mujeres prefieren mantener la distancia y ofrecen la mano como los hombres. En esta ocasión la duda se disipa rápidamente, puesto que es Marta la que se acerca, le da dos besos y le regala una hermosa sonrisa.

Marta se instala en el despacho contiguo al de Andrés y empieza a trabajar con el equipo de seguridad del gadget, encargado de evitar su pirateo para utilizaciones fraudulentas.

Dos semanas después, Marta llama a la puerta del despacho de Andrés, aunque él siempre la deja abierta. Nunca ha tenido un despacho propio y se siente un poco aislado si se encierra.

- Hola, ¿te apetece un café en la máquina?

- Claro. – Responde Andrés después de un momento de sorpresa.

- Me han dicho que has sido la última incorporación antes que yo.

- Sí. Hace unos tres meses que empecé.

- También me han dicho que has logrado grandes avances en poco tiempo. ¿Cómo lo has hecho?

- La verdad es que noto una gran capacidad de aprendizaje y que trabajo como nunca. Supongo que será porque, por primera vez en mi vida, me gusta lo que hago.

- Sólo llevo aquí dos semanas, pero me noto distinta y yo también estoy trabajando como nunca. ¿No te parece un poco raro que nos pase eso a los dos?

- ¿Has preguntado a alguien más?

- No quiero que piensen que estoy loca cuando acabo de empezar en la empresa. Todavía estoy en periodo de prueba.

- ¿Has notado algún dolor de cabeza o mareo fuera de lo normal?

- No. ¿A ti te ha pasado?

- Una vez me mareé un poco y algún día acabo con dolor de cabeza, pero también me pasaba en la otra empresa después de todo el día mirando el monitor.

- Bueno, vamos a seguir. ¿Te importa si mañana también tomamos café juntos? Necesito un amigo aquí dentro.

- Estaré encantado.

Andrés sigue logrando proezas en el trabajo, avanzando rápidamente. También en sus clases de inglés consigue notables mejoras. Su profesora está maravillada y se pasan las clases charlando para mejorar la pronunciación y el vocabulario.

Una mañana a primera hora, Marco entra en el despacho de Marta, habla con ella un momento y van juntos a ver a Andrés.

- Hola Andrés, coge tus cosas, nos vamos de excursión.

- ¿De excursión? ¿Dónde?

- Ya lo verás. Marta viene con nosotros.

Bajan al parking donde Marco sube a un Audi Q7. Andrés le cede el asiento del copiloto a Marta y sube en la parte de atrás.

- ¿Qué ha pasado con el SLK?

- Cuando necesito más espacio cojo este coche.

- No te preguntaré cuantos coches tienes. – Comenta Andrés con una sonrisa.

- Mejor no…

- Entonces, ¿no podemos saber dónde vamos?

- Voy a enseñaros las instalaciones que albergan al superordenador de soporte de los gadgets.

- Fantástico. Me dijiste que estaban por Berga, ¿no?

- Sí, en los alrededores.

Salen de Barcelona y toman la autopista C-58 hacia el norte. Es la vieja conocida de Andrés por donde pasaba cada día. Le parece que hace una eternidad de aquello. Su vida ha cambiado mucho desde entonces.

Después de Manresa la autopista se transforma en carretera nacional. Hace años que esta parte está en obras, avanzando poco a poco hacia el norte. En invierno es un cuello de botella para todos los coches que se dirigen a los Pirineos a esquiar, provocando eternas caravanas.

Poco antes de llegar a Berga, toman el desvío hacia Vilada. Continúan por una carretera poblada de curvas y rodeada de bosques. Pasan de largo Vilada, después Borredá y antes de llegar al minúsculo pueblo de Sant Jaume de Frontanyá, Marco gira por un estrecho y parcialmente oculto camino de tierra que va directo hacia una montaña.

- Vaya caminito – Comenta Marta.

- No te preocupes, es poco trozo. – Responde Marco.

Ciertamente, al cabo de unos minutos llegan a una puerta metálica que impide el paso a un recinto vallado. Marco pulsa un mando a distancia y la puerta se abre automáticamente. Acelera y entran en el recinto, vigilados por varias cámaras de seguridad de las que no se han percatado. De hecho, desde que tomaron el desvío de la carretera han estado vigilados desde el centro de seguridad de las instalaciones.

Después de aparcar el coche, se dirigen hacia un pequeño edificio gris, sin ningún tipo de distintivo, que se encuentra pegado a la montaña.

Marco utiliza una tarjeta magnética para abrir la puerta del edificio. Una vez dentro, se encuentran en una pequeña estancia con un mostrador y un agente de seguridad armado detrás.

- Buenos días, señor Andrali. Ya conoce el procedimiento. – El agente de seguridad señala un sistema de reconocimiento de retina. – He de tomar las huellas de sus acompañantes y escanear su retina para posteriores visitas. Señora, por aquí por favor.

Después de todos los trámites de seguridad, el agente les señala una puerta de acero en el fondo de la estancia que se abre mientras comenta:

- Bienvenidos al CPD [1] Catllarás.

Tras franquear la puerta, se encuentran en un pasillo bien iluminado pero sin ningún tipo de ventana. Suben a una cinta transportadora de personas como la de los aeropuertos y, después de unos 100 metros, llegan a un recibidor con tres ascensores. Toman el primero que abre las puertas tras pulsar el botón de llamada y bajan a gran velocidad hacia las profundidades de la montaña.

Al salir, se encuentran con un nuevo control de seguridad con dos agentes armados. Tras comprobar sus credenciales, abren una puerta de cristal blindado que les da acceso a un nuevo pasillo. Al fondo del mismo, tras pasar junto a cuatro puertas por cada lado, entran en un centro de control que a Andrés le recuerda el de la película ‘Juegos de Guerra’.

En la pared del fondo hay varias pantallas de diferentes tamaños mostrando gran variedad de información. Enfrente de estas pantallas, hay veinte puestos de trabajo con terminales de acceso a los servidores. Unas quince personas trabajan como si estuviesen en una oficina normal, en el centro de la ciudad.

Tanto Andrés como Marta quedan sobrecogidos por el lugar donde se encuentran.

Marco se dirige hacia un hombre de unos sesenta años que se acerca para recibirlos.

- Hola Marco, hacía tiempo que no venías por aquí.

- Hola, Josep. Vengo a enseñar las instalaciones a dos recientes incorporaciones con mucho futuro. Son Marta y Andrés. Ya te hablé de ellos por teléfono.

- Encantado. Así que éste es el individuo que ha solucionado la comunicación con SARA.

- Estas instalaciones son impresionantes. Nunca me imaginé algo así. – Comenta Andrés.

- Desde aquí controlamos el superordenador que permitirá el funcionamiento de todo el sistema de control de los gadgets. Necesitamos gran capacidad de transferencia y almacenamiento de datos. También necesitamos conexión a otros superordenadores como SARA, como bien sabéis, para completar la información que no podemos almacenar nosotros mismos, por cuestiones de privacidad. ¿Quieres ver cómo ha quedado integrado tu software de comunicación con el servidor?

- Claro, siempre es agradable ver en funcionamiento el trabajo realizado.

Josep se dirige hacia un terminal y navega por los menús de la aplicación de control del servidor.

- Voy a simular la utilización de un gadget por parte de un ciudadano para alquilar una habitación de hotel. En vez de pedírsele el pasaporte como hasta ahora, únicamente tendrá que pasar el gadget por un lector y los datos serán transferidos hasta nuestro superordenador que registrá el movimiento y se conectará con CLARA a través de SARA para que quede constancia en la Jefatura de Policía. Utilizamos un ciudadano inventado con el que hacemos varias pruebas. Le han asignado una ficha policial de delincuente peligroso, por lo que al recibir la información de registro en el hotel, saltaría una alarma y se enviaría a la policía directamente al hotel.

Josep ejecuta la prueba e inmediatamente recibe un mensaje de alerta en la pantalla indicando que el individuo es un delincuente peligroso y que se ha enviado un coche patrulla para su detención.

- Como puedes ver, funciona a la perfección. Estamos muy contentos con tu trabajo.

- Gracias.

Entonces Marta plantea una pregunta a Josep.

- ¿Cómo puede ser que nadie sepa de la existencia de este superordenador que tiene mucha más capacidad que los del centro de computación de la Universidad de Barcelona? ¡Cuando éste se inauguró apareció en todos los medios de comunicación!

- Como sabes, este proyecto se mantiene en secreto hasta que esté plenamente operativo. No queremos dar pistas a la competencia ni a personas que creen que cualquier iniciativa que tenga el beneplácito de un gobierno, tiene que ser para recortar libertades y no entienden que un proyecto como este puede mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos del mundo. – Replica Josep.

