Unos días más tarde, en una obra en la periferia de Barcelona, una cuadrilla de cuatro hombres trabaja en los interiores de un edificio de nueva construcción, instalando paneles de Pladur para formar las diferentes estancias de cada piso.

El jefe de la cuadrilla es Carlos, de cuarenta y seis años, de ascendencia andaluza y gran salero. Lleva a sus hombres con firmeza cuando se trata de dar ordenes, pero es uno más en el trabajo y predica con el ejemplo.

- Vamos chavales que esto lo tenemos hecho ya. Acabamos esta pared y nos tomamos unos quintos en el bar de abajo. Manolo, aguanta de ahí coño que vamos a tener una desgracia.

- Que ya aguanto hombre.

- Que aguantas. Tienes menos fuerza que mi sobrina de cuatro años.

Todos ríen, habituados a las bromas del jefe. El ambiente de trabajo es distendido y forman un grupo compacto tras más de cuatro años juntos.

Después del trabajo suelen ir a tomar algo juntos, para relajarse después de la jornada de trabajo.

- ¡Jefe! Tres quintos y un vaso de leche para el niño. - Carlos señala hacia el más joven de la cuadrilla que ya tiene sus veinticinco años. El camarero sirve cuatro quintos. Hace un par de semanas que trabajan en la cercana obra y son buenos clientes. Desayunan, comen y toman algo después del trabajo en el mismo bar todos los días.

- Ahí van unas aceitunas a cuenta de la casa.

- Pues ya podría ser un whisky, jefe. - La frase arranca risas de sus compañeros y del camarero, al que le animan la tarde los obreros.

Lejos de allí, en el centro de la ciudad, Marco habla por teléfono.

- Está bien, vamos a hacer la prueba. Activa el amplificador para un veinte por ciento de los dispositivos.

- De acuerdo. - Responde el hombre de tez morena desde el búnker.

Tras dar instrucciones a un operador que se encuentra frente a un terminal, en la pantalla central de la sala de control aparece un mapa de España con unos indicadores señalando la localización de todos los gadgets activos.

- Reduce el radio de acción a un 20% de los gadgets de manera aleatoria.

El número de luces disminuye considerablemente, pero sigue siendo importante.

- Activa el amplificador con la prueba número uno.

El operador ejecuta las órdenes recibidas a través del terminal y cuando acaba confirma que lo ha hecho.

- Se ha amplificado la prueba uno al 20% de los sujetos.

- Perfecto.

Mientras tanto, en el bar, Carlos pide la segunda ronda de quintos.

- Jefe, otra ronda de lo mismo si no es que nos invitas ahora al whisky.

- Para mí que sea una Deli-cola, por favor.

Los tres compañeros del más joven de los obreros lo miran extrañados, sin saber si se trata de una broma.

- Qué pasa, ¿ya estás borracho con un quinto?

- Me apetece una Deli-cola, ¿qué pasa?

- Pero si tu no te has bebido una Deli-cola en tu vida. Como mucho alguna Coca-cola.

- Pues hoy me apetece una Deli-cola, leches.

- Vale, vale, lo que tu quieras. Ya le ha oído, jefe. Una Deli-cola para el niño.

Una vez servidas las bebidas, brindan y dan un trago cada uno a su bebida.

- Qué malo está esto, coño. - Exclama el joven al tragar. - Mejor ponme una cerveza. No sé qué me ha dado para pedirme esto.

- Tú te caíste al suelo de pequeño y te diste un buen golpe en la cabeza, me parece a mí. Estás tonto del culo. Ponle un quinto, anda.

Nadie se ha percatado de que el joven obrero es el único que lleva en la muñeca uno de los nuevos gadgets.

- ¿Cómo ha ido la prueba? - Pregunta Marco, de nuevo al aparato unas horas más tarde.

- En todos los supermercados se ha registrado un considerable aumento en las ventas de Deli-cola y nuestros observadores situados en bares de todo el país confirman que se ha producido una demanda inmediata de este refresco después de la prueba.

- Fantástico. Todo un éxito como suponíamos. Un nuevo avance en la estimulación neurológica. La publicidad subliminal es un juego de niños comparado con esto. Durante el resto de la semana seguiremos con pruebas y después empezaremos en serio. Buen trabajo.

Gracias, te mantendré informado.

 

Escribe un comentario