En el Paseo Reina Elisenda De Montcada se encuentra el consulado de Estados Unidos en Barcelona. En él, Richard Burns habla con la sede central de la CIA en Langley, Virginia, a través de una línea telefónica segura.

- Tenemos un problema. - Comenta Richard después de los saludos iniciales.

- Dispara. - Responde su jefe al más puro estilo tejano.

- Nuestro contacto en Arli Tech ha aparecido muerto hace unas horas. Aparentemente ha sido un accidente de moto, pero me temo que es una patraña.

- ¿Tenemos la información?

- No llegamos a hacer el intercambio, estábamos negociando el pago. Hemos visitado su casa pero está limpia. No hay ningún documento relacionado con la empresa y su ordenador ha desaparecido.

- Maldita sea, os han descubierto.

- Eso me temo.

- Hemos perdido una gran oportunidad. Estábamos muy cerca.

- Tendremos que empezar de nuevo con algún otro sujeto, pero llevará tiempo.

- Algo podemos aprender de esta situación. Tienen secretos que justifican la muerte se sus traidores. Si se tratase de una empresa normal no se tomarían tantas molestias para hacerlos callar. Tenemos que conseguir esa información, Richard. - El tono es tajante.

- Sí, señor. Nos pondremos manos a la obra para encontrar otro sujeto dispuesto a vender información.

Tras colgar, Richard maldice en silencio. Esta vez estuvo a punto. Se pregunta cómo los descubrieron. Arli Tech debe tener un buen equipo de seguridad. Sin duda habrá algún antiguo espía entre su equipo. El dinero no debe ser problema para una empresa de tal envergadura. A veces se pregunta si no le iría mejor trabajando para el sector privado. No descarta hacerlo en un futuro pero, de momento, se debe a su país.

 

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