- ¿Y realmente será un gadget seguro? Porque, hasta ahora los hackers han acabado por piratear todos los productos que han salido al mercado. Por ejemplo, el esperado iPhone a los dos meses fue liberado por un estudiante de diecisiete años que lo abrió con una púa de guitarra. – Pregunta Andrés.

- Eso te lo responderá mejor Marta que está en el equipo de seguridad del proyecto. – Marco mira a Marta esperando que continúe con la explicación.

- Estamos desarrollando varios sistemas de seguridad, tanto físicos como virtuales que impidan las agresiones externas. Cualquier conexión desde un ordenador estará limitada a las áreas de almacenamiento de datos, música o películas, sin proporcionar información del sistema operativo que lo controla. Todas las actualizaciones se realizarán mediante conexión encriptada, utilizando un sistema de doble clave.

- De todas maneras, pensamos contratar a los más astutos hackers para que intenten piratear el sistema y así comprobar su seguridad. Si durante el funcionamiento del sistema se produce alguna fisura, el departamento de seguridad dará respuesta inmediata y se actualizarán los gadgets bloqueando los que hayan sido modificados. – Añade Marco.

De repente, un rumor de alegría y felicitaciones se extiende entre los quince o dieciséis trabajadores que hay en la sala. Josep se aparta un momento del grupo y vuelve al cabo de un rato rebosante de alegría.

- Acabamos de conectar con el servidor de Francia. Han realizado una prueba desde París utilizando a nuestro delincuente virtual y simulando una compra mediante VISA desde Marsella. Han conectado con nosotros para transmitir la alerta producida por un ciudadano español y nosotros la hemos transmitido a SARA saltando la alarma de la Jefatura de Policía que, en un caso real, pediría la colaboración de la policía francesa para su detención.

- Se trata de un software de conexión distinto del que tu creaste para SARA porque es único para todos los servidores propios del sistema Spiderweb. – Comenta Marco.

- Venid. Os presentaré al artífice de esa maravilla. – Josep se dirige hacia un hombre de unos treinta años que está rodeado de compañeros que lo felicitan.

- Hola Pablo. Buen trabajo. Te presento a unos compañeros. A Marco ya lo conoces. Ellos son Marta, del departamento de seguridad y Andrés que ha hecho posible la conexión con SARA. Él es Pablo, sin duda nuestro mejor programador. Tiene una capacidad de trabajo que da miedo.

- No es para tanto. Hemos trabajado en equipo para lograr finalizar el protocolo de conexión entre servidores. Aún nos quedan pruebas por realizar y algunas mejoras, pero estamos muy contentos con los resultados.

- Como veis, – comenta Marco dirigiéndose a Marta y Andrés – siempre buscamos a los mejores.

Andrés mira a Pablo, que vuelve a hablar con sus compañeros y se da cuenta que pensaba que él era de los mejores, pero este hombre le supera con creces. Han dicho que tiene una gran capacidad de trabajo. ¿Cómo es posible que tantas personas desarrollen tal capacidad en una misma empresa?

A medio día, salen de las instalaciones y Marco lleva el coche hacia el minúsculo pueblo de Sant Jaume de Frontanyá.

- Vamos a comer y después volvemos a la oficina. Aquí hay un restaurante delicioso de comida típica catalana.

Aparcan en el parking a las puertas del pueblo y se dirigen hacia la gran iglesia que domina el paisaje. Antes de llegar, Marco entra en un edificio de dos plantas con el nombre de ‘Cal Marxandó‘. Suben unas empinadas escaleras y llegan a un acogedor comedor con unas quince mesas.

Ante un conejo a la berguedana, Andrés decide preguntar a Marco algo que le ronda la cabeza.

- Marco, ¿cómo puede ser que varias personas en esta empresa desarrollen una gran capacidad de aprendizaje y trabajo al poco tiempo de incorporarse? Me parece algo sorprendente.

- Consideramos muy importante el ambiente de trabajo y las necesidades de nuestros empleados. Una persona contenta en su puesto produce mucho más que una descontenta. No me podréis negar que os tratamos bien, que todas vuestras propuestas son consideradas seriamente y que os gusta lo que estáis haciendo.

- Es cierto, pero no veo que eso vaya ligado con una mejora de las capacidades mentales.

- Yo creo que sí. Cuanta más satisfacción, mayor dedicación y concentración.

Sin estar del todo convencido, Andrés se dedica a su plato.

- Está delicioso. ¿Qué tal el tuyo Marta?

- Muy bueno. Es pollo con ciruelas. Pásame el porrón que voy a probar el vino.

- Es de pueblo. Un poco potente, pero con muy buen sabor. Cuidado no te manches como yo. – Comenta Andrés señalando unas marcas rosadas en la camisa.

Marta coge el porrón y lo levanta cada vez más alto mientras el líquido llega justamente a su destino. Al finalizar, baja el porrón y hace un giro de muñeca que evita que caiga gota alguna.

- Impresionante. – Comenta Andrés. – ¿Dónde has aprendido a hacer eso?

- Las vacaciones en el pueblo de mis padres.

Después de tomarse una crema catalana con azúcar quemado por encima de postre, vuelven al coche de camino a Barcelona.

Esa noche, Andrés intenta mejorar las cosas con Ingrid, pero como suele pasar durante las últimas semanas, terminan discutiendo por cualquier tontería y acaban por hablar lo mínimo el uno con el otro.


[1] CPD: Centro de Procesamiento de Datos. Es el nombre que se le da a las salas de ordenadores que trabajan como servidores de datos.

 

La semana sigue y Andrés continúa con el desarrollo del software de conexión a SARA. Sigue en contacto con Augusto, resolviendo algún punto que no queda claro en la documentación.

El jueves por la tarde, empieza a realizar las primeras pruebas de conexión. SARA le devuelve un error de identificación sistemáticamente. Comprueba el usuario y contraseña que le envió Augusto. Parece todo correcto. No acaba de entender porqué no funciona y se le ocurre que algunos sistemas discriminan entre mayúsculas y minúsculas.

- Buenas tardes Augusto, ¿tienes un momento para un consulta? – Andrés espera la respuesta mientras sostiene el teléfono.

- Hola Andrés, pregunta lo que quieras.

- Estoy probando la conexión con SARA y me devuelve un mensaje de acceso denegado. ¿Sabes si el usuario o contraseña tienen que estar en mayúsculas o minúsculas? ¿O no importa?

- Sí que importa, tiene que tener exactamente el mismo formato que en el servidor. La primera letra del nombre de usuario debe estar en mayúsculas y el resto en minúsculas. La contraseña debe estar en minúsculas.

- Yo estaba probando con todo en minúsculas. Voy a hacer otro intento. Ya te informaré si he podido acceder. Gracias por todo.

- No hace falta que me avises, he programado una alerta que me avisará si accedes con este usuario. Suerte. Adiós.

- Hasta luego.

Tras modificar el nombre de usuario, Andrés realiza una nueva prueba y accede sin problemas a SARA. La sensación de triunfo que siente le obliga a sonreír.

Al momento le llega un correo electrónico de Augusto que dice ‘Felicidades! Veo que has accedido. Buen trabajo. Te agradecería si pudieses hacer algunas pruebas de recuperación de datos de un individuo. Saludos, Augusto’.

Durante lo que queda del jueves y durante el viernes, Augusto y Andrés ejecutan un juego de pruebas de acceso, recuperación y modificación de datos.

Al final del viernes dan por cerradas las pruebas de manera satisfactoria e informan a sus respectivos superiores mediante correo electrónico.

Cuando Andrés llega a casa son casi las nueve. Ingrid no está pero le he dejado una nota sobre la mesa del salón que dice ‘Me he ido con Montse y Marta. Vamos a cenar fuera y luego a bailar. Estoy cansada de esperarte. Espero que te lo hayas pasado bien en el trabajo. No te molestes en llamarme.’

‘Ya estamos otra vez’ piensa Andrés. Después de sacar del envase y de meter en el horno una pizza comprada, coge una cerveza y se sienta ante el televisor para hacer un poco de zapping.

A las cuatro menos cuarto de la madrugada, Andrés se despierta sobresaltado al oír la puerta de casa abriéndose. Se incorpora sobre la cama y ve cómo Ingrid entra en casa, sin importarle mucho el ruido que hace.

- Vaya, ¿te he despertado? – Pregunta mientras enciende la luz de la habitación. Su tono indica que se ha tomado unas copas.

- Hola, ¿cómo ha ido?

- Muy bien, nos hemos divertido mucho. ¿Tú te lo has pasado bien en el trabajo?

- Estaba haciendo unas pruebas importantes que han salido bien. Con ellas se cierra una parte importante del proyecto.

- Pues que bien.

