Marco recibe una llamada en su dispositivo mientras conduce su Mercedes de camino al trabajo. Conecta el manos libres y responde mientras sigue conduciendo.

- Aquí Marco.

- Hola, tenemos un problema con Arnau. – El jefe de seguridad habla con el mismo tono tranquilo de siempre.

- Voy hacia la oficina. Llego en cinco minutos. Hablamos allí.

- Perfecto.

Cuando llega a su despacho, el jefe de seguridad ya está allí, esperándole.

- ¿Qué ha pasado? – Pregunta Marco sentándose en su butaca.

- Ayer seguimos a Arnau hasta un pequeño café en la calle Banys Nous, cerca del Ayuntamiento. Conseguimos sentar a uno de nuestros hombres en una mesa cercana y pudo ver cómo se reunía con un hombre trajeado de aspecto americano. Al salir le hicimos unas fotos. Se las pasamos a nuestros amigos del CNI[1] y nos han enviado su ficha. Se trata de Richard Burns, agente de la CIA.

- Así que ya han empezado a interesarse por nosotros. Nos lo advirtieron desde la dirección central, en Italia. ¿Ha habido algún intercambio?

- Creemos que todavía no. Parece que están en las negociaciones preliminares a la entrega de información.

- ¿Parece interesado nuestro joven amigo? – Pregunta Marco.

- Desde luego. Parece decidido a vender información. Creo que solo depende del precio que le ofrezcan.

- Me lo temía. ¿Qué recomiendas?

- Hacerlo desaparecer discretamente. Un accidente doméstico o de automóvil.

- ¿Y el agente de la CIA?

- Captará el mensaje y sabrá que lo hemos descubierto. Se apartará durante algún tiempo.

- Está bien. Encárgate de todo. No quiero fallos. Asegúrate de que nadie mete la pata.

- Tranquilo, me encargaré personalmente. ¿Quieres hablar con él antes de que me ocupe?

- Sí, buena idea. Llevalo al punto de encuentro habitual esta noche a las nueve. Luego te lo llevas y te encargas de él.

Marco esperaba este momento. La dirección general de Arli Tech, sita en Italia, había advertido a los máximos responsables de todas las sedes locales sobre la posibilidad de espionaje industrial por parte de agentes norteamericanos.

Desde el fin de la guerra fría, una de las tareas principales de los agentes secretos norteamericanos, a parte de la lucha contra el terrorismo, a pasado a ser el espionaje industrial en empresas de otros países para evitar la pérdida del liderazgo tecnológico.

Una de las zonas con mayor rivalidad y, por tanto más vigilada, es Europa. El lanzamiento de un dispositivo global, con ventas astronómicas y capaz de desbancar al iPod, estandarte americano de tecnología personal, es un candidato ideal para que despierte el interés de la CIA.

Nadie quiere quedarse atrás. Lo mismo ocurre en Europa que, por ejemplo, tras observar el volumen de negocio generado por la tecnología GPS americana, se decidió en el marco de la Unión Europea a crear un sistema de satélites paralelo y de nombre Galileo que evitase la dependencia del sistema americano. Este proyecto, aunque retrasado por motivos presupuestarios, está previsto que se realice a medio plazo.

Los conflictos comerciales entre Estados Unidos y Europa son habituales en varios sectores, como pueden ser el acero o la fabricación de aviones, con la eterna disputa entre Boeing y Airbus.

A las nueve de la noche, Marco entra en un almacén de la calle Pallars en el barrio de Poblenou. Este barrio es de los pocos que quedan en Barcelona en el que predomina la industria por encima de los bloques residenciales. Amenazado por un lado por la urbanización de Diagonal Mar y por otro por la parte más interior de la Vila Olímpica, en un futuro no muy lejano dejará de albergar almacenes y fábricas para dejar paso a bloques de pisos residenciales, zonas verdes, equipamientos y a oficinas de empresas que utilicen tecnología puntera.

