Seis meses después del anuncio de la posible obligatoriedad del uso del nuevo gadget, llega la época de elecciones generales en España. Dos meses antes de los comicios, los políticos han empezado su campaña. En las próximas semanas gastarán millones de euros en marketing en un intento por convencer a los ciudadanos para que les presten su apoyo.

Los carteles invadirán las calles, en un intento por captar el voto de los ciudadanos indecisos con lemas directos, cortos y contundentes. Las imágenes de los candidatos aparecerán impolutas, sin arrugas, marcas, ni ningún tipo de imperfecciones tras pasar por el cedazo del Photoshop y la mano experta de los diseñadores gráficos.

Uno de los puntos clave de la campaña es la implantación por Ley de la obligatoriedad del nuevo gadget.

La oposición juzga la medida como de imposición antidemocrática y privacidad de libertades. En cambio, el partido gobernante la presenta como un gran avance tecnológico y de ahorro de recursos, un ejemplo a seguir por el resto de países.

En los análisis políticos de la televisión, destacan lo curioso que es ver al candidato de la oposición criticando la poca transparencia del Gobierno en todo el despliegue de los nuevos dispositivos, mientras en su muñeca izquierda puede verse uno de los modelos más avanzados y caros del mercado.

Los sondeos dan una ligera ventaja al partido gobernante, puesto que la mayor parte de los ciudadanos ven con buenos ojos la modernización de la Administración y la agilización de trámites.

Se anuncia como primicia mundial la posibilidad de realizar el voto mediante el nuevo gadget, seleccionando la opción deseada y disponiendo el pulgar en el recuadro indicado para realizar la lectura de la huella digital que garantizará la identidad del votante. Este sistema permite el voto sin necesidad de desplazarse al colegio electoral, evitando que el mal tiempo, la pereza o los desplazamientos de los ciudadanos disminuyan la participación en los comicios.

Roberto es un empresario murciano residente en Cartagena. Posee una empresa de transportes a escala nacional y algunos terrenos cultivables en el interior. Es un hombre al que le gusta decir que se ha hecho a sí mismo. Sin muchos estudios, empezó a trabajar con quince años como mozo de almacén y fue labrándose un porvenir a base de muchas horas de trabajo.

Su empresa la empezó conduciendo él mismo un camión de segunda mano. Poco a poco, la gran demanda de transporte y los ingresos de la empresa le permitieron contratar chóferes y dedicarse plenamente a la parte administrativa y comercial.

Con sesenta y cinco años cumplidos, no se le pasa por la cabeza la jubilación. Su vida es su empresa y no piensa dejarla en manos de nadie que la hunda a sus espaldas.

Sus inclinaciones políticas son claramente de derechas. Le ha costado mucho esfuerzo conseguir su patrimonio y quiere un gobierno conservador que le favorezca para mantenerlo. No entiende como puede ser que esté gobernando un partido más inclinado hacia la izquierda, al que tilda de corrupto e inepto sin tener ninguna base sólida que apoye estas ideas.

Hace meses que se pavonea enseñando el mismo modelo del gadget de moda que lleva el líder de la oposición, como si un lazo de amistad los uniese por tener los mismos gustos y dinero para pagarlos.

Le gusta escuchar acalorados debates radiofónicos claramente afines a sus ideales, de los que saca argumentos para sus tertulias en el bar. Cualquier opinión que no se asemeje a la suya, no merece su atención, puesto que está seguro de tener la razón.

Cuando llega el día de las elecciones, se viste su mejor traje y se dirige al colegio electoral a primera hora de la mañana. Al acercarse al colegio, se encuentra varios conocidos a los que saluda y con los que hace broma sobre los resultados de las elecciones.

Al entrar en la sala donde se realiza la votación, comprueba que hay gente madrugadora que ya está votando. Básicamente se trata de gente mayor, vestida con sus mejores galas y que hace de las elecciones un día festivo.

Entra en la cabina para realizar su votación en privado y guarda en un sobre una papeleta correspondiente al principal partido de la oposición. Al salir de la cabina, después de identificarse con su gadget, introduce el sobre en la urna que le corresponde y sale contento por su contribución al cambio político. Se dirige al bar de la plaza cercana para tomarse un merecido café y una copa de coñac.

Entonces le asalta la duda. ‘¿He puesto la papeleta correcta?’. Por un momento no está seguro. Al recordar el momento de introducir la papeleta en el sobre, le parece ver el logotipo del partido gobernante. ‘No puede ser’, se dice. ‘No me puedo haber equivocado’. Decide apartar la duda de su mente y entra en el bar saludando a varios conocidos.

Horas más tarde, al hacer el recuento de votos, salta la noticia de la elevadísima participación conseguida y de la aplastante victoria del partido gobernante. Son unas cifras récord jamás conseguidas. Más de un 91% de participación y mayoría absoluta por un amplio margen para el ganador. La máxima participación registrada en unas elecciones generales fue del 78,48% en los comicios de 1977 y el cercano 78% de los comicios de 1996.

En la rueda de prensa posterior al recuento de votos, el Presidente agradece la alta participación y el apoyo que le han brindado los ciudadanos. Atribuye su reelección al trabajo bien hecho por su Gobierno y al esfuerzo realizado durante todo el mandato.

En cambio, el candidato de la oposición pone en tela de juicio la transparencia de los comicios y exige una investigación que aclare la pérdida de unos votos que sabe fieles.

Ninguno de los dos conoce la verdad sobre lo acaecido. Los resultados obtenidos en las elecciones son el tributo de Arli Tech a la colaboración del Gobierno con el despliegue del dispositivo y la disposición a continuar colaborando.

Días antes, desde el búnker se envió la directiva ‘El próximo domingo vota al partido gobernante’ a la gran mayoría de usuarios del gadget, para inducirlos a una votación que no tenia porqué ser la que pensaban realizar.

De esta forma, Arli Tech mantiene un poderoso aliado e inicia su expansión mundial mediante sugestión mental de los ciudadanos, de manera transparente y sin levantar sospechas.

Una vez que un ciudadano compra y activa un gadget, se inicia una sugestión mental que impide, antes que nada, que deje de usarlo. Con el uso continuo, se sigue induciendo al usuario a enriquecer a la empresa mediante compras de sus productos, entre otras cosas.

La noticia de la apabullante victoria del partido gobernante en España se extiende rápidamente por toda Europa. Se considera como un apoyo de los ciudadanos a la política progresista del Gobierno y, más concretamente, a la inversión realizada para poner en marcha el sistema de los gadgets.

En un periódico inglés se habla del surgimiento de una nueva oportunidad para Europa. Tras varios fracasos en los esfuerzos de la Unión Europea por avanzar en la integración de los países miembros, como el rechazo de la Constitución Europea, se plantea una nueva oportunidad mediante la implantación de un sistema que podría unificar las distintas administraciones para actuar como un único ente.

Viniendo de un país que nunca aceptó plenamente la integración en la Unión Europea, estas declaraciones muestran un cambio de mentalidad que se aprovecha rápidamente desde Bruselas para recomendar la adaptación de todos los países miembros al nuevo sistema e ir más allá para integrar todas las administraciones en una.

 

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