- Ya veo que estás emocionada. Anda, vamos a dormir.

- Qué rápido te has olvidado de lo hablamos en Sevilla. Dijiste que no trabajarías tanto.

- Era algo importante. Como si tú no te quedases cuando tienes trabajo.

- No tienes remedio. Buenas noches.

El fin de semana lo pasan incómodos el uno con el otro, sin muchas ganas de hablar de nada. Se está creando un vacío entre los dos.

El lunes por la mañana, Andrés llega a la portería de la oficina con su bici. Baja y la pliega con un fácil movimiento. Se trata de una Brompton, la marca más emblemática de las bicicletas plegables, con su característico marco curvado.

Andrés sube su bicicleta plegada a la oficina, consciente del peligro de dejarla en la calle. Al entrar en su despacho, se encuentra a Marco esperándole.

- Buon giorno, Andrés.

- Buenos días, Marco.

- Te estaba esperando. Vamos, deja ese armatoste y ven conmigo. – Dice Marco señalando la Brompton.

Marco se dirige directamente hacia el ascensor.

- ¿Dónde vamos?

- Te mereces un descanso. Felicidades por tu trabajo con SARA, lo has hecho muy bien. A partir de ahora podremos realizar pruebas reales contra los superordenadores del Gobierno. Es un gran avance.

Van directamente hasta el parking del edificio. Cerca del acceso a los ascensores, Marco abre su Mercedes SLK200 plateado y se sienta tras el volante. Andrés, admirando el coche de su jefe, se sienta a su lado.

- Un coche muy bonito.

- Gracias, es una maravilla, a mi me encanta. Vamos a abrir la capota. – Apretando un botón, la capota rígida se pliega y esconde rápidamente, dejando sus cabezas descubiertas.

Marco se mueve ágilmente entre el tráfico de Barcelona. Enseguida dejan Balmes y toman Aragón, una de las pocas calles de la ciudad en la que los semáforos se van poniendo verdes uno tras otro, permitiendo avanzar rápidamente.

Al llegar al final de Aragón, gira a la calle Tarragona hasta llegar a la Plaza España y de allí a la Gran vía, hacia la salida de Barcelona.

El aire fresco les revuelve el cabello. Del reproductor de CDs surge una música de un cantante italiano que Andrés no reconoce. Es una música melodiosa con un deje melancólico.

- ¿Quién canta?

- Se trata de Fabrizio De André. ¿No lo conoces? Es todo un icono en Italia. Murió hace casi diez años, pero sigue vivo en nuestros corazones.

A la altura de Sitges, Marco sale de la autopista y llegan a un campo de golf Pitch&Putt.

- ¿Qué hacemos aquí?

- Ya te dije que te mereces un descanso y un premio por tu trabajo.

- Pero yo no sé jugar al golf. Siempre he querido aprender, pero no he tenido oportunidad.

- Pues hoy es tu día de suerte. He contratado un profesor para ti durante toda la mañana. Vamos hacia el club y preguntamos por él.

- Fantástico. ¿Tú juegas?

- Desde luego. El golf es un gran deporte, desarrolla la concentración, la precisión y las relaciones sociales. Si quieres llegar a ser alguien importante, tienes que practicarlo.

A los cinco minutos de preguntar en recepción, aparece el profesor de golf. Está moreno y se le ve muy tranquilo. Al acercarse sonríe y saluda a Marco.

- Buenos días Marco. Hacía tiempo que no te veía.

- Buenos días Pol. Te presento a Andrés. El pobre no ha jugado nunca al golf y está deseando aprender. Lo dejo en tus manos.

- Hola Andrés. Vamos al vestuario, te dejaré una ropa más apropiada. Luego iremos al campo de prácticas donde te enseñaré los conceptos básicos.

- Perfecto.

- Tráemelo de vuelta a la una. Comeremos en el club. ¡Suerte!

Empiezan con lo más básico, la postura, los palos, los diferentes golpes. Después pasan a hacer unos golpes en el campo de prácticas. Poco a poco Andrés va practicando la postura con ayuda de Pol. No es un deporte fácil.

Al cabo de un rato empiezan a salir mejor los golpes y Pol decide pasar al primer hoyo del campo. Allí los problemas se multiplican. En el primer golpe, Andrés envía la pelota entre los árboles.

- No te preocupes, es normal al principio. El problema es la postura. Tienes demasiado peso sobre el pié izquierdo y el movimiento se desvía hacia este lado. Inténtalo de nuevo.

Andrés practica el movimiento varias veces antes de lanzar el golpe. Sigue desviado, pero la pelota se ha mantenido en el carril.

- ¡Mucho mejor!

- Entiendo la teoría, pero no es fácil llevarla a la práctica.

- Sigamos. Ahora necesitas otro tipo de palo.

Siguen avanzando y practicando durante dos hoyos más. Para entonces ya son las doce y media. Vuelven tranquilamente hacia el club para reunirse con Marco.

- ¿Te ha gustado?

- Mucho, de verdad. Creo que ahora que he empezado tengo que seguir para ir mejorando.

- Lo has hecho muy bien. Hay gente que no sale del campo de prácticas hasta el tercer día. Entiendes muy rápidamente la teoría, aunque te falta forma física.

- Es cierto. Antes iba al gimnasio, pero hace un año y medio que lo dejé al trabajar fuera de Barcelona.

- Estaría bien si pusieses encontrar tiempo para hacer un poco más de deporte.

Llegan al club y encuentran a Marco en la terraza tomando un Campari con soda y hablando por el teléfono móvil.

- ¿Cómo ha ido? – Pregunta al verlos llegar y colgar.

- Muy bien. Tiene aptitudes y muchas ganas. Si sigue viniendo haremos de él un buen jugador.

- Pues reservate un lunes de cada dos semanas y te lo traeré para que le sigas enseñando. A ver cuándo podemos jugar el uno contra el otro.

- Entonces nos vemos dentro de dos semanas. Ahora os dejo para que comáis tranquilos. Adiós y gracias por venir.

Pasan al comedor y hacen la comanda al maître. Marco se encarga de escoger un buen cava para acompañar la comida. Se decide por un Freixenet Brut Barroco, que el camarero se encarga de escanciar en las copas.

Andrés no quiere ni imaginarse lo que costará esa comida.

- Brindo por nuestro proyecto. Que nos depare muchos éxitos.

- Salud. – Después de brindar, Andrés lleva la copa a sus labios y bebe un sorbo del fresco cava. Una sensación reconfortante recorre su cuerpo y un leve cosquilleo acaricia su nariz procedente de las finas burbujas.

- Lo estás haciendo muy bien Andrés. Estamos muy contentos con tus progresos. En cuanto instalemos el software que has desarrollado para acceder a SARA en el nuevo superordenador, estaremos mucho más cerca de la conclusión del proyecto.

- ¿Dónde está el superordenador?

- Se está acabando la construcción de un búnker en la Sierra del Catllarás, cerca de Berga. El superordenador ya está instalado y operativo. Te llevaré un día de estos para que conozcas las instalaciones.

- Un búnker. Parece increíble.

- Es importante proteger el sistema de soporte de los gadgets porque se pretende que sean parte imprescindible de la vida de los ciudadanos. Se está construyendo un búnker igual en cada país europeo, aunque el proyecto se iniciará en España como prototipo.

- Si se trata de un sistema global, ¿únicamente se podrá acceder a los datos de los ciudadanos españoles o de todos los países implicados?

- Es un tema delicado. Cada superordenador de los países que conforman el sistema Spiderweb, se conecta con los superordenadores de sus gobiernos que contienen la información de sus ciudadanos. Todos los superordenadores del sistema están conectados entre sí y pueden acceder a cierta información genérica de todos los ciudadanos, pero cada país se guarda una parte de la información que no quiere compartir. El sistema se encuentra con trabas políticas que esperamos que se vayan disolviendo cuando esté operativo.

- ¿Y cómo se conseguirá que los ciudadanos utilicen este sistema? ¿Será una obligación por ley?

- En absoluto. Se espera que sea una integración paulatina. Teniendo en cuenta la experiencia de la telefonía móvil, que se ha extendido rápidamente por encima de todas las expectativas, al ofrecer un gadget que aglutina gran cantidad de funciones, se espera una gran acogida por parte del público. Por lo tanto, serán los propios ciudadanos los que requieran de este sistema. Ten en cuenta que en todo el mundo se venden 1.000 millones de móviles al año y que esta cifra aumenta considerablemente cada año que pasa. Se está preparando una campaña de marketing muy importante con las principales agencias de publicidad. Se lanzarán varios modelos, desde uno de lujo, hasta otro mucho más asequible. El objetivo es que todo el mundo tenga uno. Lo mejor de todo es que será un gran negocio que originará grandes beneficios.