Este cambio está definido en el plan 22@ del Ayuntamiento de Barcelona, que tiene previsto transformar doscientas hectáreas de suelo industrial de Poblenou, en un distrito innovador que ofrezca espacios modernos para la concentración estratégica de actividades intensivas en conocimiento, como empresas y entidades de carácter tecnológico, científico, docente y cultural.

Al avanzar por el sucio almacén, Marco puede oír el forcejeo de Arnau, en un intento de liberarse de las ataduras que le mantienen inmovilizado en una silla. Junto a él se encuentra el jefe de seguridad acompañado por uno de sus empleados.

Una vez delante de su presa, Marco hace un gesto al jefe de seguridad para que le quite la mordaza que le impide gritar.

- ¿Qué diablos está pasando aquí, Marco? – Pregunta Arnau en cuanto queda liberado de la mordaza.

- Lo sabes muy bien Arnau. – Responde Marco con tranquilidad.

- ¿De qué estás hablando?

- Conocemos tus planes para vender información secreta de la empresa a un hombre de la CIA. No lo niegues. Tenemos incluso fotos.

- ¿De la CIA? No conozco a nadie de la CIA.

- Tu amigo de la cafetería de la parte antigua de la ciudad. Lo viste ayer mismo.

- Está bien, hablé con él. Pero que yo sepa no es de la CIA, sino de una empresa de telecomunicaciones americana.

- La cuestión es que intentas vender nuestros secretos. Nos estás traicionando. ¿Por qué lo has hecho? ¿Por dinero?

- No se trata de dinero. Tengo mis dudas sobre la legitimidad de nuestros actos. No creo que sea correcto manipular la mente de las personas.

- Pero si lo hacemos para mejorar su calidad de vida.

- No cuando les obligamos a comprar lo que nosotros queremos, ni cuando borramos la mente a nuestros empleados para que analicen la información que obtenemos saltándonos todas las leyes de protección de datos y de privacidad.

- Eso son nimiedades en comparación con la envergadura del proyecto. Salvaremos al planeta de la acción del hombre. Si no actuamos, no habrá futuro para nuestros nietos.

- No me convences. La gente tiene derecho a opinar.

- Eres un hipócrita. Si realmente creyeses todo lo que dices, habrías acudido a los medios de comunicación, no habrías vendido la información a la competencia para que lo hagan ellos en vez de nosotros. ¿Sabes para qué utilizaría el gobierno actual de Estados Unidos el poder de manipular la mente? Para convencer al mundo de que consuma más petróleo y para aplastar a sus opositores. ¿Cuánto te han prometido?

- Tres millones de Euros.

- Pues ya no podrás disfrutar de ellos. Me has decepcionado. Creí en ti cuando llegaste con tus ideas innovadoras. Ahora es evidente que cometí un error.

Una sombra ha aparecido en la mirada de Arnau cuando Marco le ha dicho que no podrá disfrutar del dinero prometido. Ahora sabe que no saldrá de allí con vida. Era un riesgo que conocía, pero no creía que llegaría a esa situación.

Con una última mirada cargada de desprecio, Marco abandona el almacén dejando a Arnau con sus ejecutores. No es algo que le guste, pero hay veces que no le queda más remedio que utilizar la fuerza. Su responsabilidad es alta y no se puede permitir fallar a sus superiores.

Es consciente que todo acto de violencia o imposición es contrario a las directrices impuestas por la dirección central de la empresa, pero no tienen porqué conocer todos sus actos. Hay momentos en los que es imprescindible tomar decisiones difíciles. Sino, sería imposible llevar a cabo un proyecto de tal envergadura. Dejará que la cúpula directiva siga con sus idílicas ideas sobre la gestión de la empresa y se encargará él mismo del trabajo sucio. Alguien tiene que hacerlo.


[1] El CNI o Centro Nacional de Inteligencia es el servicio secreto español.

 

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