- ¿Y por qué se ha escogido a España como país piloto? ¿Por qué no otros países más poderosos en Europa como Alemania, Francia o Reino Unido?

- No tienes más que mirar las estadísticas. España es el país donde más rápidamente han proliferado los teléfonos móviles. De hecho, hay más teléfonos móviles activos que habitantes. Mucha gente tiene dos e incluso tres teléfonos móviles, del trabajo y particulares. Este gadget permitirá gestionar tantas líneas como se deseen desde un único terminal. Colaboramos estrechamente con las principales compañías de telefonía para poder dar este servicio. Algunas de estas compañías son muy poderosas y se mostraban reticentes a esta colaboración, pero les hemos hecho saber que no somos la competencia. No queremos quedarnos con todo el pastel, sino compartirlo con ellos. Si les enseñas cifras con muchos ceros, acaban colaborando alegremente. A los españoles les gustan mucho los gadgets de alta tecnología e incluso mucha gente compra móviles o smartphones que están muy por encima de sus posibilidades.

- Pero, ¿quién ha ideado un plan de tal envergadura? Tiene que ser todo un visionario.

- Eso está por encima de nosotros. Somos simples ejecutores del plan.

Después de comer, vuelven al parking. Al lado del mercedes del jefe hay un Smart fortwo descapotable.

- ¿Te gusta? – Pregunta Marco señalando el Smart.

- Me encanta. Siempre me han gustado estos pequeñines.

Marco abre la puerta de su Mercedes y Andrés va hacia el asiento del copiloto.

- No hace falta que entres, tu ya tienes transporte. – Andrés le mira sin comprender. En ese momento, Marco le lanza unas llaves que caza al vuelo. Mientras mira las llaves, Marco ya ha subido a su coche y sale del parking derrapando.

Andrés observa las llaves y comprueba que tienen un llavero de Smart. Mira hacia el coche que hay aparcado junto a él y nuevamente las llaves. Pulsa el botón de apertura del control remoto y el Smart se abre. Sube al coche mientras una sonrisa se dibuja en su rostro.

Pone en marcha el coche y acelera en busca del Mercedes de Marco. Al cabo de poco tiempo lo alcanza, pues conduce tranquilamente por el carril de la derecha de la autopista.

Andrés se sitúa en el carril de la izquierda, paralelo a Marco y grita:

- ¿Qué es esto?

- Un premio por el trabajo bien hecho. En la oficina están todos los papeles. Que no te vea otra vez ir en tu ridícula bici al trabajo. ¡Sígueme si puedes! – El Mercedes acelera, se pone frente al Smart y se va alejando poco a poco. Andrés sonríe de nuevo y acelera para reducir la distancia.

Por la tarde, al llegar a casa, Andrés llama a su mujer por el telefonillo de la portería y le pide que baje para enseñarle una cosa.

Cinco minutos después sale Ingrid por la portería.

- Hola Ingrid. ¿Te gusta mi nuevo coche?

- ¿Cómo que tu nuevo coche? ¿Lo has comprado?

- No, mejor. Me lo han regalado en el trabajo.

- Ninguna empresa va regalando coches a programadores. – Ingrid no está convencida y busca razones ocultas.

- Ya te dije que había solucionado una parte clave del proyecto y me lo han recompensado. Esta empresa no es como las demás. No entiendes la envergadura del proyecto.

- ¿Cómo voy a entenderlo si no me explicas lo que estás haciendo?

- Ya sabes que firmé una cláusula de confidencialidad.

- No, si al final resultará que me he casado con James Bond…

- No entiendo por qué estamos discutiendo en vez de estar celebrándolo.

Ingrid da media vuelta y sube a casa. Andrés la ve alejarse con tristeza, se sube en su nuevo coche y acelera alejándose de ella.

 

El sábado por la mañana se despiertan en una habitación del Meliá Colón de Sevilla. A las nueve y media salen del hotel y se van a desayunar unos bocadillos en el bar Tobal, cerca del hotel. El especial de la casa es un bocadillo de delicioso jamón con pan con tomate.

Después del desayuno, se dirigen paseando hacia la catedral. Alrededor hay gran número de coches de caballos que se dedican a pasear a los turistas, pero a ellos no les atrae demasiado esa opción, creen que se sentirían un poco ridículos. Visitan la catedral, que es inmensa y después se dirigen a la Giralda, que es lo que realmente les apetecía visitar.

La Giralda, hoy una torre de la catedral, era en realidad el minarete de la antigua mezquita. Tiene 90 metros de altura y puede subirse hasta un mirador donde están instaladas las campanas. Existen unas rampas que permiten ir subiendo sin demasiado esfuerzo. Estas rampas fueron concebidas para que los guardias pudiesen subir a caballo hasta lo alto para dar la alarma a la ciudad en caso necesario. En total hay 34 rampas, todas numeradas en la parte superior. En las paredes hay ventanas desde las que se puede ir observando la vista. Primero son pequeñas oberturas y después pasan a ser ventanas más anchas. Poco a poco se va ampliando la vista, hasta llegar arriba del todo y tener toda Sevilla a los pies.

Abrazados, Ingrid y Andrés disfrutan de la vista, descansando después de la subida. Tienen a su alcance el Guadalquivir, la plaza de toros, el parque de atracciones Isla Mágica, los Reales Alcázares y todos los tejados de la ciudad. De repente suena una campana justo sobre sus cabezas, sobresaltándolos. Son las once de la mañana. Riendo después del susto, miran las campanas intentando descubrir la siguiente que sonará.

Por fin bajan de la Giralda y se dirigen al patio de los Naranjos, antiguo patio de la mezquita, que toma su nombre de los 68 naranjos que lo pueblan. Sentados en un banco en el que da el sol, contemplan el Giraldillo en lo alto de la Giralda. Se trata de una enorme veleta en forma de mujer de la que están especialmente orgullosos los sevillanos.

- ¿Vamos a ver los souvenirs de la tienda? – Pregunta Ingrid.

- Ve tú, yo te espero tomando el sol.

- Menudo perezoso. Ahora vengo. – Se despide con un beso y se dirige a la cercana tienda.

Andrés cierra los ojos dejando que le acaricie el calor del sol. No nota la presencia del hombre que se ha sentado a su lado hasta que oye su voz.

- Se está bien aquí, ¿verdad Andrés?

- ¿Nos conocemos? – Pregunta intrigado abriendo los ojos y mirando al extraño.

- Yo a ti sí. Tú me puedes llamar Gabriel si quieres.

- ¿Quiere eso decir que no es tu verdadero nombre?

- Chico listo.

- ¿Y de qué me conoces?

- Digamos que sé dónde trabajas y qué es lo que haces. Tengo una oferta que hacerte.

- ¿Me estás vigilando?

- Eso no tiene importancia. No tenemos mucho tiempo. Quiero toda la documentación referente a ese artefacto en el que trabajas. Te recompensaré muy generosamente por tu colaboración.

- ¿Se trata de espionaje industrial?

- Es uno de sus nombres. Piénsalo, podrías permitirte muchos viajes como éste.

- Gracias pero no estoy interesado. No sé nada que pueda interesarte, mi trabajo es muy básico y no tengo acceso a nada de lo que me pides.

- No seas modesto, Andrés. Sé que estás haciendo un gran trabajo y que te han dado nuevas responsabilidades.

- Me voy de aquí ahora mismo. No quiero volver a verte.

- Puede que cambies de opinión más adelante. – La frase se pierde en el aire, pues Andrés ya se ha alejado andando hacia la tienda.

Cuando está a punto de llegar a la tienda, oye la voz de Ingrid que dice:

- ¡Sonríe! – Andrés levanta la cabeza con semblante preocupado y se encuentra con Ingrid apuntándole con la cámara digital y haciéndole una foto.

- Hola, iba a buscarte.

- ¿Te pasa algo? Pareces preocupado.

- Nada, nada. ¿Vamos hacia la Plaza de España? Podemos dejar para mañana la visita a los Reales Alcázares.

- Claro. Luego podemos comer en un restaurante que me han recomendado en el trabajo.

- Perfecto.

Caminan disfrutando del sol. Es el mes de junio y se agradece el inicio del calor después del frío del invierno.

Llegan a la Plaza de España, un enorme espacio abierto con una fuente central y una edificación en forma de media luna donde hay una composición realizada mediante azulejos representando cada una de las provincias españolas. Pasean admirando los azulejos y se paran en el correspondiente a Barcelona para hacerse una foto. Por toda la plaza se puede ver a visitantes buscando su provincia igual que han hecho ellos.

- ¿Qué debe ser este símbolo NO8DO que se ve por todas partes grabado? – Pregunta Ingrid.

- Pues no lo sé. Yo también me he fijado. Podemos preguntar en la oficina de turismo.

Un rato después, paseando por los jardines de Maria Luisa, se dirigen al bar Manolo León para comer. Al entrar, les encanta la calidez del lugar y la cordialidad de los camareros. Se dejan recomendar unas tapas y piden el revuelto de la casa, que resulta ser un revuelto con verduras y virutas de chorizo. También les traen un plato de jamón ibérico, un pisto manchego y unos pescaditos fritos, todo regado con vino Beronia de Rioja.

Cuando tienen toda su comanda frente a ellos, se dan cuenta que es demasiado para ellos dos solos, pero todo les encanta.

- No sabía que aquí eran tan típicos los revueltos. Éste está delicioso.

- Javier me dijo que eran típicos y que aquí eran muy buenos.

- Dale las gracias de mi parte por la recomendación. Está todo muy bueno. Aunque hemos pedido demasiado, estoy llenísimo.

- Me gusta porque está lleno de gente de aquí. No es el típico sitio para turistas.

- Me lo estoy pasando muy bien aquí contigo.

- Yo también. Ojalá estuviésemos siempre así de bien. Tienes que prometerme que no trabajarás tanto.

- Por primera vez en mi vida me gusta de verdad mi trabajo. Es estimulante y aprendo muchas cosas. Pero también me gusta disfrutar de mi vida privada. De verdad que intentaré salir antes.

Deciden volver al hotel para descansar un poco y lo hacen caminando junto al Guadalquivir con el objetivo de digerir la comida. Llegan hasta la Torre del Oro donde se hacen las obligadas fotos y continúan su paseo cogidos de la mano, sintiéndose más cerca el uno del otro de lo que estaban dos días antes en Barcelona.

Al llegar al hotel, Andrés se dirige a un ordenador con acceso libre a Internet que hay la recepción, decidido a descubrir el significado del enigmático símbolo ‘NO8DO’.

- Mira, ya lo he encontrado. Según la Wikipedia: NO8DO es el lema y logotipo del Ayuntamiento de Sevilla (España), presente en numerosos edificios. Este lema consta de dos sílabas y entre ellas una madeja de hilo (NO8DO). Su lectura es “NO-MADEJA-DO”, que es la expresión fonética sevillana de la frase “No me ha dejado”. Según la leyenda, este lema hace referencia a la lealtad que mantuvo la ciudad al rey Alfonso X el Sabio en la guerra contra su hijo Don Sancho en el siglo XIII. En el alzamiento que destituyó del trono al Rey Alfonso X en favor de su hijo Sancho IV, sólo la ciudad de Sevilla le dio refugio. Sancho dejó que la ciudad siguiera fiel al Rey Alfonso, y como muestra de su gratitud a Sevilla, permitió al Ayuntamiento que en su escudo pusiera el lema con las sílabas NO y DO, y entre ellas una madeja, representando la fidelidad de la ciudad al Rey Alfonso X: “No me ha dejado”.

- ¡Qué curioso!

 

El lunes, de vuelta en el trabajo, Andrés busca a Marco en su despacho.

- Buenos días Andrés. ¿Qué tal por Sevilla?

- Muy bien gracias. Excepto por un encuentro que no me gustó nada y quería comentarte.

- ¿Qué ha pasado?

- En el patio de los naranjos de la catedral, al quedarme solo un momento, me abordó un hombre que decía saber en qué trabajo. Quería toda la información posible de nuestro producto y estaba dispuesto a pagarla a buen precio.

- Maldita sea. – Marco coge el teléfono y marca un número con cara preocupada. – Aquí Marco, tenemos un problema. Han vuelto las cucarachas. Han contactado con Andrés en Sevilla.

Después de escuchar atentamente por el auricular del teléfono, Marco cuelga y se dirige a Andrés.

- Vamos a tu casa. Comprobaremos si te están vigilando.

Un coche les espera frente a la portería del edificio. Suben a él y poco después circulan por la calle Balmes en dirección a la Plaza Cataluña.

- ¿Qué has querido decir con eso de que han vuelto las cucarachas? ¿Ya ha pasado antes?

- Desde luego. No eres ni el primero ni el último al que intentan sobornar para conseguir información. Aunque todo se mantiene muy en secreto, alguien que sepa observar puede darse cuenta de la existencia de acuerdos de colaboración entre compañías, asignaciones de presupuestos para nuevos proyectos, etc.

- ¿Alguna vez han conseguido su objetivo?

- Una vez estuvieron a punto, pero seguridad logró detener al empleado antes de sacar la documentación de la oficina.

- ¿Y qué haremos ahora? ¿Llamar a la policía?

- Tenemos gente que sabe ocuparse de estas cosas. La policía no puede hacer nada sin pruebas concluyentes.

Pasan Plaza Cataluña, siempre atestada de gente, atraviesan la calle Fontanella y toman Trafalgar después de pasar por Plaza Urquinaona. El chofer conduce de forma un tanto agresiva, cambiando continuamente de carril, aprovechando los huecos entre los coches. Al final de la calle Trafalgar aparece el Arco de Triunfo, construido a finales del siglo XIX para la Exposición Universal de Barcelona de 1888. Es curioso comprobar que está construido de ladrillos a la vista, en vez de piedra pulida como otros más famosos como el de París.

Suben por Roger de Flor, dejando a la derecha la Avenida Vilanova, una de las pocas calles que deben quedar en Barcelona sin asfaltar, manteniendo los arcaicos adoquines que recubrían antaño todas las calles de la ciudad. Una vez en la calle Roger de Flor, avanzan unos metros y el chofer les deja frente a la casa de Andrés. Delante de la portería hay dos hombres esperando.

- Hola Marco. Vamos a desinfectar la casa.

- Perfecto. Os presento a Andrés. Ellos son del equipo de seguridad, nos ayudarán a comprobar si estás bajo vigilancia.

Andrés no puede creer lo que está pasando. Parece que esté metido en una película de espías. Suben a su piso y los dos hombres sacan de un maletín lo que parecen unos pequeños detectores.

- Ahora comprueban si te han puesto algún micrófono. Vamos a la terraza y así les dejamos trabajar tranquilos. – Dice Marco en un susurro.

Después de diez minutos, uno de los hombres de seguridad encuentra algo en el salón, en la rejilla de ventilación del aire acondicionado. El piso dispone de una bomba de calor que distribuye aire por todas las habitaciones a través de unas rejillas en la parte superior de las paredes. En la parte inferior, cada habitación tiene una rejilla de ventilación.

El hombre se acerca a Marco y Andrés, y les muestra su hallazgo. Se trata de un pequeño micrófono.

Siguen la revisión y encuentran un total de tres micrófonos que guardan en el maletín.

- ¿Y ahora qué? – Pregunta Andrés.

- Ahora revisaremos la oficina y aumentaremos los controles de seguridad.

- Sí, porque el tal Gabriel sabía que me han dado tareas nuevas en el trabajo y yo no he comentado nada en casa.

- No te preocupes, del resto ya nos ocupamos nosotros. Por favor, no comentes nada con el resto de compañeros, no quiero preocupar a nadie. Volvamos a la oficina.

Hay algo de lo que Andrés no se ha percatado. Realmente no había ningún micrófono oculto en su casa. Los que le han mostrado los han sacado poco antes del maletín y, mientras él permanecía en la terraza con Marco, le han instalado micrófonos y cámaras por toda la casa, de manera que permanecerá vigilada por la propia empresa. El hombre que se identificó como Gabriel en Sevilla, es en realidad uno de los componentes del equipo de seguridad de la empresa, encargado de tareas especiales.

Esta acción ha permitido conocer la fidelidad de Andrés hacia la empresa y reafirmar su interés e implicación en el proyecto. Por otro lado, a partir de ahora podrán vigilar todos sus movimientos gracias a los dispositivos instalados en su casa.

 

Ingrid puede comprobar que su marido está mucho más animado desde que empezó en la nueva empresa y se alegra por él, esperando que no se deba únicamente por la novedad.

El único problema es que Andrés no quiere explicarle lo que está haciendo exactamente y eso le molesta, tomándoselo como una falta de confianza.

- ¿Por qué no me explicas qué es lo que haces exactamente?

- Ya te lo he explicado, he firmado un contrato de confidencialidad y me he comprometido a no desvelar nada de lo que hago. Dentro de poco tiempo se lanzará a la venta el nuevo producto y lo podré explicar todo.

- Seguro que tus compañeros se lo explican a sus parejas. ¿Crees que no sé guardar un secreto?

- ¿Por qué te lo tienes que tomar así? Si fueses tu la que no pudiese contarme algo del trabajo, lo entendería y no te haría chantaje emocional.

- Ahora no escondas tu falta de confianza con ningún tipo de chantaje.

- Pues no te lo puedo contar y listos. Piensa lo que quieras, pero te aseguro que si pudiese, te lo contaría.

- Sí, seguro.

Al cabo de un mes de trabajo, dan por cerrada la tarea de integración de aplicaciones tipo PDA y asignan a Enric y Andrés la tarea de recepción y tratamiento de datos de identificación personal. Deberán tratar los datos provenientes de las fronteras, aeropuertos, hoteles y todos los lugares donde es necesaria la identificación del usuario.

Es una parte delicada del proyecto ya que sirve de control policial y de inmigración. La información recuperada será utilizada por los gobiernos y no quieren ningún tipo de pérdida de datos o posibilidad de fraude. Se pretende eliminar los pasaportes en formato papel y evitar así la falsificación que sigue dándose en todo el mundo.

Los dos compañeros se unen a un grupo de cuatro personas más que ya han empezado a trabajar en esta tarea.

Cada día, de once a doce de la mañana, Andrés tiene una clase particular de inglés con Jennifer, una chica de 24 años procedente de Boston. Lleva un mes de clases, desde que empezó el trabajo, y sus progresos son notables. Al principio se sentía muy incómodo al tener que hablar con la profesora todo el tiempo en inglés, pero poco a poco fue lanzándose y ya mantiene pequeñas conversaciones de forma bastante correcta.

Él mismo está impresionado de sus progresos y lo fácilmente que se le quedan las cosas que le explica Jennifer o que lee en el libro de texto.

En el trabajo también se siente muy receptivo a toda la información nueva que le llega y le parece que su capacidad de trabajo ha aumentado, resolviendo problemas con bastante rapidez.

Dos semanas después de ser asignado a sus nuevas tareas, Martí, el jefe de proyecto, se acerca a Andrés para hablarle.

- Tengo que felicitarte Andrés, todo el equipo está muy contento contigo. Me comentan que resuelves tus tareas rápidamente y con soluciones ingeniosas.

- Bueno, me gusta el trabajo.

- Para aprovechar estas capacidades te voy a asignar una parte delicada del tratamiento de datos de identificación personal. Se trata de la comunicación con el superordenador del Gobierno que almacena toda la información personal de los ciudadanos. Trabajarás en estrecha colaboración con un miembro del Departamento Informático de la Dirección General de Policía para establecer el protocolo de transferencia de datos.

En la población madrileña de El Escorial, en un búnker bajo tierra y protegido mediante los más modernos sistemas de seguridad, se encuentra el superordenador CLARA. Es el sustituto de BERTA, antiguo ordenador que almacenaba todos los datos de los ciudadanos españoles.

La antigua BERTA era un ordenador Siemens H-90 y H-100 de tercera generación que necesitaba para guardarlo el espacio de 13 armarios.

CLARA, sin embargo, es un nuevo Sun Microsystems que sólo ocupa dos muebles de 1,80 metros de altura, cada uno con una capacidad de memoria de tres terabytes[1].

El lugar elegido por la Dirección General de la Policía para esconder esta gran fuente de información fue un antiguo seminario, reformado a comienzos de la década de los ochenta.

La antigua escuela religiosa está cercada por vallas electrificadas y las zonas contiguas están protegidas por policías de élite capaces de interceptar a cualquiera que pretenda acercarse.

Además, este centro cuenta con tres sistemas de seguridad independientes y, ante la más pequeña señal de ataque externo, la sala de ordenadores se cierra herméticamente.

Para acceder a la sala de ordenadores hay que entrar en un montacargas especial que se activa con una tarjeta de banda magnética y una clave secreta que cambia constantemente. Una vez en el sótano, hay que atravesar un pasillo con dos puertas, la segunda de las cuales no se abre hasta que se ha cerrado la primera. Todo el recorrido está protegido por un sistema de vídeo vigilancia que graba cualquier movimiento.

Tras volver a introducir la tarjeta de seguridad, se llega a otra nave de grandes dimensiones, construida de hormigón armado, que está iluminada por potentes focos y que incluye un sistema que impide el paso de cualquier onda electromagnética, incluidas las que emiten los teléfonos móviles.

Media docena de técnicos de máxima confianza desarrolla su labor en tres relevos permanentes. Ellos son los responsables de que no se registren incidentes mientras los ordenadores trabajan sin cesar.

Parte de los datos almacenados en CLARA pueden ser consultados on line desde las comisarías de policía que hay por todo el Estado, de cualquiera de los cuerpos existentes, tanto nacionales como autonómicos. Otros organismos públicos como el Ministerio de Trabajo o el de Administraciones Públicas, cuentan también con una clave que les permite consultar parte de la base de datos.

A parte de CLARA, también existe un superordenador propio de la Guardia Civil que lleva por nombre el título nobiliario de su fundador, ‘Duque de Ahumada’.

La Dirección General de la Guardia Civil dispone, dentro del mencionado ordenador central ‘Duque de Ahumada’, de un fichero automatizado de nombre BASETER cuya finalidad es la gestión de información relativa a personas relacionadas con el terrorismo para la investigación policial propia de la Guardia Civil.

Todavía existe otro superordenador con datos importantes. Es el llamado RITA y es el ordenador central de Hacienda. Lleva años y años memorizando todo movimiento económico de particulares, de empresas y de instituciones.

Un nuevo proyecto surgió hace un par de años de mano del Ministerio de Administraciones Públicas. Su nombre es SARA y se traduce como Sistema de Aplicaciones y Redes para las Administraciones. Se trata de un cerebro electrónico especializado en cruzar datos de muchos superordenadores. El objetivo es el de interconectar todas las administraciones para facilitar trámites a los ciudadanos y ahorrar miles de horas de trabajo duplicado.

Andrés se comunica, vía correo electrónico, con su contacto en el Departamento Informático de la Dirección General de Policía. Su nombre es Augusto Monzón y comparte con Andrés documentos que definen el protocolo de conexión a SARA, que a su vez conectará con CLARA.

Augusto le remarca la confidencialidad de los documentos que le entrega. El usuario que le permitirá acceder a CLARA, tiene restringido el acceso a datos de demostración, para que mientras se desarrolla el software de comunicación y se hacen pruebas, no se pueda acceder a información privada de ningún ciudadano. Más adelante, al arrancar el sistema, se cambiará el usuario para poder acceder a datos reales.

Al día siguiente, Andrés está en su despacho estudiando la información facilitada. Debe tratar con sistemas de encriptación de datos con los que no había trabajado nunca. No acaba de comprender exactamente cómo debe realizar la encriptación antes de enviar la información y se pregunta si realmente está preparado para asumir tal responsabilidad.

Mientras dibuja un esquema en un papel para aclarar las ideas, siente un zumbido en los oídos y se le eriza el vello de la nuca. Una extraña sensación le envuelve. Se levanta acariciándose la nuca y de repente todo pasa. Ya no siente el zumbido y se encuentra perfectamente.

Sale del despacho en busca de un vaso de agua pensando que lleva demasiado rato mirando la pantalla del ordenador y que necesita despejar un poco la mente.

- Esta vez se ha dado cuenta de algo. – Marco está mirando en un monitor cómo Andrés sale de su oficina.

- He intensificado la potencia de la onda. Necesitamos que evolucione más rápidamente. – comenta el hombre de tez morena.

- Lo sé, lo sé. Pero hazlo con cuidado, no vaya a pensar que le pasa algo.

Andrés vuelve a su despacho después de charlar un poco con Enric. No le da ninguna importancia a lo ocurrido.

Sigue con el estudio de la documentación y se sorprende dibujando un esquema donde parece encajar todo, cuando antes no sabía cómo hacerlo. ‘Descansar un poco me ha ido bien’, piensa.

Revisa su esquema y la información de los documentos y confirma que tiene perfectamente claro el funcionamiento del protocolo de conexión y que puede empezar a programarlo enseguida.

Día tras día, sin darse cuenta, va alargando la jornada de trabajo. Al principio salía a las seis en punto, luego a las seis y media, incrementando las horas hasta hoy, que sale de la oficina a las ocho y cuarto.

Llega a casa media hora más tarde, montado en su bici. Hace unas semanas que cambió la moto por la bici, cumpliendo así su viejo sueño de ir pedaleando al trabajo. Se siente más en forma y el viaje le permite despejar la mente.

- ¡Hola guapa!

- ¿De dónde vienes tan tarde?

- Del trabajo. Estoy bastante liado.

- Cada día vienes más tarde. Pensaba que te habías cambiado de empresa para mejor, pero ahora te veo menos que cuando trabajabas fuera de Barcelona.

- Lo siento, tienes razón. Estaba haciendo una cosa interesante y no me di cuenta de la hora que era.

- Parece que ya no quieres estar conmigo. Prefieres estar en el trabajo más que en casa.

- Que no mujer, de verdad que no. ¿Qué tal si nos vamos fuera el fin de semana? Ya me encargo yo, no te preocupes. Te lo compensaré.

- A ver si es verdad.

Después de cenar, se sientan en el sofá a ver un rato la tele. Grissom analiza una habitación de hotel en Las Vegas en un nuevo capítulo de CSI. Es de las pocas series que les gustan a los dos, aunque a veces resulta demasiado realista en las escenificaciones de los crímenes. Cuando acaba el episodio, Ingrid está dormida sobre el regazo de Andrés.

Después de ayudar a su mujer a llegar a la cama sin abrir mucho los ojos, Andrés va hacia el ordenador y busca algún vuelo barato a alguna ciudad cercana. Después de visitar varias webs, encuentra un vuelo a buen precio a Sevilla. Compra dos billetes de la compañía ClickAir y sigue navegando en busca de hotel.

Finalmente hace una reserva en el hotel Meliá Colón de cinco estrellas, en pleno centro de Sevilla. Ya tiene su viaje organizado. Saldrán el viernes por la tarde y volverán el domingo por la noche. Ha hecho un buen trabajo para tener solo dos días por delante.

 


[1] Un terabyte es un billón de bytes. Un byte es la unidad básica de información de un ordenador.

 

Pasados los quince días, Andrés por fin se dirige a las oficinas de la calle Balmes en calidad de empleado y no de visitante. Lo recibe Marco y le presenta al jefe de proyecto que le indicará lo que debe hacer. Se trata de Martí, de unos 38 años y cara de bonachón.

Su nuevo compañero le enseña las instalaciones y le lleva a Recursos Humanos para el papeleo del contrato y la firma de confidencialidad.

Después Martí le enseña su puesto, un pequeño despacho con vistas a la calle Provenza. Sobre la mesa está la pantalla plana del ordenador, de 17 pulgadas y marca HP, como el ordenador que se encuentra bajo la mesa.

Una vez encendido el ordenador, Martí le muestra en qué carpeta de la red puede encontrar información sobre el Proyecto Spiderweb[1], que es el nombre interno de la empresa con el que han bautizado la generación del nuevo gadget y todo el sistema necesario para su funcionamiento.

Mientras miran los documentos, Martí le explica que se trata de un nuevo gadget integral en forma de pulsera con un gran número de funciones. Un nuevo paso en la tecnología de uso personal que sustituirá al móvil y que incluirá las funciones de otros dispositivos como GPS, PDA, cámara de fotos, MP3, MP4, memoria USB, acceso a Internet, tarjetas de crédito, tarjetas de acceso a edificios, identificación nacional sustituyendo al DNI y al pasaporte, y que además podrá ir integrando nuevas funcionalidades actualizándose continuamente al estar conectado a Internet. Le comenta que es la evolución de los smartphones actuales, acercándose mucho más a las capacidades de un ordenador y pudiendo utilizarlo como tal al conectarle periféricos como pantallas, teclados, impresoras, etc.

- La idea es que se integre en toda Europa y que después se extienda al resto del mundo, empezando por los países más avanzados para ir integrándolo poco a poco en el resto. – Comenta Martí.

- Será necesaria una infraestructura enorme para integrar todas esas funciones. Y una capacidad de análisis y almacenamiento de datos como nunca se ha visto hasta el momento. – Andrés está impresionado con el alcance del proyecto.

- Cierto. Se están construyendo búnkeres con superordenadores que le darán soporte y recogerán todos los datos necesarios. También se está acelerando la extensión de fibra óptica por las ciudades que no la tienen para conseguir una transferencia de datos óptima.

- ¿Cómo puede ser que no haya oído nada de esto antes? Un proyecto con tantos países y empresas implicados, parece mentira que no se haya filtrado ninguna información.

- Es muy importante que se mantenga todo en secreto hasta el momento del lanzamiento del producto. Como comprenderás, muchas empresas estarían interesadas en saber qué estamos haciendo, y habrá retractores de un sistema como éste que, a parte de ofrecer grandes funcionalidades a sus dueños, podría utilizarse para localizar a cualquiera de sus usuarios y almacenar cada uno de sus movimientos. Por eso te han hecho firmar el contrato de confidencialidad. No le puedes contar a nadie lo que estamos haciendo aquí. Únicamente que se trata de un nuevo producto parecido a un móvil. El trabajo se realiza por partes y no se explica más que lo esencial a cada equipo.

- Entiendo.

- Los mismos gobiernos están muy implicados en este sistema porque, como te he comentado antes, se pretende que sustituya a los pasaportes y que ayude al control de inmigración y a localización de delincuentes.

- Es algo realmente enorme. No tenía ni idea.

- Pues sé bienvenido, ahora formas parte del proyecto. Estoy seguro que colaborarás al máximo para poder llevarlo a cabo.

- Desde luego, lo estoy deseando. ¿Qué parte es la que nos toca desarrollar?

- Empezarás con Enric en la integración de aplicaciones que se utilizan actualmente en PDAs. Esta parte está bastante avanzada y así ayudarás a cerrarla para empezar otra tarea.

- Perfecto.

La primera semana, Andrés se la pasa leyendo documentos y en reuniones para tener una buena visión del proyecto. Enric le pone al día sobre todo lo que se ha avanzado respecto a las aplicaciones propias de una PDA tradicional que debe integrar el nuevo gadget y lo que falta por integrar.

- Pensaba que me harías una demostración en vivo con un prototipo del gadget. – Dice Andrés en mitad de las explicaciones de Enric.

- Todavía no disponemos de ningún prototipo. Todo el desarrollo se prueba mediante un simulador virtual. Más adelante dispondremos de prototipos para ‘jugar’ con ellos.

- Estoy deseando verlos. Parece increíble que puedan integrar tantas funcionalidades y sustituir a tantos aparatos.

- Lo han conseguido mediante nanotecnología. El grupo hizo una muy acertada adquisición de una empresa japonesa especialista en esta tecnología. También se utilizan todos los recursos tecnológicos disponibles actualmente, no los que se comercializan.

- ¿Qué quieres decir?

- ¿Crees que realmente la tecnología avanza tan lentamente como para sacar al mercado modelos un poco mejores cada año? La tecnología existente permitiría poner en el mercado ordenadores personales tan potentes que no sería necesaria su actualización en una década por lo menos, pero únicamente sacan al mercado pequeños avances que al cabo de poco tiempo quedan obsoletos debido a los requerimientos de hardware necesarios por las nuevas aplicaciones informáticas, tanto juegos como procesadores de textos, herramientas de diseño o cualquier tipo de software. Lo mismo pasa con otros dispositivos como cámaras de fotos digitales o móviles.

- Saben como mantener el mercado. Nos hacen comprar nuevas versiones continuamente cuando podríamos tener un equipo mucho más sofisticado desde hace tiempo.

- Exacto.

Al inicio de la segunda semana, se da por cerrada su preparación previa y empieza a trabajar codo con codo con Enric.

Andrés está muy ilusionado con su nuevo trabajo, aunque le marea un poco la envergadura del proyecto. Por suerte, parece que está muy bien analizado y seccionado para desarrollarlo por partes.

Al principio avanza lentamente y debe realizar muchas consultas a Enric. Tiene teléfono y puede llamarle para realizar consultas, pero por lo general prefiere ir al despacho de Enric, a poca distancia, para poder hablar con él cara a cara.

Su compañero siempre es amable y responde sus consultas con calma, sin mostrar signos de molestia por las interrupciones de sus tareas.

El trabajo se basa en parametrizar aplicaciones existentes para que funcionen correctamente en el nuevo producto. Se trata de procesadores de textos, hojas de cálculo, agendas, correo electrónico, juegos, etc.

Todos estos programas serán actualizables y podrán descargarse nuevos, por lo que también se ha creado un software de instalación y actualización que está en pruebas y que deben mantener Enric y Andrés.

Al fin y al cabo, por debajo del dispositivo hay un ordenador que gestiona todas sus capacidades.


 [1] Spiderweb significa Telaraña en Inglés.

 

Capítulo 1: Rutina (5)

Abril 17, 2008

Por desgracia, llega el lunes y con él la vuelta al trabajo. Andrés empieza de nuevo a estrujarse la mente en busca de una idea de negocio que le permita apartarse de ese mundo que detesta, pero la idea se resiste a llegar y empieza a resignarse ante su destino.

A las once, Andrés se encuentra frente a su ordenador, resolviendo una incidencia sobre una aplicación que él no ha programado pero de la cual le han hecho responsable. Bucea entre un código bastante mejorable en busca del error que le ha aparecido al usuario, depurando paso a paso para localizar el punto donde se produce la excepción.

En ese momento suena su móvil. Lo extrae del bolsillo izquierdo del pantalón mientras se levanta para ir al pasillo. Da por hecho que es Ingrid, prácticamente la única que lo llama al trabajo.

Cuando mira la pantalla ve que se trata de un número privado. Quien le llama no quiere dejar su número a la vista.

Contesta esperando una equivocación pero reconoce la voz que le habla al instante. Se trata de Marco.

- Buenos días, Andrés. ¿Puedes hablar un momento?

- Buenos días, Marco. Claro, claro.

- Quiero decirte que nos gusta mucho tu perfil y que queremos hacerte una oferta. ¿Cuándo podríamos vernos?

- Cuando quieras a partir de las seis y media porque estoy fuera de Barcelona.

- ¿Qué te parece si quedamos a las siete en la Vila Olímpica? Nos tomamos una cerveza y hablamos.

- Perfecto.

- Entonces nos vemos frente al Hotel Ars a las siete. Ciao.

- Adiós, gracias.

Siente un ligero temblor de manos al guardar el teléfono móvil. Ya pensaba que habían descartado su candidatura. No se atreve a alegrarse demasiado hasta oír la propuesta.

Al llegar a su puesto le envía un email a Ingrid informándole de su cita. Ella le felicita y le desea suerte de nuevo.

El día pasa lentamente, alargando los minutos al máximo. Le cuesta concentrarse en la incidencia sobre la que está trabajando, dejando volar su imaginación hacia el desenlace de la entrevista de la tarde. Por fin llega la hora y Andrés parte hacia Barcelona en su moto.

Va directamente hacia la Vila Olímpica y llega un cuarto de hora antes de lo convenido. Aparca la moto y da un paseo mirando el reloj a menudo.

Toda esta zona se hizo nueva para los Juegos Olímpicos de 1992, recuperando las playas, creando un puerto deportivo, parques, viviendas particulares y edificios de oficinas, entre ellos, las dos torres de 127 metros cada una, directamente frente al mar. Esta actuación permitió abrir la ciudad al mar, ofreciendo a los ciudadanos una zona donde practicar deportes náuticos y terrestres, así como un lugar de esparcimiento junto al puerto deportivo, con restaurantes, bares y discotecas.

A las siete menos cinco, Andrés ya está frente al Hotel Ars, al pie de la alta torre. Cuando la construyeron pensó durante un tiempo que seguían en obras en la torre del hotel debido a la estructura metálica que la recubre por el exterior. Con el tiempo se convenció de que ese era su aspecto final, totalmente distinto al de la otra torre construida a escasos metros de distancia, más clásica.

Enseguida llega Marco con un impecable traje gris del mismo color de sus ojos, camisa blanca y corbata azul eléctrico. Una blanca sonrisa ilumina su rostro.

- Hola Andrés, me alegro de verte.

- Hola Marco.

- Ven, quiero enseñarte una cosa.

Cruzan la calle hacia la otra torre y bajan las escaleras que conducen al puerto y a los bares que lo rodean. Andrés cree que se dirigen a uno de los bares para sentarse en una terraza, pero Marco los pasa de largo y sigue hacia los barcos amarrados.

- ¿Te gustan los barcos? – Pregunta Marco.

- Me encantan. He practicado un poco de vela, pero ahora hace tiempo que no lo hago. Aquí mismo, en el Centro Municipal de Vela hice unos cursos de vela ligera.

- Los barcos son mi pasión. Tengo aquí el mío. Es un 12 metros, se llama Carla, como mi exmujer. Ha resultado ser más fiel que la original.

Andrés no sabe qué decir, así que prefiere mantenerse en silencio.

- Aquí está. Sube, sube. Voy a abrir. Siéntate en la bañera, junto al timón. Bajo el asiento derecho están los cojines.

Andrés sube a un precioso barco de casco azul y cubierta blanca. El Alto mástil se balancea suavemente con el movimiento del mar, con la vela plegada y sujeta a la botavara.

Después de abrir la portezuela, Marco desaparece en el interior del barco durante unos minutos. Cuando aparece de nuevo, lo hace con dos cervezas Heineken en la mano derecha. Andrés ya ha colocado los cojines en los asientos y espera junto al timón, admirando el barco.

- Toma. ¿Quieres un vaso?

- Así está bien, gracias. Es un barco precioso. ¿Navegas mucho?

- Menos de lo que me gustaría, la verdad.

- Es una lástima.

Sentados en la popa del barco, bajo la botavara, Marco mira fijamente a Andrés como si lo estuviese evaluando. Andrés se siente observado y se mueve en el asiento, un poco inquieto.

- Supongo que has hecho otras entrevistas últimamente. Normalmente te deben preguntar cuánto quieres cobrar para asegurarse que no te ofrecen más de lo que pretendes.

- Así es.

- Yo no voy a hacer eso. Te voy a dar una cifra y si estás conforme hacemos un trato. No es negociable.

- Adelante.

- Estamos interesados en que pases a formar parte de nuestra empresa lo antes posible. Te ofrecemos un proyecto muy atractivo, mucho trabajo y un gran futuro si demuestras tus aptitudes. Esperamos de ti dedicación e implicación en todos los niveles. No queremos en absoluto que renuncies a tu vida personal. Cumple con tu trabajo dentro del horario y disfruta de tu vida.

- Me parece justo.

- Bien, te ofrezco un sueldo anual bruto de 60.000€ para empezar. Si cumples con las expectativas que tenemos puestas en ti, ese sueldo se incrementará considerablemente.

- Es una buena oferta.

- Mejor de lo que esperabas, supongo. Nos gusta cuidar a nuestros empleados, siempre que se haga un buen trabajo. Qué dices, ¿aceptas o tienes que pensarlo?

- Acepto. No hace falta que le dé muchas vueltas cuando ya estoy convencido de hacerlo. Me apetece cambiar y el trabajo que me propones es muy atractivo. Por no hablar de la retribución económica.

- Me alegro mucho de oír eso. Bienvenido entonces. ¿Cuándo puedes incorporarte?

- Después de los quince días que marca la ley. Mañana mismo entregaré la carta de dimisión.

Después de despedirse de Marco, se dirige feliz hacia casa deseando contarle a Ingrid lo sucedido. Cuando está a punto de llegar, decide desviarse de su camino y se dirige a la calle Valencia con Bruc para comprar un ramo de flores en la floristería Navarro.

Una dependienta le pregunta si puede ayudarle, al ver un poco perdido al nuevo cliente, entre tantas flores.

- Quiero un ramo de flores. Me gustaría algo con estas de aquí – dice señalando un cubo con unos pomos de flores.

- Son tulipanes. ¿Qué color te gusta, cariño? – Tiene acento cubano o dominicano, no logra distinguirlo. La piel la tiene de un color ligeramente tostado y su mirada es cálida y picarona.

- Me gustan los blancos que no están tan abiertos. ¿Con qué otro color combina bien? – Responde Andrés un poco azorado por el trato y la mirada de la dependienta.

- El blanco combina bien con todos los colores. Sobre todo con el negro. – Una sonrisa cómplice se dibuja en su rostro. Andrés no puede evitar sonreír.

- Creo que estos anaranjados me gustan. ¿Hace falta alguno más?

- Con dos tipos es suficiente, sino quedará demasiado recargado. ¿Son para la novia o para la mamá?

- Pues son para la novia. – Dice Andrés temiendo romper el encanto.

- ¡Ah! ¡Para la novia! – Responde la dependienta, jugando al desengaño.

Mientras paga, le preparan el ramo y lo meten en una bolsa para poder llevarla en la moto.

Cuando llega a casa, llama al timbre y esconde el ramo tras la espalda. Cuando le abre Ingrid le entrega el ramo y le da un apasionado beso. Ingrid está sorprendida pero encantada.

- ¡Vaya! ¿A qué se debe esto?

- La entrevista ha ido muy bien. Me han hecho una propuesta muy buena y he aceptado.

- ¿No tienes ni que pensarlo un poco?

- Ya sabes que estoy harto de la consultoría y me han ofrecido 60.000€.

- ¡Eso es mucho dinero! Me alegro mucho.

Las dos semanas pasan lentamente, Andrés ya no le ve sentido a su trabajo y únicamente espera poder empezar en la nueva empresa.

No fue fácil su charla con Gustavo al entregarle la carta de dimisión. Intentó retenerlo con la retórica de los comerciales, con la justa medida de alabanzas y de promesas. Incluso la de una revisión de salario. Pero Andrés no le permitió seguir adelante. Una vez tomada la decisión, no le sería fácil volver atrás.

Su despedida fue cordial porque no le gusta cerrar puertas tras de sí. Nunca se sabe si se cruzará con Gustavo en el futuro. En otra empresa quizás.